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Pintura

Los orígenes de un pintor imprescindible

29 obras de Francisco de Goya y Lucientes para entender su formación.

Ricardo García Prats Actualizada 14/04/2015 a las 22:43
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'Aníbal vencedor, que por primera vez miró Italia desde los Alpes' (1770-1771) de Goya.Archivo Ibercaja

Francisco de Goya es uno de los artistas más estudiados de todos los tiempos. Baste citar exposiciones recientes, con sus respectivos estudios, sólo en Zaragoza, para confirmar lo dicho: ‘La cartuja de Aula Dei de Zaragoza’, de 1986, ‘Goya pintor religioso’ de 1990, ‘Goya’. Pabellón de Aragón. Expo Sevilla 1992, ‘Goya 250 aniversario’ de 1996, ‘Goya y el palacio de Sobradiel’ de 2006, ‘La memoria de Goya’ de 2008, ‘Goya y el mundo moderno’ de 2008, ‘Goya e Italia’ de 2008. Todas estas publicaciones se han producido en Aragón, ha habido otras en diversas partes y estudios como el de Juan Carrete Parrondo sobre ‘Goya. Estampas, grabado y litografía’, 2007. Hay que destacar que en muchos de estos proyectos, además de otras instituciones políticas y culturales, ha estado implicada Ibercaja. Interés que también se aprecia en la búsqueda y adquisiciones de obras de Goya.

Se presenta, coincidiendo con la última renovación del ahora Museo Goya. Colección Ibercaja una exposición de Goya en sus años de formación en Zaragoza, con viajes esporádicos a Madrid, el viaje a Italia, regreso a Zaragoza con sus primeras realizaciones importantes, muchas de las cuales se encuentran en esta exposición de 29 obras, muy importante para comprender el despegue posterior del pintor de Fuendetodos. La muestra y el catálogo libro que la acompaña están coordinados por importantes estudiosos de Goya, destacando la asesoría científica de Manuela Mena y la colaboración del Museo Nacional del Prado. La exposición comprende obras de todos esos años de formación que llegan hasta 1775, fecha en que marchó a Madrid para destacar como uno de los grandes pintores de la historia. La decisión de triunfar en la pintura la tomó Goya en sus años de Zaragoza.

Esta exposición sirve también para investigar y afinar en la autoría de algunas obras que hasta ahora se han venido atribuyendo a Goya, muchas veces sin mucho fundamento. En realidad es difícil saber –con exactitud, dice Mena– qué obras pintó Goya antes de su marcha a Italia. Y es que el influjo del clasicismo y la antigüedad, la monumentalidad y la naturalidad en las composiciones sería inexplicable sin la estancia de casi dos años entre 1769 y 1771 en Italia, influencias con las que se manifiestan en las pinturas de la cartuja de Aula Dei, así como en algunas pinturas devocionales que se encuentran en la exposición, como ‘Virgen con el Niño’, ‘La Piedad’, ‘La Virgen con San Joaquín y Santa Ana’, ‘Sacrificio de la hija de Jefté’, ‘Lot y sus hijas’, ‘El sacrifico a Vesta’, ‘Huida a Egipto’ y ‘La muerte de San Alberto de Jerusalén’. Estas pinturas siguen la estela iniciada en Italia que se manifiesta en la presentada al concurso de la Academia de Parma, ‘Aníbal vencedor, que por primera vez miró Italia desde los Alpes’, una de las obras más destacadas de la exposición, datada en 1770-1771. Además de la obra de Aníbal prestada temporalmente al Prado, apreciamos uno de los dos bocetos existentes, se exhibe el dibujo con la idea del cuadro, correspondiente al “Cuaderno italiano” y comprendemos también las influencias clásicas como la del ‘Galo moribundo’ en la figura del río Po vista de espaldas abocando el agua de una ánfora.

Interesante es también el boceto de ‘La Gloria’ o ‘Adoración del nombre de Dios’ que Goya pintó después en el coreto de la basílica del Pilar, así como dos dibujos preparatorios en sanguina y clarión. Dos dibujos del ‘Cuaderno italiano’ dan testimonio de las pinturas murales sobre la Vida de la Virgen de la cartuja de Aula Dei. Así, con estas tres grandes obras queda representada la transformación de Goya en un gran pintor, ya dispuesto a marchar a la Corte y a Madrid, cosa que se produjo, tras su casamiento con Josefa Bayeu en 1773, en 1775. A esta época corresponde también el ‘Autorretrato’ que se data entre 1775 y 1780.

Ausencias con intención

La exposición también muestra lo que no está. No están las obras que los científicos van desechando como obras de Goya hasta momentos recientes. José Ignacio Calvo desmonta la adjudicación a Goya de los conjuntos del Palacio de Sobradiel y de Remolinos, que los adscribe al pintor barbastrense Diego Gutiérrez. Juan C. Lozano deja de adjudicar a Goya, las pinturas de las pechinas de San Juan el Real de Calatayud y de la ermita de la Virgen de la Fuente de Muel. Falta de documentos, adscripciones improvisadas, falta de similitud y analogía y contradicciones van poniendo las cosas en su sitio. No obstante las investigaciones siempre siguen abiertas. En consecuencia con estos planteamientos, no están en la exposición dos pequeñas obras, ‘San Joaquín’ y ‘Santa Ana’, que posee el Museo Goya. Colección Ibercaja, procedentes del palacio de Sobradiel, no están en la exposición temporal.

Una exposición interesantísima para comprender la formación de Goya, las influencias de Luzán, de Bayeu, de Mengs, de Giaquinto, de gótico naturalista aragonés, de Italia, de su clasicismo, del barroco tardío, del rococó, del neoclásico.







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