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Locos por el tiempo

El irresistible auge de la información meteorológica

Pablo Francescutti 19/01/2016 a las 06:00
Los fenómenos meteorológicos son también fuente de placer visual y ofrecen imágenes tan espectaculares como esta, tomada en Mountain View, California (Estados Unidos).Reuters/Noah Berger

En paralelo a la preocupación por el cambio climático ha ido creciendo la meteorología mediática, patente en la proliferación de espacios televisivos, blogs y webs específicos. Gracias a los recursos audiovisuales y a su mayor eficacia predictiva, la información del tiempo se ha vuelto la más consultada por el público, que, aparte de utilizarla en su orientación práctica, encuentra en ella una fuente de placer visual y un combustible para la conversación social.
 

Cambios


El tiempo ya no es lo que era. Para captar la diferencia, basta internarse en ese museo del audiovisual, You Tube. Allí se puede comparar el parte meteorológico de los años sesenta, a cargo de un señor con aire de profesor de instituto y tiza en ristre, que apenas disponía de sesenta segundos para explicar en blanco y negro mapas de isobaras de cartón, con los actuales espacios televisivos de hasta siete minutos de duración presentados por una señorita de buen ver y atuendo casual contra un decorado chroma de fantásticas vistas tomadas por satélite. El cambio es impresionante.


La transformación arrancó con el Weather Channel, el canal estadounidense que desde 1982 viene demostrando la viabilidad de una fórmula centrada en 24 horas de pronósticos y temperaturas.

Desde entonces, esos contenidos han cotizado al alza en el mercado informativo; lo prueba la multiplicación de blogs, webs y aplicaciones meteorológicas, y el hecho de que las empresas se disputen el patrocinio de los espacios televisivos sobre el tiempo. Así, un tema noticioso juzgado antaño aburrido y monótono se ha tornado un ingrediente imprescindible de la esfera mediática.

¿Una demanda real?

¿Está justificada semejante oferta mediática? ¿Responde a una demanda real de la población? Los productores del Weather Channel aseguran que sí, pues, según han declarado, el éxito de su producto se explica por la brecha existente entre la dieta meteorológica habitual y el interés por previsiones que no sean estrictamente locales, estimulado por el boom del tráfico aéreo.


En lo relativo a España, Luis Balairón, exdirector del Programa de Cambio Climático de la Agencia Estatal de Meteorología, refiere que aquí también existía una demanda insatisfecha; lo evidencia el aluvión de llamadas telefónicas al entonces Instituto Nacional de Meteorología registrado en los años noventa, en busca de previsiones más detalladas que las suministradas en los boletines diarios. Y aporta otro indicador más reciente: el auge del negocio de los pronósticos a medida de las necesidades de bodegueros, estaciones de esquí, organizadores de eventos deportivos o taurinos, etc.


A juicio de la experta de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid María Luisa Sánchez Calero, los españoles reclamaban sobre todo claridad: "Mi abuelo agricultor siempre se quejaba de que ni la radio ni la televisión explicaban el pronóstico de manera comprensible". También los científicos "pedían que se divulgara mejor, pues los presentadores acuñaban términos como ‘ciclogénesis explosiva’, que muy pocos entienden", comenta la autora del libro ‘La información meteorológica como servicio’.


Actualmente, tales contenidos son los favoritos de una nutrida audiencia. Según un estudio de 2011 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 69,5% de los españoles se informa habitualmente sobre el tiempo, por encima de los aficionados a las noticias de deportes (44,9%), política (34,2%) o tráfico (24,2%). Al contrario que ocurre con otros temas, el interés por la meteorología iguala a hombres (69,7%) y mujeres (69,2%).

En el desglose que hace Sánchez Calero de esos consumidores destacan los pescadores, que "si escuchan que se avecina una borrasca, no saldrán a la mar"; los alérgicos, "siempre atentos a las novedades sobre niveles de polen"; las tiendas de ropa, que "montan sus escaparates en función del pronóstico para estimular las ventas"; los agricultores, que "deciden sembrar según lo que les diga el parte"; y los ciudadanos de a pie, deseosos de "escoger qué ponerse" o "saber si habrá nieve para ir a esquiar".

