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Ramón María Nogués, antropólogo y biólogo: "La libertad a veces conlleva ansiedad en la elección"

Catedrático emérito de Antropología Biológica en la Autónoma de Barcelona, donde nació en 1937, es el ponente del ciclo Mente, trascendencia y espiritualidad, cuya segunda sesión se celebra hoy a las 19.30 en el Centro Pignatell.

Chema R. Morais Actualizada 17/04/2015 a las 21:06
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Nogués, a las puertas del Centro Pignatelli de Zaragoza.Oliver Duch

-¿Todo lo que pasa por nuestra mente debe ser trascendente?
No. Yo hablo de trascendencias como experiencias que pueden considerarse de lujo. Pero no hay que estar siempre trascendiendo.


-Pero de esas experiencias de lujo tenemos poquitas...
Bueno, hay algunas en grado excelente y otras mezcladas con la vida diaria. La sensibilidad estética la practicamos intensamente cuando vamos a un concierto, pero también cada día nos gusta que nuestra habitación o lo que llevamos puesto tenga un grado de estética.

-Y ¿todo lo que pasa por nuestra mente tiene que ser espiritual?
No. La palabra espiritual es muy amplia y difícil de definir. Cuando hablamos de espiritual nos referimos a deambular por las bases o los límites de la vida.


-¿Se puede ser espiritual sin ser religioso?

¡Sí! Y hoy este tipo de espiritualidad no específicamente religiosa gana enteros. Hay grupos a los que les gusta señalar esta diferencia.

-Y a usted, como escolapio, ¿qué le parece esto?
Es una realidad. Y no me parece mal. Hay quien puede sintonizar con las preocupaciones espirituales, no específicamente religiosas, y en algún momento le puede parecer natural conectar con lo religioso desde ahí.

-¿Qué hacemos para conseguir trascender?
Hay muchos métodos. Normalmente, las experiencias trascendentes las logramos cuando nos miramos a nosotros mismos, a través de ejercicios de contemplación, interiorización o meditación.

-¿Qué nos pasa hoy? ¿Vemos trascendentes cosas que no lo son?
Nuestras sociedades son variadas y confusas. Han entrado en crisis los valores más clásicos y, por tanto, casi todos los valores se han puesto al mismo nivel, lo que provoca confusión. Hay un elemento de liberación, pero también otro de confusión. Por ejemplo, los adolescentes tienen hoy difícil encontrar referentes. Y sufren en las grandes cuestiones de su vida, como elegir un oficio. Tienen más libertad, sí, pero la libertad a veces supone ansiedad en la elección.

-La semana pasada habló en Zaragoza sobre la construcción del yo. ¿Hay mucho ‘yoísmo’?
La sociedad occidental ha privilegiado la experiencia individual frente a la comunidad. Esta personalización del yo, si se produce en un clima en el que además se reivindica la libertad, puede dar lugar a situaciones exageradas de egocentrismo. El equilibrio entre el egocentrismo y el adocentrismo, el dedicarse a los otros, es un arte, y hay que intentar encontrarlo.

-Usted enseña genética. Esto ¿no es un contrasentido? ¿Un religioso enseñando ciencia?
No, es perfectamente compatible. Y en el medio universitario, también. A pesar de que la mayor parte de las personas con las que me he relacionado no suelen ser explícitamente religiosas, siempre he encontrado mucho respeto.

-Y ¿cómo casan dos de sus especialidades: la teología y la biología?
La biología, como toda ciencia, es un intento de describir la realidad. Pero la vida tiene otras cosas. La ciencia se pregunta cómo son las cosas y cuando empiezan los porqués, se aleja la descripción y entran la teología o la filosofía.

-También ha participado en comités de Bioética. ¿Puede haber algo más difícil que decidir sobre la vida de una persona?
Aquí sí hay más problema porque las éticas sobre estos puntos son muy finas. Estos comités actúan por reflexión, pero después de reflexionar, hay una práctica democrática. Y, claro, votar las verdades suena un poco raro. Pero estas sociedades plurales en las que estamos tienen que funcionar por consensos de este tipo, cada uno debe aportar sus convicciones e intentar llegar a un acuerdo, que no siempre es fácil.







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