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Crónica social

Cincuenta aniversario de la promoción 1958/ 59-1965 de la Facultad de Medicina

A esta generación le ha tocado llevar a cabo buena parte de la transformación de un ejercicio médico tradicional, con medios muy limitados, a una sanidad moderna, de técnicas avanzadas, situada hoy entre las mejores de nuestro entorno.

Pedro Cía Gómez Actualizada 12/06/2015 a las 22:20
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Los médicos que aparecemos en la fotografía somos los que ayer celebramos el cincuenta aniversario de la promoción de la Facultad de Medicina de Zaragoza.

Mientras nos agrupábamos para posar para el fotógrafo, alguien recordaba la anécdota del paciente que, hablando de su médico, decía con cierta resignación: "Es bueno, pero... ¡No opera!". En el grupo de la fotografía hay cirujanos, médicos generales y especialistas. Algunos de los de esta promoción han ocupado puestos relevantes, pero lo que de verdad interesa (y más aún en la Medicina) es desempeñar bien el puesto de cada uno.

A esta generación le ha tocado llevar a cabo buena parte de la transformación en Aragón (y en otras comunidades) de un ejercicio médico tradicional, con medios muy limitados, en una sanidad moderna, de técnicas avanzadas, situada hoy entre las mejores de nuestro entorno. Para afrontar este reto, los de esta promoción tuvimos que simultanear el trabajo diario con una actividad extraordinaria de formación continuada –por otra parte, siempre imprescindible–, desarrollada en España o en el extranjero.

Acaso los que ayer celebramos el aniversario tuvimos el privilegio de haber vivido desde nuestros primeros tiempos como profesionales una medicina muy asentada en la relación personal con el paciente. Por eso, la constante actualización y aplicación de nuevos y eficaces medios de diagnóstico y tratamiento llevada a cabo en el curso de una relación personal de confianza con el paciente ha sido muy notoria entre los profesionales de esta promoción. Se ha entendido, además, la profesión como servicio y como servicio necesariamente realizado desde las directrices de la ética.

Así, este "médico bueno, pero... que no opera" (y también el que opera) ha sido quizá limitado para ofrecer todo lo que de él se esperaba, pero ha llegado a "curar a veces, aliviar a menudo y consolar siempre", (según la expresión de los médicos franceses Bérard y Gubler) y todo ello a lo largo de una vida de estudio, trabajo, preocupaciones y alegrías, participando en la vida del enfermo. Todo esto no saldrá en la foto, pero está ahí y nos lleva hoy a felicitar a todos los buenos médicos formados en Aragón.







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