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Violencia infantil

Ayudarles a tiempo

Los educadores alertan de que son muchos los niños problemáticos que necesitan atención, pero faltan recursos para detectarlos. Advierten de que la sociedad se complica y deben dedicarse más esfuerzos para evitar tragedias.

David Navarro Actualizada 27/04/2015 a las 21:17
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José Miguel Marco

Qué pudo suceder para que nadie percibiera el drama personal que vivía el niño de 13 años que el pasado lunes atacó a su maestra y a una compañera y mató a un profesor en un instituto de Barcelona?¿Por qué no se puso en marcha el protocolo habitual en el instituto, y se ofreció apoyo al niño? Ningún experto ha verbalizado oficialmente estas preguntas, pero algunos confiesan ‘off the record’ que algo muy extraño ha sucedido en el instituto Joan Fuster, donde ignoraban incluso que el pequeño estuviera acudiendo a un psicólogo y tomara medicación. "Que todos los compañeros supieran de su falta de sociabilidad y conocieran esa obsesión por la violencia, y ningún educador diera la voz de alarma no cuadra. Porque los niños pasan la mitad del día en la escuela, algunos más de ocho horas, y es allí donde se relacionan, juegan y hablan", indica a media voz un orientador de un instuto aragonés. Cierto es que los padres no están obligados a comunicar al centro los problemas de salud de los alumnos, pero pedagogos y orientadores coinciden en que resulta indispensable revisar el protocolo y observar si existen suficientes medios para tratar a los alumnos. "Acabas atendiendo solo los casos graves, y los durmientes, esos casos que apenas se detectan y pueden estallar, quedan sin atender".

En Aragón, la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía lleva años advirtiendo de este mismo problema, "y lejos de poner soluciones, se agrava. Faltan orientadores, los Servicios Sociales están colapsados, desde Salud Mental apenas pueden atender tantos casos... Y la sociedad es mucho más complicada ahora, con el cyberbullying, anorexia, bulimia o adicciones a redes sociales. Al final se están tratando solo los casos más graves, y en ocasiones se están tratando muy mal, no porque los trabajadores de los Servicios Sociales o Salud Mental no sean competentes, al contrario, sino porque no dan abasto", resume Juan Antonio Planas, orientador del IESTiempos Modernos de Zaragoza y presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía.

Cada vez más problemas

La Unesco indica que, para ser eficaz la detección de problemas, en escuelas e institutos debería haber un orientador por cada 250 alumnos. En Aragón, existe en Primaria uno por cada 500 y en Secundaria apenas hay uno por cada 1.000. En el resto de España, según una nota emitida por la confederación de orientadores y psicopedagogos española (Copoe), la cifra es aún peor: un orientador por cada 1.800 alumnos. "Para entender el error que supone recortar en estos recursos, solo hay que recordar que toda, absolutamente toda la población española de los próximos años está ahora escolarizada. Los futuros psicópatas, narcisistas, paranoides o esquizofrénicos están ahora en las aulas. Y si detectamos a tiempo esos problemas, si conseguimos dar solución, nos ahorraremos mucho dolor en el futuro", dice Planas. Pero los orientadores se ven desbordados, como asegura Pilar Sarasa, que ha de atender a 150 alumnos solo en Infantil, donde los problemas son sutiles y muchas veces requieren gran atención. "Se aprecian cada vez más problemas emocionales en los niños pequeños: dificultades para interactuar, poca tolerancia a la frustración, aislamiento..., pero solo dispongo de cuatro horas semanales para atender esas señales de alarmas, a las que se suman los problemas académicos: dificultad de aprendizaje, de interiorización de los conceptos, de rutinas...".

Las quejas han sido escuchadas por el Gobierno de Aragón, que ha aprobado un Decreto de Educación Inclusiva que refuerza los equipos de orientación:se ha añadido un equipo más de orientadores (ya son 23) y el curso que viene se contará con un equipo de trastornos mentales de conducta.

