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La Romareda apunta al banquillo

​La indignación, la protesta y el desánimo cundieron entre la hinchada del Real Zaragoza, cuya voz se apoderó de la grada cantando "Ranko, vete ya".

Ch. R. B. Zaragoza Actualizada 21/10/2015 a las 08:41
Varios aficionados protestando desde la grada en el partido de ayer por el mal juego del RealZaragoza.guillermo mestre

La Romareda está hasta el gorro. Ahora sí hay un claro amago de divorcio entre la grada y el Real Zaragoza, y esa es la peor conclusión de las tantas, y tan malas, que pueden extraerse de los últimos dos partidos del equipo aragonés. No puede hablarse de algo más nocivo a estas alturas de la temporada. Desde hace tiempo, todo es demasiado quebradizo en torno al equipo, un Zaragoza que parece atrapado en una botella de amargura y desconfianza, prisionero de una continua espiral de agonía y desesperanza.

Ver sus partidos se ha convertido en un acto de dolor y no de amor. Esa sensación se ha cronificado de tal modo en su identidad que uno, todos los fines de semana, puede hacerse una idea rápida del Zaragoza y el juego que se va a encontrar en sus partidos. Da igual los jugadores, da igual los entrenadores.

A la película se le conoce el desenlace. Sea quien sea el director. Está claro que la gente, más allá de un futbolista o un técnico con capacidades, necesita ilusión. Algo en lo que creer.

Más allá de las derrotas o la realidad clasificatoria, lo verdaderamente preocupante ahora es que, aún en septiembre, se hayan abierto grietas entre el equipo y una creciente masa de aficionados. Esta relación se está deshilachando por la figura del entrenador. La Romareda, y esta vez en notorio número, con una fuerza sonora mucho mayor que la de hace una semana contra el Córdoba, cantó contra el técnico serbio y reclamó su salida del club. Fueron tambores de crisis.

Un viento compuesto por la melodía "Ranko, vete ya" recorrió las tribunas del estadio y bajó a la zona de banquillos como un frío huracanado. A Popovic le alcanzó de lleno. El entrenador suele ser casi siempre la pata más corta del banco cuando una crisis vuelve la esquina y Zaragoza no fue ayer la excepción. Al técnico serbio se le exigió que cogiera las cosas de la taquilla y se marchara.

La voz nació en la zona norte del estadio. El grupo Ligallo, altavoz principal del estadio, comenzó a cantar "Ranko, vete ya" mediada la segunda mitad. Justo cuando al equipo se le había pasado el acelerón con el que salió del descanso. Buena parte de La Romareda se sumó a la música, engordando de decibilios la protesta. Popovic fue el destinatario de esa indignación.

Hasta el final del partido, conforme crecía la impresión de que el equipo subrayaría su impotencia y no le marcaría a Osasuna, resurgieron las protestas un par de veces más, con el mismo cántico contra Popovic y varias lluvias de silbidos. Tal fue el desánimo en los minutos finales del encuentro que varias zonas del estadio fueron vaciándose antes de tiempo, movidos por la frustración.

Cuando el árbitro pitó, cerca ya de las dos de la tarde, una sonora tempestad chirrió en los oídos de los futbolistas del Real Zaragoza. Al equipo no le faltó apoyo durante buena parte del encuentro: la visita de Osasuna siempre estimula a la grada y esta no le dio la espalda a los jugadores hasta que tomó consciencia, ante los mensajes redactados con mal fútbol unos metros abajo, de que una nueva derrota, esta vez ante el máximo rival, era el destino un domingo más. Del campo se fue la gente con una conclusión: la responsabilidad está en el banquillo.







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