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En primera persona

Asha Kanwar: "Los desafíos de la agricultura exigen invertir más en formación"

De origen indio, Asha Kanwar, una de las principales defensoras del mundo del aprendizaje para el desarrollo, se convirtió en 2012 en la primera mujer que preside el Commonwealth of Learning, organización a la que se unió como especialista en educación en 2003.

Chus García Actualizada 22/06/2015 a las 22:20
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Asha Panwar, presidenta del COL, en el Instituto Agronómico del Mediterráneo de Zaragoza, donde participó en una jornada internacional en la que 80 expertos de todo el mundo debatieron la formación que exige el sector agrario del siglo XXI.A. Navarro

En un mundo lleno de universidades y centros especializados, usted defiende y encarna modelos de formación no tradicionales. ¿Por qué y para qué son necesarios otros sistemas de enseñanza?
Por la magnitud de los desafíos a los que nos enfrentamos hoy en día. La población experimenta un crecimiento exponencial, cada vez más jóvenes están abandonando el mundo de la agricultura, y además tenemos que duplicar la producción de alimentos antes de 2050. Por lo tanto tenemos que invertir mucho más en la formación del sector agrario.


¿Cómo debe ser esa formación agraria?
La agricultura no es muy atractiva en muchos países en desarrollo, por lo tanto muchos jóvenes no quieren entrar en este sector, e incluso los que optan por la formación agrícola son muy pocos. Tenemos que formar a más personas pero para eso hay que formarles de una manera agradable para que les guste, lo que significa que tenemos que ofrecer oportunidades más flexibles, y utilizar estos modos no tradicionales de educación.

¿Es lo que hace el Commonwealth of Learning (COL)?
El COL está trabajando en muchos sectores, entre ellos en la formación continuada y permanente a los agricultores. Lo que hacemos es ir a las comunidades más pobres y ellos deciden lo que quieren aprender. Creamos un partenariado con el banco que les da un préstamo, el proveedor de telecomunicaciones les facilita una tarifa más barata, y colaboramos con universidades agrarias que los forman en su idioma y utilizando un teléfono móvil básico.


¿Y qué quieren aprender?

Daré algunos ejemplos. Hay miles de mujeres de la India que son pastoras de cabras. Ellas utilizan el préstamo para comprar cabras; el colegio de veterinarios las asesora para hacer que las cabras produzcan más leche y ellas utilizan su teléfono móvil para encontrar mejor precio. En solo tres años han pasado de ser muy pobres a tener sus propios activos. Como ellas han tenido tanto éxito, muchas personas quieren unirse al programa. En Uganda, la comunidad de los pigmeos vive en el bosque donde están los gorilas, que como atraen muchos turistas cuenta con una antena de telefonía. Ellos compran su teléfono móvil y la Universidad de Makelele de Kampala, con la que hemos formado un partenariado, les enseña cómo recoger la miel. Además un grupo de estudiantes que han creado una cooperativa les han dado un préstamo y así ellos pueden hacer sus panales. Los pigmeos devuelven el préstamo en miel y los estudiantes la venden para recuperar su dinero. Antes, los pigmeos comían una vez al día, ahora pueden permitirse dos comidas.

El acceso a estas tecnología no parece fácil en estas zonas. ¿Cómo lo solucionan?
Incluso en África, la tasa que más crece es la de la telefonía móvil. Hasta los mendigos en la calle llevan el teléfono en la mano. Además, nosotros utilizamos teléfonos básicos para llegar a las zonas más remotas. Otra tecnología que aprovechamos es la radio de comunidad, que ofrece la formación que pide cada comunidad y en su idioma. En Malawi, un distrito africano muy remoto en el que la tasa de mortalidad de las madres en el parto es muy elevada, comenzamos un programa utilizando la radio de comunidad y esto ha mejorado muchísimo la situación. Ahora las madres acuden al hospital.

Una de sus ventajas es que el coste es menor, pero ¿es rentable?
Todos estos recursos son de bajo coste. Por ejemplo, si cuesta 100 dólares o 100 euros enviar un estudiante a la universidad, en una universidad abierta costaría solo 33, es decir la tercera parte. Además, como utilizamos la telefonía, estamos usando la economía de escala, cuando más se extiende más bajan los costes. Y además, por cada euro que invertimos con las mujeres de la India, las pastoras de cabras, ellas generan nueve. En Malawi, donde damos la formación a través de la radio de comunidad, cuesta cuatro dólares formar una persona.

Hablamos de comunidades muy pobres en zonas remotas, pero ¿cómo ayuda esta formación al sector agrario de los países más avanzados económica y tecnológicamente?
Teniendo en cuenta que todo el mundo está conectado pueden desarrollar contenidos de manera colaborativa. No tiene que ser responsabilidad de una sola universidad, sino que pueden contribuir muchas instituciones en distintas partes del mundo, por lo que podemos desarrollar contenidos de altísima calidad pero con una fracción mínima de coste. Incluso para la investigación es válido, porque se aprovechan estas conexiones para colaborar entre sí.

¿En qué trabaja el COL en estos momentos?
Como decíamos antes, el mayor problema de los países en desarrollo es que tienen mucha gente joven, a la que hay que ofrecer formación a gran escala y muy rápidamente. Ahora empieza a surgir esta nueva tecnología. Son los llamados MOOC, cursos masivos abiertos en línea. Es una plataforma digital. Voy a explicarlo con un ejemplo. La Universidad de Stanford ofreció un MOOC y 150.000 estudiantes de todo el mundo se registraron en el curso porque es gratuito, aunque para ello hay que disponer de tecnología de alta calidad ya que todos tienen que estar interconectados. Pero también organizamos un MOOC para jardineros. Ellos no tienen ordenador pero sí teléfono móvil. En este caso hacemos unos audios y ellos los escuchan en su móvil y si tienen dudas pueden llamar por teléfono a un centro de llamadas que tenemos para tal efecto y les resuelven el problema. Utilizamos el enfoque mixto para los MOOC, que ayudan mucho a personas que no tienen un alto nivel tecnológico ni acceso a las tecnologías más avanzadas.

¿Ese es el futuro de la enseñanza?
Lo diré con otro ejemplo. En Estados Unidos, el MIT ofreció estos cursos en línea y solamente el 10% de los estudiantes inscritos aprobaron. Pero ese 10% eran unos 15.000 estudiantes, algo que el MIT había conseguido en 30 años. Esto demuestra que estos métodos no tradicionales pueden formar a muchísimas personas en muy poco tiempo y los desafíos a los que se enfrenta la agricultura así lo exigen.







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