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Exposición

Holecz: memoria física

Galería Carolina Rojo estrena 'The eyes of the skin', una exposición de la artista de origen británico residente en Zaragoza Louisa Holecz.

Alejandro Ratia Actualizada 28/04/2015 a las 21:49
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Louisa Holecz (Londres, 1971) es una artista de origen británico, residente en Zaragoza desde hace unos años. Su trabajo se dio a conocer en España en 2009, gracias dos exposiciones, una colectiva de la Sala Juana Francés y otra, individual, en Zaragoza Gráfica. Fue el descubrimiento de una pintora intensa y de su inquietante mundo. Aquellos primeros cuadros que conocimos estaban protagonizados por animales –algunos, como las hienas, nada simpáticos– que encarnaban potencias anímicas difíciles de gobernar. Tras ellos se intuían las lecciones de esa escuela británica de figuración fuerte, existencialista y descarnada, que tiene su trinidad en Francis Bacon, Lucien Freud y Paula Rego.

Louisa Holecz ha derivado, más tarde, hacia una inquisición directa de la memoria, memoria material que se hace física en la casa familiar y en los objetos que pasan de madres a hijas. Y la pintura y el dibujo se verán complementados por la escultura, por el modelado de figuras en barro, por el uso de materiales próximos al tacto, vinculados de un modo directo a los recuerdos personales. No se puede evitar que aparezca, al ver estos trabajos últimos, el fantasma de Louise Bourgeois, y los temas que, con ella, se incorporaron al arte: la maternidad, el hogar, la extraña fertilidad del trauma.

La nueva exposición de Louisa Holecz hereda el título de un libro de Juhani Pallasmaa, un arquitecto finlandés, publicado por Gustavo Gili: ‘Los ojos de la piel’. Este autor hace una crítica del privilegio que disfruta la vista desde los presocráticos. El infravalorado tacto, apoyándose en evidencias biológicas, se reivindica como embrión del resto de sentidos, que serían meras especializaciones de la piel. La pintora Louisa Holecz decide aprender, por lo tanto, del tacto, y regresa a un modo de trabajo que fue el suyo cuando niña, rescatando los primeros impulsos creativos. Primero vendría el dibujo; después, las figuras. "Al transformar un pensamiento en objeto tangible –nos dice la artista– estoy tratando de entender el porqué de su concepción inicial; lo que me ayuda a conocerme mejor y saber más de mi relación con el mundo exterior". En su nueva exposición hay una mesa y sobre ella, un abigarrado conjunto de objetos. Personajes fajados, casas, árboles; formas fecundas, que se desarrollan de modo anómalo, como el pecho de la Artemisa de Éfeso, y formas que se retraen. Aparecen envueltas en telas. Son fragmentos de antiguas telas bordadas, que se transmiten entre generaciones bajo el concepto de "ajuar".

Otros materiales curiosos que se incorporan a estas obras son la sepiolita (o meerschaum, espuma de mar, esa piedra flotante con la que se hacían las pipas) o el alambre. Junto a los objetos, la pintura, potente, sigue siendo esencial para Louisa Holecz, como vemos en su “Autorretrato”, y en el gran retrato de su madre. Estas obras tienen más de dibujo, en realidad, que de pintura. Tal vez lo mejor de la exposición sean esos papeles que titula "vestidinhos" (en portugués, recordando los orígenes de su familia materna), y que resultan un híbrido entre objeto y dibujo, y donde estos "vestiditos" infantiles se trasladan (o calcan) a una realidad nueva, intensamente actuante en la memoria.







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