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¿Qué hacemos con el telón de Unceta?

El cortinaje de 1877 es la joya del Teatro Principal de Zaragoza y a lo largo de sus 138 años de uso ha sido restaurado en cinco ocasiones, la última de ellas en 1987.

Soledad Campo Actualizada 31/08/2015 a las 07:31
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Vista general del patio de butacas del Principal, con el telón pintado por Unceta.guillermo mestre

El telón de boca pintado por Marcelino Unceta es la niña mimada del Teatro Principal de Zaragoza. Probablemente sea uno de los más antiguos de España. Se estrenó el 29 de septiembre de 1877 y después de más de cien años y media docena de restauraciones (la última llevada cabo en 1987 coincidiendo con la restauración general del edificio), sigue cumpliendo su función. Ahora que la sala del bicentenario coliseo está inmersa en unas obras de mejora y acondicionamiento, resurge el debate sobre el futuro de esta joya que es el único testimonio que queda del patrimonio escenográfico que llegó a tener el Principal.

"El telón se va deteriorando, es lo lógico, está seco y sufre al subir y bajar entre los focos que son una gran fuente de calor. Podría aguantar otros cinco o diez años y aunque no es un tema prioritario ya nos hemos planteado más de una vez qué sería lo más adecuado", explica el gerente del Principal, Rafael Campos. Los maquinistas que lo manejan y se encargan de alzarlo y bajarlo "lo tratan con extremo cuidado y auténtico mimo para evitar cualquier mínimo daño", recalca. Tras la última restauración, esta pieza está protegida y forrada.

Desde el patio de butacas el espectador contempla la representación del altar de la fama y la gloria que pintó en él Marcelino Unceta. Esta, con los brazos abiertos, presenta a la tragedia y a la comedia, acompañadas a ambos lados de las escalinatas por personajes célebres o famosos de la escena española.

A un lado están representados 13 dramaturgos y al otro, 14 actrices y actores del siglo XIX. A sus pies, un libro simboliza el nexo de unión entre la palabra escrita y la hablada. Cuando se mira el telón por detrás se percibe su delicado estado de conservación y las firmas y dedicatorias que invariablemente siguen estampando en su espalda los actores que pisan estas tablas.
 

Una réplica y exponer el original

La primera cuestión a dilucidar es si se quiere seguir manteniendo in situ en el futuro o se prefiere sustituirlo por una réplica. "Yo tengo mi opinión personal, pero la decisión tendría que ser tomada por gente más experta y con criterio", dice Rafael Campos. A ello añade que el hecho de custodiar este cortinaje  es "uno de los valores añadidos" que ofrece este espacio escénico, además de contar con la "admiración" y el "cariño" de los amantes de las artes escénicas que esperan que les siga recibiendo durante mucho tiempo cuando se sientan en sus butacas.

La realización de una réplica supone también un desembolso económico. En algún momento se ha llegado a solicitar presupuestos de lo que podría valer, pero no se ha tomado ninguna decisión. El coste variaría sustancialmente si se trata de una copia de calidad llevada a cabo en un estudio de bellas artes y pintada a mano o si se apuesta por una fotografía convertida en un vinilo en tela o plástico.

Otro aspecto a valorar es si se puede llegar a exhibir en algún edificio o espacio de la capital aragonesa. Su gran tamaño, unos 12 metros de ancho por ocho de alto, dificulta su exhibición. En este sentido, el catedrático emérito de Historia de Arte de la Universidad de Zaragoza, Manuel García Guatas, quien ha estudiado los telones y escenografías de los teatros de la ciudad, apunta que Marcelino Unceta lo pintó en la Lonja. Rafael Campos señala que se han llegado a barajar alternativas como la propia casa consistorial y el Museo de Zaragoza.
 

Tres telones diferentes

El Principal dispone de tres telones diferentes en estos momentos, apunta Daniel Antolín, encargado general del Patronato Municipal de las Artes Escénicas y de la Imagen. Además del de Unceta, hay otro de guillotina (que sube y baja), de color verde, que luce el escudo de la ciudad que se colocó para la remodelación de 1987. Hay un tercero tipo cortina americana, con apertura desde el centro hacia los lados.

El lienzo de Unceta se utiliza "siempre que una compañía lo requiere, son decisiones artísticas, hay montajes en los que se prefiere que el público se encuentre ya con el escenario a la vista", explica Antolín. Normalmente, para las ‘glorias’ (aplausos del final) se echa mano del cortinaje con el escudo y las funciones se suelen despedir con el de Unceta.

A su parecer, esta reliquia presenta un estado de conservación "delicado", tanto por las variaciones térmicas que soporta en poco tiempo como por el uso de humo escénico. De momento, volverá a alzarse en septiembre cuando arranque la nueva temporada.




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