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Aragón

Las carambolas de la historia

Puede que España no fuera lo que es si Fernando II hubiera tenido un hijo varón con su segunda mujer Germana de Foix, o que no hubiera nacido si hubieran vivido alguno de los cuatro hijos de Martín el Humano y no se hubiera tenido que elegir a Fernando el de Antequera...

Picos Laguna Actualizada 20/04/2015 a las 21:32
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Isidro Gil

¿Qué hubiera sucedido si Pedro I o Alfonso el Batallador o Martín el Humano hubieran tenido hijos? ¿Si Carlos de Viana no hubiera muerto joven, se hubiera llevado bien con su padre, Juan II, y hubiera sido rey de Aragón en vez de Fernando el Católico? ¿O si éste hubiera tenido hijos varones que reinaran? ¿O que su nieto Miguel no hubiera muerto bebé y hubiera reinado en Castilla y Portugal y Aragón?... El profesor de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, José Luis Corral dice que "el problema de la historia, o su ventaja, es que no tiene marcha atrás y el ‘qué hubiera pasado si’ es un ejercicio teórico sin importancia".

Cambiar la Historia o reescribirla es quizá uno de esos sueños irrealizables que muchos quisieran hacer y evitar así dolorosas tragedias que han marcado a la humanidad. "En Estados Unidos se puso de moda hace años una serie de seminarios, en los que participé en alguno, que explicaban la Historia a partir de qué hubiera pasado si hubiera sucedido otra cosa. Era algo muy bueno para enganchar a los estudiantes, y uno de los ejercicios más habituales era el de qué hubiera sucedido si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial... Bueno, en España era evidente qué hubiera pasado si Franco no hubiera ganado la Guerra Civil", dice Corral, quien insiste en que "como ejercicio teórico está muy bien para motivar a los jóvenes a estudiar Historia, pero ésta no tiene marcha atrás y por lo tanto no podemos cambiarla".

La serie de televisión El Ministerio del Tiempo bordea esta idea manteniendo que todo debe quedar como pasó para que la Historia sea lo que fue y se respete su equilibrio, porque es el que determina la estabilidad del espacio y el tiempo. Sin embargo, cómo no elucubrar qué hubiera sido de Aragón si Sancho III de Pamplona no le hubiera dejado en herencia a su hijo ilegítimo Ramiro el condado de Aragón en 1035, un territorio modesto al que después incorporó en 1043 Sobrarbe y Ribagoza tras la muerte de su medio hermano Gonzalo, que murió sin descendencia. Porque ahí nace el reino de Aragón marcado por las carambolas del azar, o del destino, que provocaron varios cambios en la línea sucesoria por la falta de herederos en la mayor parte de los casos.

La historia arranca con Ramiro I a quien nunca llegó a intitularse rey en sus documentos, pero a quien sus contemporáneos le reconocieron como tal. Murió en batalla ante Graus luchando contra los moros de Zaragoza, y sus restos se depositaron en el monasterio de San Juan de la Peña. No sabemos qué hubiera ocurrido si no hubiera sido Ramiro, indica Corral, "porque hay muy poca documentación de la época, lo que conocemos es muy poco y es del lado del poder, por lo tanto no podemos especular".

Pero como la Historia es la que fue, su hijo Sancho Ramírez consolidó el reino independiente iniciado por su padre y fue el primer monarca que usó el titulo de rey en sus documentos. Guerrero, murió ante las murallas de Huesca, la ciudad más septentrional de Al Andalus, y lo hizo sin herederos, así que fue su hermanastro Alfonso I el Batallador, que se dedicó a la lucha contra los musulmanes y llegó a duplicar la extensión del reino de Aragón tras la conquista clave de Zaragoza. Gracias a su matrimonio con Urraca, gobernó sobre León, Castilla, Toledo, Navarra y Aragón y se hizo llamar entre 1109–1114 "emperador de León y rey de toda España" o "emperador de España", lo que duró hasta que la oposición nobiliaria forzó la anulación del matrimonio. Murió también sin hijos y, en el que es uno de los episodios más controvertidos de su vida, legó sus reinos a las órdenes militares, que no fue aceptado por la nobleza que eligió a su hermano Ramiro II el Monje en Aragón y a García Ramírez el Restaurador en Navarra, dividiendo su reino.

