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Fiestas del Pilar

Los Jandilla y unos predispuestos novilleros convencen a la Misericordia

Borja Jiménez y Ginés Marín acapararon los trofeos de una tarde que dejó detalles muy interesantes.

Javier Clavero. Zaragoza Actualizada 06/10/2014 a las 20:36
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Tarde emocionante y con muchos ingredientes en la Misericordia, con interesantes ejemplares de Jandilla Vegahermosa, que fueron bien correspondidos con la predisposición de una terna de novilleros que no dejaron a nadie indiferente.

Borja Jiménez estuvo muy entonado con su primero. Ya con la capa se vio que la faena podía tener importancia, con un bonito duelo de quites por la espalda con Garrido que consiguieron conectar a los tendidos, tras el bien llevado tercio de varas. La emoción se multiplicó con la recepción y primera tanda de rodillas del sevillano, que se pasó muy cerca al animal para rematar, ya incorporado, con el de pecho. El astado, que se dejó torear por el pitón derecho y puso mucha dificultad por el izquierdo, tuvo clase pero no mucho fondo, y lo acusó la faena en su recta final. Para terminar, 'manoletinas' y estoconazo merecedor de la oreja concedida por la presidencia.

Con el segundo, la recepción desde el suelo se dio ya con el capote, protagonizando dos lances más peligrosos que bellos. Peligroso fue también el comienzo de la faena de muleta, con el novillero descalzo y dispuesto a jugarse el tipo ante la posibilidad de abrir la Puerta Grande. Esperanza que se desvaneció rápido, con un toro que se dejó hacer más bien poco. Ovación final para el andaluz, que demostró estar muy bien preparado para el futuro. José Garrido bordó el toreo a la verónica y estuvo predispuesto con su primero, un ejemplar al que le faltó fuerza y que no dio ninguna opción de triunfo. Lo intentó de todas las formas el extremeño, que llegó a impacientar por su insistencia a un público convencido desde el inicio de que el toro no valía. Tampoco tuvo suerte con la espada, necesitando de varios intentos para fulminar a su enemigo.

Con el segundo, recibido valientemente a puerta gayola antes de que Ginés Marín protagonizase el susto de la tarde siendo volteado por el animal tras tropezarse en el turno de quites, puso los pies muy firmes en el albero en un emocionante comienzo de labor de muleta. Protagonizó meritorias tandas, consiguiendo enganchar al público que enmudeció conforme el de Badajoz se acercó a las tablas para confeccionar un final de faena contra tablas de mérito y verdadero riesgo. Con el acero estuvo mejor que con el primer manso de su lote y consiguió acabar con el con un espadazo casi completo.

Ginés Marín estuvo firme y templado con su lote. En su primera oportunidad, con un toro que dio muestras de bravura y siempre transmitió peligrosidad, el novillero demostró tener una prodigiosa mano izquierda toreando lento y bien por abajo, ganándose el respeto de los tendidos desde la primera tanda. Por momentos, la faena prometió ser de las realmente importantes pero el fuelle del toro impidió que llegase a serlo. Finalmente, una oreja con leve petición de una segunda que no le fue concedida.

Con su segundo, el jerezano salió igual de predispuesto y valiente. Se colocó entre los pitones e intentó arrancar las tandas de muletazos que le condujesen al triunfo máximo. En la tercera tanda tanto él mismo como el aficionado supieron que no iba a ser posible, pero se encargó de hacer ver a los presentes su validez y su superioridad al ganado. Falló estrepitosamente en su primer intento con la espada y luego fulminó a un toro que se apagó rápido.







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