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Educación

"Se puede estudiar un río en el libro o salir al Ebro con botas de agua a coger peces"

Javier Blasco-Zumeta, director del CEIP Ramón y Cajal de Pina de Ebro (Zaragoza), se define como maestro y naturalista aficionado, pero le llaman ‘el doctor Livingstone de los Monegros’

Víctor Juan (Director del Museo pedagógico de Aragón y profesor de la Facultad de ciencias humanas y de la educación de la Universidad de Zaragoza) Actualizada 22/04/2015 a las 09:17
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Javier Blasco, en la orilla del Ebro, a su paso por la localidad de Pina.Luis Giménez

Los europeos de los siglos XIX y XX emprendían viajes a lejanas tierras para descubrir lagunas, desiertos o nuevas especies de plantas y de animales. A Javier Blasco (Pina de Ebro, 1957) le ha bastado con estudiar un sabinar de su pueblo para descubrir más de 200 especies de invertebrados. Además, 20 de ellas llevan el nombre de este maestro apasionado por la naturaleza. Cuando terminó sus estudios de Magisterio en la Escuela de Formación del Profesorado de Zaragoza obtuvo destino en Tierga, donde trabajó tres inolvidables años. Después se trasladó a Pastriz y desde 1985 da clase en la escuela Ramón y Cajal de Pina de Ebro. Eligió trabajar en la escuela de su pueblo, entre las gentes que le conocían desde niño. Sabía que asumía un compromiso ante las personas que le querían. Aceptó el reto. En los últimos 25 años ha recibido numerosos premios y distinciones entre los que pueden destacarse la Insignia de oro de la villa de Pina (1995), la Cruz de Alfonso X el Sabio (1996), el Premio Medio Ambiente Aragón (2004), el Premio Aragón Medioambiente de la Fundación Aragonesista 29 de junio (2011) y, el más reciente, el Premio Aragonia que le otorgó en 2014 la Sociedad de Amigos del Museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza. Por encima de estos reconocimientos, su mayor premio es poder dedicarse a sus pasiones. Javier Blasco es el doctor Livingstone de los Monegros.

-Se cumplen 30 años desde que llegaste a Pina como maestro. ¿Por qué decidiste trabajar en la escuela tu pueblo?
Hay maestros que no quieren estar en la escuela de su pueblo, pero eso no ha sido un problema para mí. Solo hay que intentar hacer las cosas bien y todo viene rodado.

-¿Qué sentido tiene hoy la escuela rural?

La escuela rural aporta al niño una manera diferente de entender la vida y unas relaciones interpersonales mucho más humanas que una gran escuela en la ciudad, donde ni siquiera los maestros llegan a conocerse y los alumnos de cursos mayores nunca juegan con los pequeños. Vivir en el pueblo hace que la escuela sea una continuación de la familia por los nexos afectivos que se establecen con los niños y con las familias tanto en el interior del edificio escolar como fuera de él. Convivimos en clase y también compartimos cualquier evento o celebración que pueda producirse en la localidad. En cualquier caso, el concepto de ‘ruralidad’ se está difuminando y los usos, actividades y juegos de los niños en los pueblos son ya muy similares a los de la ciudad.

-¿En el currículo de la escuela Primaria se da al entorno la importancia que tiene?
El cuerpo teórico pienso que es correcto, y puede dársele la importancia que tiene. Otra cosa es cómo se llega a trabajar en la escuela. Puede estudiarse la fauna y flora de un río viendo el dibujo del libro o con un documental o salir al Ebro con botas de agua y coger peces en las orillas, ver volar graznando a la garza

real pasándonos por encima o comprobar cómo las tamarices consiguen colonizar las gravas. Lógicamente, ahí la escuela rural sí que tiene ventajas… si se saben aprovechar.

-Y vosotros, en Pina, las aprovecháis todas…
Tenemos un proyecto donde está implicada nuestra comunidad educativa al completo: todos los martes por la tarde nos vamos al campo con los niños de 5º y 6º de Primaria. No solo observamos y estudiamos el entorno. El objetivo es, simplemente, que los niños conozcan lo que tienen para que lo valoren. No solo vemos fauna y flora, hacemos otras cosas como, por ejemplo, organizar una comida de la siega al estilo tradicional de ‘cuchara y paso atrás’, visitamos las ermitas, repoblamos chopos, hacemos jabón artesanal y vamos a lavar al río…

-¿Lo tuyo con los Monegros fue un amor a primera vista?
Por supuesto que no. Soy de familia de labradores y siempre había oído hablar en casa de sequía, de malas cosechas y de lo duro que era ganarse el pan con el sudor de la frente en un ambiente estepario. Solo al empezar a conocer las plantas y los animales que viven en estos ambientes áridos, sus estrategias de supervivencia y los avatares paleobiogeográficos que les han puesto ahí empecé a entender y a querer estos paisajes haciendo bueno el aforismo de que solo se ama lo que se conoce.

-¿Por qué te gusta vivir en los Monegros?
Encuentro ahí todo lo que necesito. Desde el reto intelectual de tratar de desentrañar sus secretos, hasta el placer de disfrutar con los olores de la ontina o el amanecer con el sol en un horizonte lejano. Caben muchas cosas ahí que hacen que quiera tanto a esta tierra.

