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El Córdoba, un equipo bajo los efectos de una pesadilla en Primera

​El club andaluz ha visto cómo su sueño de volver a jugar en la élite tras 42 años ha convertido su futuro en una nebulosa.

Paco Giménez. Zaragoza Actualizada 14/10/2015 a las 08:02
El extremo Nando desborda a Soriano, lateral del Leganés, en la anterior salida del Córdoba.ha

El histórico Córdoba CF vuelve a La Romareda en Segunda tras su efímero paso por la Primera División. Llegan los andaluces sumidos en una inmensa incertidumbre sobre cuál va a ser el futuro inmediato del club blanquiverde. Es la consecuencia de la mala administración del equipo una vez tocó el cielo y logró, hace un año, un sorprendente, meritorio e inesperado ascenso a la élite, terreno que no pisaba desde hacía 42 años.

El sueño de volver a ser uno de los 20 grandes del fútbol español ha derivado en pesadilla. El Córdoba firmó el año pasado una de las peores temporadas históricas de un equipo en la máxima categoría. Solo sumó 20 puntos, 17 en la primera vuelta y solo 3 en una lamentabilísima segunda fase de la Liga. Apenas marcó 22 goles y encajó 68. Perdió 24 partidos, 12 de ellos en los 19 choques jugados ante su público, loco de contento cuando arrancó la competición y hundido irremisiblemente a mitad de temporada cuando vio el tamaño del desastre que se le avecinaba.

Hoy, este Córdoba que va a pisar el estadio zaragozano es un equipo incógnita. Un grupo nuevo que desata todo tipo de recelos en la resabiada hinchada de El Arcángel. Su presidente, el peculiar empresario tinerfeño Carlos González, ha desmantelado la insolvente plantilla que armó el año pasado para competir en Primera y ha montado un bloque restaurado en un 90 por cien de sus piezas. El nefasto precedente del curso anterior anima a muchos a recelar de su acierto.

Del Córdoba han salido tras el descenso los porteros Juan Carlos y Saizar; los defensas Crespo, Pinillos, Campabadal, Iago Bouzón, Gunino, Íñigo López, Pantic, Edimar; también los medios y puntas Fede Vico, Fede Cartabia, Bruno Zuculini, Ghilas, Khrin, Bebe, Heldon... La mayor parte, jugadores cedidos, procedentes de clubes de ligas extranjeras: Benfica, Chievo Verona, Anderlecht, Manchester City, Oporto, Sporting Lisboa, Fénix... Un bloque heterogéneo, sin orden ni concierto, sin armonía, con tipos escasos de compromiso y sin iniciativas cuando todo se torció de mala manera.

El Córdoba del año pasado en Primera lo construyó González muy al estilo de Agapito Iglesias en sus nefastos años al frente del Real Zaragoza. Una Torre de Babel, una reunión de la ONU con muchachos de matriz argentina, brasileña, portuguesa, caboverdiana, eslovena, serbia, franco-argelina... Un vestuario de difícil gobierno para los tres entrenadores que lo intentaron sin éxito, Albert Ferrer, Miroslav Djukic y José Antonio Romero. El caos final fue una evidencia. Una ruina deportiva indiscutible de lo que ahora intentan salir de la mejor manera posible.

Carlos González ha puesto a José Luis Oltra al mando de un vestuario reconstruido. Con el ghanés Razak en la portería; el serbio Markovic al timón; el chileno Pineda en punta; los veteranos Cisma y Héctor Rodas en la zaga; recuperando a varios cedidos del año pasado, casos de Xisco (Mallorca), Arturo y Samuel (Llagostera), Caballero (Veria, de Grecia), Fran Cruz (Alcorcón), Bernardo (Racing), Víctor Pérez... Con esta base y las llegadas de otros jóvenes a préstamo de los grandes (Nando, del Valencia; De Tomás, del Real Madrid), el Córdoba pretende encontrar la salida al laberinto al que, su ansiado ascenso a Primera, lo ha condenado en el presente.







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