"La gente que vive en ciudades tiene casi todo bajo control, menos el devenir atmosférico", explica José Miguel Viñas, presidente de la Asociación de Comunicadores de Meteorología (ACOMET). De allí que el urbanita siga con tanta atención la información meteorológica, "en especial la relativa a los festivos; aunque en el día a día le preocupa que la lluvia pueda alterar el tráfico", continúa Viñas.

La demanda del público ha sido atendida gracias a la ampliación exponencial de los recursos. "Los comunicadores disponen de herramientas cada vez más potentes para construir historias más cercanas a la realidad del ciudadano: desde fotografías de nubes o nevadas tomadas con teléfono móvil hasta imágenes de satélite y de radar que permiten hacer seguimientos en tiempo real, algo impensable hace años. Todo ha contribuido al protagonismo de dicha información", indica Viñas.

A ello se suman la mayor eficacia predictiva. "Antes se decía: ‘Aciertas menos que el hombre del tiempo’", recuerda Sánchez Calero. Hoy, la mayoría de los españoles considera la previsión meteorológica muy o bastante acertada (92,4%), comprensible (90,3%) y útil (91,2%), refleja el CIS.

La valoración positiva contrasta con el diagnóstico escéptico realizado hace años por la Organización Meteorológica Mundial: "El matrimonio entre predicción meteorológica y medios de comunicación nunca ha sido especialmente feliz, aunque siempre se haya reconocido la importancia de continuar juntos". Y asimismo choca con quienes en España detectan cierto sensacionalismo televisivo: "La información ahora es menos técnica y más impactante, con titulares que rotulan ‘Veranazo’ lo que se llamaba ‘veranillo de San Martín’", indica Manuel Toharia, uno de los históricos hombres del tiempo de TVE, quien lamenta que "debido al ansia por exprimir un tópico atractivo y la innovación tecnológica, que propicia la espectacularidad, se llegue al catastrofismo". Por el contrario, Sánchez Calero defiende que el enfoque exagerado de noticias sobre fenómenos extremos no afecta a la previsión del tiempo. "En España se ha producido un avance cualitativo y cuantitativo importante gracias a las nuevas tecnologías y al trabajo de editores, periodistas y expertos. Hoy se presta mayor atención a este espacio, intentando dar una información más útil y práctica, presentada de forma rigurosa, clara y comprensible".

Viñas comparte su valoración positiva: "Los espacios del tiempo constituyen un marco perfecto para la divulgación, una oportunidad que la mayoría de los comunicadores no desaprovecha. Así, educan a la sociedad en meteorología, consiguiendo que muchas personas tomen conciencia de la problemática ambiental o ligada al cambio climático".

Motor de la conversación

La influencia mediática se nota en nuestra relación con el tiempo, que ya no es "algo que uno sale a experimentar sobre el terreno; se ha tornado una experiencia tecnológica, accesible por satélites e incesantemente monitorizada por la televisión e internet", explica Marita Sturken, especialista en comunicación de la Universidad de Nueva York. "Lo que se veía como un fenómeno natural se ha vuelto fuente de fantasía tecnológica. Puede ser algo tremendamente mundano y a la vez espectacularmente dramático y motivo de placer visual. Un indicador de fuerzas naturales se ha transformado en un entretenimiento".

Más allá de toda la parafernalia, el tiempo sigue cumpliendo una función insustituible en la interacción cotidiana. Como tópico impersonal, neutral y accesible a cualquiera, resulta muy apropiado para establecer vínculos e impedir silencios incómodos; además, su relativa impredecibilidad asegura un renovado tema de conversación, de acuerdo a Nikolas Coupland y Virpi Ylanne-McEwen, sociolingüistas de la Universidad de Cardiff (Reino Unido). La información meteorológica nos proporciona un recurso clave de cara a la necesidad social de consensuar experiencias compartidas. No es poca cosa.







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