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Experiencias

​Los verdaderos habitantes de Búbal

Alumnos del IES Hermanos Argensola participan en el programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados.

Estela Pueyo Actualizada 17/06/2015 a las 21:06
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Chicos y Chicas del IESHermanos Argensola de Barbastro participaron en las labores de reconstrucción de uno de los muros de Búbal.

Hemos vivido en Búbal. Exactamente cinco días, del 4 al 8 de mayo. Cinco días habitando uno de los 175 pueblos abandonados de la provincia de Huesca. Búbal permanece entre Biescas y Sallent de Gállego, entre Peña Telera y los 18 tresmiles que emergen del Valle de Tena sin miedo a que los inunde ningún pantano. Se despobló en 1970, junto a los próximos Saqués y Polituara, debido a la construcción del embalse que hoy lleva su nombre. Pero es repoblado, cada semana, con nuevos habitantes: estudiantes y profesores de todos los rincones de España.

Habitar Búbal es irreversible. Puedes intuirlo cuando, al llegar por vez primera, la hermosura de sus casas, calles y prados te transforma en un personaje de cuento pirenaico de Casa Tiburcio, Agut, Fanlo, Aniés o Mateo. Pero lo sabes realmente justo al marchar. Entonces te percatas de que has dejado tu huella ahí para siempre, junto a millones de otras huellas anónimas, al acondicionar un muro, desyerbar una faja, preparar el mantillo, limpiar la depuradora, alimentar a los animales... al realizar todos esos tajos donde la unión hace la fuerza. Y también sientes, al partir, que Búbal se ha impreso en ti. Siempre te acordarás de su deliciosa comida, de la limpieza de sus casas, del haya tricentenaria en el bosque del Boyeral, de la presa, de su museo, de los oficios y juegos tradicionales, de las historias y leyendas que te mantuvieron despierto en las veladas mientras dormía el teléfono móvil, de sus vecinos, reales y ficticios, como el cartero o la señora Orosia, acusada de brujería y absuelta o condenada según la semana.

No los olvidarás porque tú también te convertiste en uno ellos y adoptaste por unos días su forma de vida ecológica y autosuficiente, propia de la sociedad tradicional casi desaparecida. Los verdaderos ‘habitantes’ de Búbal, educadores y personal de servicios, han dedicado gran parte de sus últimos 30 años a este recóndito lugar del mundo que había sido desahuciado y lo han reflotado con la varita mágica del tesón y el amor dentro del Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Por todo su esfuerzo, nadie visita Búbal. Vive Búbal. No hay mejor forma de aprender.







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