Así que Ramiro II es otra carambola de la Historia: tuvo que abandonar los hábitos y casarse para engendrar un heredero. La elegida fue una viuda, Inés de Poitou, que ya había tenido cuatro hijos y con quien tuvo a Petronila (nacida en 1136) y tras desposarla con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona en 1137 delegó en él el poder de facto, abandonó el ejercicio de su cargo y se retiró de nuevo a la vida eclesiástica que es lo que le gustaba. Con Petronila, además, se abría una situación nueva en Aragón, ya que era "la primera vez que la sucesión aragonesa quedaba solo en manos femeninas. No había leyes escritas al respecto, pero sí existían lo que pueden considerarse unas pautas para resolver la situación. Las había fijado (en 1059) el primerrey de Aragón (Ramiro I) en el primero de los dos testamentos que otorgó. (...) Solo en el caso de que se agotara la estirpe, y era lo que sucedía en este momento, se contaba con la mujer para transmitir la ‘potestas’ regia, pero sin que la ejerciera, ya que pasaba al marido que se le eligiese, por ello era necesario buscarle consorte", señala la historiadora Ana Isabel Lapeña.

La Corona de Aragón

El hijo de Petronila, Alfonso II, fue el primer soberano de la Corona de Aragón, que reunió en la misma persona el reino aragonés y el condado de Barcelona y a esos territorios se añadieron el marquesado hoy francés de Provenza, las serranías y ciudad de Teruel y el valle de Arán. A él le sucedieron Pedro II, Jaime I el Conquistador, Pedro III el Grande, que fueron añadiendo territorios a la corona (Mallorca, Valencia; Sicilia, por la boda de Pedro III con Constanza de Hohenstaufen), establecieron los fueros, renunciaron al sur de Francia...

A Pedro IIIle sucedió su hijo Alfonso II el Franco, que conquistó Menorca, mantuvo fuertes conflictos con la nobleza aragonesa, y acabó por conceder el Privilegio General de la Unión –la Unión era una liga de nobles e infanzones aragoneses para defender sus reivindicaciones comunes de clase contra el rey–, por el cual prometía convocar anualmente en Zaragoza Cortes que serían las que designarían el Consejo del rey, y no proceder contra la Unión sin previa sentencia del Justicia del reino y con permiso de las Cortes. Se casó por poderes con la infanta Leonor, hija de Eduardo I de Inglaterra y Leonor de Castilla. El matrimonio no llegó a consumarse, porque poco antes de que esta saliera de Inglaterra, sufrió un infarto y murió. Legó los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca y los condados catalanes a su hermano Jaime, rey de Sicilia, bajo la condición de que este renunciara al reino siciliano y lo cediera a su otro hermano Fadrique.

Llegó, así, otro periodo de tranquilidad en lo que a la línea dinástica se refiere con Jaime II, Alfonso IV y Pedro IV, pero no social ni política porque éste último hizo frente a dos grandes conflictos en los que su trono y la Corona entera estuvieron cerca de extinguirse. Los reinos de Aragón y Valencia se sublevaron en 1347 con la segunda Unión, y los rebeldes fueron aplastados al año siguiente en la batalla de Épila. En 1356 estalló la Guerra de los Dos Pedros entre Aragón y Castilla, que Pedro IV solo superó gracias a que su competidor, Pedro I el Cruel, fue depuesto y asesinado en 1369. La guerra, además de arrasar el sur del reino, lo empobreció por el cobro de enormes impuestos para financiarla, y para cuya recaudación se constituyó la primera Diputación del General de Aragón en 1357. Murió en 1387. Pedro IV se casó cuatro veces y no tuvo suerte con sus hijos varones: solo le sobrevivieron dos, Juan I, que inició la costumbre de ostentar el ducado de Gerona, que murió por una caída de caballo en 1396 sin descendencia masculina, y su hermano Martín Ique le sucedió.

