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Arquitectura

La restauración monumental

Aragón: algunas cuestiones a considerar.

Roberto Benedicto Salas Actualizada 21/04/2015 a las 08:39
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San Juan Evangelista de Besians, acción en una ruina. 1986.R. Benedicto

En los años de la transición política de España, se generalizó en la sociedad una demanda colectiva que exigía la protección de nuestro ingente patrimonio monumental y artístico. No pocas asociaciones acometían imprudentemente obras en sus iglesias y ermitas para las que no tenían la preparación necesaria. Así, la anterior situación de restauraciones más o menos puntuales sobre monumentos de notable interés, promovidas fundamentalmente desde los órganos competentes del gobierno central, pasó a los gobiernos autonómicos, multiplicándose las actuaciones.

En Aragón, la Diputación General de Aragón, a través de sus consejerías de Educación y Cultura y de Ordenación del Territorio; la Diputación Provincial De Zaragoza; la iglesia, desde el Arzobispado, obispados y parroquias con los ayuntamientos, comenzaron a desarrollar programas de inversión en forma de convenios destinados a esta recuperación. Bien que, salvo casos emergentes, las inversiones eran de poca cuantía, obligando a la realización de fase tras fase de obras. La intervención de todas estas administraciones conllevó un riguroso control de las inversiones, que era prácticamente desconocido en las anteriores intervenciones, con la complejidad de los procesos subsiguientes.

Fueron también esos años los del inicio de la formación en este campo de un grupo de arquitectos y técnicos, que con ilusión acudíamos a los cursos que se programaban fuera de Aragón y en nuestro Colegio de Arquitectos, para progresar en nuestra formación, en aquellos años forzosamente autodidacta y lograda con esfuerzo personal. Las Escuelas no incluían esta disciplina. Como hoy en no pocos casos.

Desde entonces se ha avanzado mucho. Comenzamos con generalizados apuntalamientos, muy peligrosas obras de emergencia y actuaciones sobre las cubiertas -quien no acude a la gota, acude a la casa tota- y poco a poco se fue progresando. Es cierto que como hoy, con resultados a veces discutidos o muy discutibles. Pero ese proceso inicial fraguó en la consolidación de los planes de inversión y en la formación de los órganos administrativos dedicados a la protección de nuestro patrimonio, con un creciente número de técnicos en todos los campos de las posibles actuaciones.

Hoy se han conseguido finalizar restauraciones emblemáticas que están en la mente de todos, mientras que sobre muchos de los monumentos de menor rango el trabajo es constante.

Han transcurrido ya cuarenta años. Pero aún queda mucho por hacer. Todavía hay monumentos que caen, están en situación de ruina inminente, o esperan sumidos en el abandono "y la ganga viciosa del tiempo". Pese a la actual situación de crisis, es urgente multiplicar los esfuerzos. Porque solo nosotros debemos ocuparnos de nuestro patrimonio. Porque es nuestra obligación transmitirlo a nuestros hijos en las mejores condiciones posibles, ellos han de continuar este trabajo. Pero los tiempos nuevos traen situaciones nuevas. Las solicitudes de inversión por parte de los ayuntamientos se han multiplicado, mientras que ante una situación presupuestaria cada vez más difícil, las inversiones se reducen más y más, quedando no pocas solicitudes sin aprobar y teniendo que abordarse trabajos en zonas reducidas de los monumentos, con problemática continuación. El dinero siempre es el mayor problema. Y es que el establecimiento de planes de actuación estudiados y programados en el tiempo, que prescribía la ‘Carta de Venecia’ en 1972, no se ha producido nunca. Y debería de trabajarse a partir de ellos.

Es ya absolutamente imprescindible que los trabajos -en todos los casos- comiencen con una fase inicial, que estudie el monumento sobre el que se actúa, en la totalidad de las cuestiones que le afectan, siempre con equipos interdisciplinares razonablemente adaptados a las necesidades del monumento. Fase que debe de ser la base de las decisiones a tomar. A este respecto la arqueología debería de acompañar siempre a las actuaciones. Cosa que hoy no se practica en Aragón. Francia es un magnífico ejemplo a seguir, con brillantísimos resultados.

El mantenimiento de lo hecho comienza a ser ya una necesidad, que debería exigirse razonablemente en todos los casos. Como la constante publicación (Internet sería un medio excelente y económico) de lo que técnicamente se ha encontrado y hecho en las obras, y no sólo con publicaciones generalistas que enumeran y describen someramente el trabajo realizado.

Pero el mejor camino en el progreso en este campo, dada la creciente complejidad de nuestras intervenciones, es la imprescindible exigencia en la formación continua y la capacidad de todos los técnicos que intervienen en este proceso. Evitando no pocas de las situaciones actuales. A este respecto, la Institución Fernando El Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, ha acogido y financia el curso: ‘La Intervención interdisciplinar en la restauración monumental’, organizado y coordinado por Roberto Benedicto Salas y José María Valero Suárez, del 30 de marzo al 14 de mayo del presente curso. Un curso programado para incidir en la formación de los arquitectos, profesionales y técnicos de disciplinas conexas,y personas interesadas en ello, de forma clara, ordenada y sencilla.







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