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Sobraron siete minutos para ascender

Un gol de Araujo en el 83 da el ascenso a Las Palmas y condena al Zaragoza a jugar un año más en Segunda. Roque Mesa adelantó a los canarios en la primera fase y el equipo aragonés careció de reacción y pegada.

Paco Giménez Actualizada 14/07/2015 a las 08:26

En el minuto 83, el Real Zaragoza estaba en Primera División. Durante todo el partido, el equipo aragonés fue capaz de mantener el valor de la ventaja de 3-1 que se trajo de La Romareda. Aguantó el 0-0 inicial hasta que Roque Mesa, en el único agujero serio de la defensa zaragocista en toda la primera mitad, adelantó a los canarios en el minuto 32. Y administró después, a trancas y barrancas, esa derrota mínima por 1-0 que, de haber llegado al final como definitiva, hubiese puesto a los blanquillos en la máxima categoría del fútbol español.

Pero el sueño duró 83 minutos momento, ya en la recta final del partido, en el que se hizo añicos irremediablemente. Justo en ese fatídico instante, la estrella de la UD Las Palmas, Araujo, cazó un afortunado balón bombeado al segundo palo por su colega de vanguardia, Jonathan Viera, y logró el letal 2-0. Era el marcador que los amarillos buscaban desde el inicio. El atajo más corto para desactivar el 3-1 que aportaba el Zaragoza de la ida. El gol que marcó Viera en el estadio zaragozano ha terminado valiendo su peso en oro, pues es el diferencial decisivo de la eliminatoria. Porque la UD Las Palmas asciende a Primera sin superar en goles al Real Zaragoza. Esta final ha concluido 3-3. Igualdad absoluta en la suerte suprema del gol. Pero aquel fallo de Cabrera, aquel tanto canario en La Romareda, ha tenido valor doble en ese empate global.

Una pena muy grande. Un hondo pesar para un Zaragoza que lo tuvo en la mano y lo dejó escapar a falta de tan solo 7 minutos para que el choque y la eliminatoria concluyese. El desenlace fue, sin duda, trágico para el ilusionado zaragocismo. Que sucediese algo así, era un riesgo. Un peligro real por el potencial del rival insular. Y, lamentablemente, en la recta final del duelo, esa previsión terminó obrando cuerpo.

No fue un buen partido por parte de ninguno de los dos equipos en líneas generales. Pesó la responsabilidad y los nervios atenazaron a buena parte de los protagonistas. En ese guión de fútbol feo, justo es reconocer que Las Palmas fue mejor. Favorecido por el ambiente, embravecido por su necesidad de remontar y, por supuesto, de la mano de su mayor calidad en las individualidades de medio campo en adelante, los canarios hicieron más méritos durante los 90 minutos para hacerse acreedores al premio final.

El Zaragoza no jugó bien. En cierta medida, decepcionó su puesta en escena. Hubo jugadores que no dieron la talla para lo que el duelo requería. Después de la hazaña de Gerona hace una semana, lo de ayer en Gran Canaria supo a poco. Se quedó escaso. Fue insuficiente para ganarse el ascenso final a la élite.

Las Palmas jugó como siempre. Con el 4-3-3 que Paco Herrera ha tenido como sistema de cabecera casi todo el año. Ranko Popovic, por el contrario, buscó un matiz diferenciador para sorprender a su colega y apostó por un 4-4-2 en el que Jaime era la gran novedad como segundo punta junto a Willian José y Basha, según lo olfateado, aparecía como destructor del juego rival en la medular en vez de Ruiz de Galarreta.

No salió bien. Fueron varias las piezas que no rindieron según los planes previstos. Eldin Hadzic no tocó un balón y no se involucró en el juego en toda la primera parte, lo que ocasionó su sustitución en el descanso. Jaime, como ariete, fue más un ralentizador de los ataques y contras del Zaragoza en vez del rápido estilete que se pretendía. Basha estuvo lento en los cruces y torpe con el balón, de tal manera que dejó solo ante el peligro a Dorca ante la eficacia del medio campo amarillo, con Castellano, Roque Mesa y Culio superando líneas permanentemente en los mano a mano y los encares individuales. Los laterales, Fernández y Rico, no tuvieron la chispa de otros días, obsesionados en defender las difíciles diagonales y balones cruzados a las espaldas de la zaga con los que Las Palmas percute siempre el área contraria.

Demasiadas mermas que, los demás, difícilmente pudieron sostener. Y, ciertamente, el discurrir del choque dice que estuvieron a punto, a solo 7 minutos de haberlo logrado. El trabajo de Pedro, el citado Dorca, Mario, Vallejo –ayer más alterado que de costumbre– e, incluso, Willian José, no tuvo lustre porque no hubo combinación en el equipo y perdió el balón siempre a las primeras de cambio.

Esta vez, los hados de la fortuna no miraron hacia el Ebro y, por el contrario, parecieron querer recompensar a Las Palmas tras su tragedia del año pasado ante el Córdoba en este mismo escenario. Los matices, los detalles que suelen decantar estos igualados cruces, ayer beneficiaron a los canarios.

Así hay que leer el mal fario de Dorca, en un cabezazo a la salida de un córner lanzado por Pedro que se estrelló en el larguero –y botó en la raya– después de que Culio, ubicado bajo palos, rozara hacia arriba la pelota. Era el minuto 23 y hubiese sido el 0-1.

O el mal lanzamiento de Jaime en una falta franca en la misma frontal por unas manos de Casto fuera del área. Chutó contra la barrera en el minuto 71, momento en el que pudo llegar el 1-1 que hubiese apuntillado a los isleños.

Pero, en verdad, el Zaragoza no puede pedir mucho más al destino tras haber cuajado un partido pobre en conceptos futbolísticos. Sin poseer la pelota con un mínimo de solvencia y profundidad, siquiera fuese de vez en cuando, poco daño se le podía hacer a un Las Palmas que encontró a Araujo y Viera como dúo estelar, siempre desbordando y hallando boquetes por los que llevar peligro ante un Bono seguro, por momentos brillante, que sin embargo estuvo mal en la salida que provocaría el 2-0 definitivo.

El sueño acabó en chasco. Con lágrimas y llanto. Y con el pesar de seguir un año más en Segunda División. Toca levantarse.







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