Con Martín I, el azar, el destino, se cebó porque de su primer matrimonio tuvo cuatro hijos y ninguno le sobrevivió y del segundo no tuvo hijos. Intentó legitimar a su nieto bastardo Fadrique de Luna (de Martín el Joven y la noble siciliana Tarsia Rizzari), pero no encontró el apoyo político suficiente. Moría en 1410 sin sucesor, abriéndose un interregno de dos años en el que se disputaron el trono hasta seis pretendientes, entre ellos su nieto. Con un panorama en la Corona de Aragón muy confuso, lleno de batallas y enfrentamientos entre nobles y por territorios. El conflicto alcanzó su solución en 1412 tras el Compromiso de Caspe, por el que se eligió como nuevo rey a Fernando I, hijo de la hermana de Martín, Leonor de Aragón, miembro de la rama castellana de los Aragón. Y puede que la Historia hubiera sido distinta si se hubiera torcido, si hubiera vivido alguno de sus hijos o tenido otro de su segunda mujer, pero no fue así. Lo sucedido en Caspe es muy debatido entre historiadores, porque para algunos fue el punto de partida de la caída del principado de Cataluña; para otros el inicio de la unión décadas después de las Coronas de Castilla y de Aragón; y quien cree que esto hubiera sucedido de todas maneras. En su breve reinado (dos años) impulsó una profunda reforma administrativa y fiscal para superar las consecuencias de una larga crisis institucional.

Y si Fernando II...

Hasta aquí, todo aparentemente controlado, porque cualquier pequeño desliz no nos hubiera separado mucho del devenir que tuvimos, y lo que realmente hubiera cambiado la historia de España es si Fernando II, nieto del de Antequera, hubiera tenido un hijo varón de su segundo matrimonio con Germana de Foix, tras Isabel de Castilla, en lo que parece una jugada del rey para ‘asustar’ a Francia y a Castilla. Era un as en su manga, pero nunca desheredó de Aragón a su nieto, el futuro Carlos I. José Luis Corral, sin embargo, sostiene que si hubiera vivido el varón que nació (murió a las 24 horas de nacer) "hubiera sido rey de Aragón, pero no de Castilla, que era Juana la Loca y Felipe el Hermoso y la unión dinástica que encarna Carlos I (y V de Alemania) no hubiera existido y las coronas se hubieran separado o hubieran sido estados diferentes no se sabe hasta cuándo". "El príncipe Miguel, hijo de Isabel de Castilla (hija de Isabel y Fernando) y Manuel de Portugal, hubiera sido el descendiente de los Reyes Católicos y por lo tanto el heredero de Castilla y Portugal, pero murió y todo hubiera sido distinto y habrían sidos dos estados diferentes, uno Castilla y Portugal y otro Aragón. Pero no deja de ser una especulación", insiste. Además, "si Felipe II o Felipe III o incluso Felipe IV, después, hubiera decidido incorporar Portugal como reino de Castilla en 1580 (Portugal durante mas de un siglo estuvo en la corona Hispánica), a lo mejor, si hubiera colocado a partir de ese 1580 la capital del reino en Lisboa, que era lo lógico, porque era la puerta a América, hoy estaríamos en otra cosa y no se llamaría España, podría llamarse Hispania o Iberia.... y sería todo un país y se hubieran cambiado las relaciones con Inglaterra, porque no hubiera tenido el apoyo de las fortalezas en Portugal....".

Pero ese ‘y si...’ no existe y las cosas son como son gracias a esas carambolas que hicieron que todo encajara. O, ¿por qué no? de alguna puerta de un secreto Ministerio del Tiempo.







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