-¿Cuándo empezaste a investigar en el entorno?
Mi curiosidad por los animales y plantas la tengo desde niño y siempre me ha gustado aprender, entre otras cosas porque lo necesito para poder enseñar. El empezar el inventario de la fauna y la flora con rigor científico tiene su origen en un trabajo escolar que hicimos sobre la Retuerta de Pina, donde pude enseñarles cosas a mis alumnos de vertebrados y plantas pero no de invertebrados, porque yo no los conocía. Comencé entonces a colectar y recurrí a la ayuda de expertos para que me enseñaran y enseguida me di cuenta del tesoro ignorado que se ocultaba en nuestros paisajes áridos.

-¿Se valora más este paisaje en el extranjero que en Aragón?
Por supuesto que sí. Es un paisaje muy original que no existe en Europa y por tanto muy valorado. En cualquier caso creo que algo ha cambiado también en la percepción que los aragoneses tenemos de nuestros paisajes áridos y de la necesidad de conservarlos y ponerlos en valor.

-¿Cuanto tiempo pasaste en el sabinar de la Retuerta de Pina?
El muestreo e inventario de la fauna y flora duró diez años y en él invertí prácticamente todo mi tiempo libre. Quería hacer un trabajo serio y riguroso y eso requiere mucho tiempo y dedicación.

-¿Qué encontraste?
Lo más sobresaliente pueden ser las más de 200 especies de invertebrados nuevos para la ciencia que se describieron gracias a mi trabajo. Es algo que parecía impensable en la vieja Europa y más que tuviesen su origen en un lugar tildado de desierto rabioso y zona degradada. Muy interesante también es la presencia de especies conocidas solo en las estepas de Asia y la relación de parentesco que muchas de las nuevas especies descubiertas tienen con la fauna centroasiática, lo que nos está indicando que estamos en una ‘isla biológica’ con origen muy antiguo. Posiblemente uno de los paisajes más antiguos de Europa.

-Son tantas las horas que has dedicado a la observación de cosas pequeñas que se diría que un naturalista mide el tiempo de otra manera…
Es lo que tienen las pasiones, que el tiempo pasa muy deprisa sin que pese. En cualquier caso el tamaño de los animales o plantas no importa. Cada organismo, grande o pequeño, es el fruto irrepetible de su evolución. Es tan importante y original la carga genética que hace posible al ciervo como la de la escolopendra.

-¿Cuantas plantas has descubierto?
Las plantas han sido estudiadas desde los años 50 por botánicos procedentes, principalmente, de la Universidad de Barcelona. En este campo no había muchas sorpresas ya que estaban muy bien estudiadas y sus originalidades ya descritas.

-¿Le has puesto nombre a los animales?
En mi inventario trabajaba con todos los grupos animales, así que no hay especialista que pueda abarcarlos todos. Yo distribuía los diferentes grupos a los distintos expertos –tenía más de 120 investigadores repartidos por todo el mundo– y ellos eran los que describían las nuevas especies –para hacerlo hay que ser un verdadero conocedor de todo el grupo para no describir un organismo ya descrito–. Lo que sí resulta curioso es que haya ahora más de 20 especies que lleven mi nombre.

-Tengo mucha curiosidad por los nombres de estas especies, ¿podrías citarme los tres que más te gusten?
No sé... es como si a un padre le preguntas a qué hijo quiere más. Pero en fin, ahí están Orthotylus blascoi, una chinche que vive en las sabinas y que fue la primera especie a la que le pusieron mi nombre; Blascothrips zumetai, un tisanóptero que vive en una planta muy especial, la Kraschennikovia ceratoides, y que fue también un género nuevo y, finalmente, Trixoscelis sabinaevae, un díptero que le dedicaron a mis hijas Sabina y Eva.

-Dicen que un buen profesor contagia su pasión por lo que enseña. ¿Alguno de tus alumnos ha seguido tus pasos como naturalista?
Pasión, lo que se dice pasión, sí que se la he transmitido a Rafael López, un ornitólogo brillante que fue de niño mi alumno. Pero el caso es que hace ya muchos años que me di cuenta de que es un error tremendo querer contagiar pasiones a nuestros alumnos. ¿Por qué hacerlo? Simplemente les muestro lo que sé y les doy un ejemplo vital para que cada uno haga lo que desee y elija su propio camino.

-Ahora dedicas gran parte de tu tiempo a tu trabajo como anillador de aves. ¿En qué consiste?
El anillamiento científico de aves consiste en capturar viva a un ave, ponerle una anilla numerada en la pata y liberarla. Como el ejemplar está individualizado ese hecho permite estudiar sus migraciones y obtener, entre otros datos, las tasas de supervivencia, preferencias de hábitat o dinámica de poblaciones. Además de ese trabajo tengo colgada en Internet una guía de identificación de sexos y edades de las aves en http://www.javierblasco.arrakis.es/guía. Esta guía es de acceso libre y la hago en colaboración con el ornitólogo alemán Gerd–Michael Heinze.

-¿Cómo coincidiste con Gerd–Michael Heinze?
Tenía fotos de ala de un cormorán cuya muda no alcanzaba a interpretar para asignarle la edad. Pedí ayuda en el foro Eurobirdnet y él me contestó amablemente. Fue el principio de una relación de trabajo que ha hecho que firmemos juntos las diferentes fichas del ‘Atlas de identificación de las aves de Aragón’.

-¿Cuál es tu último proyecto?
He empezado a elaborar fichas de identificación de las plantas de mi comarca, la Ribera Baja del Ebro, fotografiando los caracteres que permiten su determinación. Las fichas pueden consultarse en mi pagina web. Necesito tener siempre un reto, estar constantemente aprendiendo.







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