Pero los orientadores creen que todavía es "insuficiente". Ante tal carga de trabajo, se hace necesario priorizar. El profesor solo deriva al orientador los casos que puede apreciar más fácilmente, y este solo puede tratar los de urgencia. Si son mentales, pasan a Salud Mental Infantojuvenil del Hospital Clínico de Zaragoza y si son motivados por la familia se tratan desde Asuntos Sociales. "Se tratan los casos de violencia, de rotura de mobiliario, de agresiones... Recuerdo un caso de un alumno tan agresivo que los profesores le tenían miedo. Pero el tratamiento consistió en una visita al psiquiatra cada tres meses, nada más, y sin apenas seguimiento –asegura Planas–. Los recursos preventivos están fallando garrafalmente por la precariedad y los recortes. Calculamos que hay hasta 100.000 casos graves ahora en España, y llevamos años advirtiendo de que algo puede pasar. Hasta que ha ocurrido. Y por desgracia sabemos que pasarán más cosas".

El niño de Barcelona era callado, introvertido y había creado su propio mundo. "No destacaba por amenazas, peleas, violencia... Los orientadores siempre decimos que los casos más peligrosos rara vez salen a la luz. Los niños que tienen tendencias suicidas, los que permanecen arrinconados y rumian su rabia, los que no se relacionan y por ello nadie sabe nada de su mundo interior. Todos ellos son los que se dejan de lado, porque hay que atender a esos otros ‘casos graves’. Pero estos casos tan peligrosos luego nos sorprende, cuando estallan en forma de suicidio o una agresión brutal como la de Barcelona. Quizá por ello el instituto no sabía lo que estaba pasando, y solo algunos alumnos conocían esos pensamientos", considera Planas. "Además, si el niño ya recibía un tratamiento con seguridad los Servicios Sociales estarían atentos, lo que no sabemos es si contaban con tiempo y gente suficiente para hacer el seguimiento adecuado". Eso sí, desde la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía destacan el esfuerzo "enorme, y muchas veces voluntario" que realizan los profesionales del Instituto Aragonés de Servicios Sociales y el Hospital Clínico de Zaragoza. "Tenemos suerte de contar con esos profesionales, porque están multiplicando sus esfuerzos en estos momentos que se necesitan tanto. También contamos con muy buenos orientadores, que hacen todo lo que pueden, y mucho más. Quizá gracias a todos esos esfuerzos se han conseguido evitar tragedias como esta. Y quizá se eviten futuras tragedias", espera Planas.

¿Efecto contagio?

Por su trabajo, la psicóloga forense Cristina Andreu está acostumbrada a trabajar con menores y considera que el efecto de imitación es muy potente en edades tan tempranas. "Que el niño de Barcelona planeara el ataque para el 20 de abril hace creer que estaba influido por la famosa matanza del instituto Columbine (centro de Estados Unidos donde murieron 15 personas y 24 resultaron heridas el 20 de abril de 1999). Hasta ahora no habíamos tenido en España un caso así, pero la tendencia es a que se produzcan, sobre todo porque las ideas quedan en Internet y son fáciles de consultar". Andreu considera que la misma discreción que se da en los suicidios se debería tener en sucesos como este, porque la notoriedad que alcanzan los autores de estos crímenes pueden atraer a lo narcisistas:"Ven lo que ha ocurrido y piensan “también estos se van a enterar”. Esta idea cuadra más con lo ocurrido en Barcelona, porque ese brote psicótico del que se está hablando no tiene mucho sentido. No suele darse a edades tan tempranas y en mitad de ese brote no se planifican los ataques de esa manera". Por su parte, la orientadora Pilar Sarasa destaca lo importante que es la observación continua de los alumnos, "sobre todo en el instituto, donde el comportamiento de la adolescencia puede tapar conflictos de los estudiantes. Los centros están muy concienciados, hay buenos profesionales... Pero faltan más medios para que no se produzcan esos fallos de coordinación".







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