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A fondo

Más empleo, sí... pero ¿a qué precio?

El año 2014 se cerró con una esperanzadora, aunque leve, reducción del paro que se tradujo en 253.627 desempleados menos en España y 9.260 en Aragón. El repunte de la contratación llega tras unos años
de contención salarial y una reforma laboral que hace que la situación de los nuevos trabajadores esté fuertemente marcada por la crisis.

R. C. L. 14/01/2015 a las 02:00
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"Antes de la crisis, había gente que creía que los salarios no podían bajar", recuerda Manuel Pina, secretario de acción sindical de CC. OO. Aragón. Cuando la preocupación principal de una economía es una tasa de paro desorbitada, puede parecer secundario preocuparse por la evolución de los salarios, pero una vez que parece que comienza a repuntar el empleo –en 2014 se registraron en España 253.627 nuevos contratos, 9.260 de ellos en Aragón–, cabe preguntarse si los pasados ajustes salariales eran procedentes y, también, en qué condiciones se producen esas nuevas contrataciones.

"Si se hubiera seguido aumentando salarios, el incremento de parados hubiera sido mayor, porque la lógica de mercado es que hay que ajustar vía precio o vía cantidad", explica el director general de Economía del Gobierno de Aragón, José María García. Que esa lógica funciona parece corroborarlo en Aragón el dato de diciembre relativo al sector servicios, en particular el comercio y la hostelería, donde se crearon 2.5154 empleos con un salario que a lo largo de 2014 –según estimaciones de UGT– rondaba los 850 o 900 euros brutos mensuales.

Manuel Pina incide en que, dentro del sector servicios, hostelería y comercio "siempre han tenido salarios bajísimos", aunque hay otros "subsectores en los que se dan sueldos altísimos, como en telecomunicaciones". Para los primeros, la situación desde que empezó la crisis es dramática, puesto que "no es lo mismo que te bajen o te congelen el sueldo cuando cobras 1.200 euros que cuando cobras 700", dice.

Desde UGT Aragón, José de las Morenas comenta que el rango salarial medio de Aragón no refleja bien la situación, porque hay muchos contratados con niveles muy inferiores a esa media. "La campaña ‘Ponte a 1.000’ que hicimos en 2007-2008, hoy sería un éxito total", asegura, ya que muchos desearían poder llegar a un nivel salarial de lo que se dio en llamar mileurista.

De las Morenas subraya que, aparte de que el salario que se ofrece ahora "se va acercando mucho a los 600 y pico euros del salario mínimo", la situación para los nuevos contratados se recrudece porque se está viendo "una diferencia en el modelo de contratación, ya que estamos pasando de un contrato a tiempo parcial voluntario a uno temporal que se está imponiendo, con el que se están haciendo horas extraordinarias que no se cobran".

Cuestión que, según Manuel Pina, se ha "propiciado desde lo político", en alusión a la última reforma laboral. "Está enfocada a la contratación a tiempo parcial, pero antes era obligatorio fijar en el contrato el horario de trabajo y ahora no, y además se hace una diferenciación entre horas complementarias y horas extras, que tienen diferente consideración". Las complementarias han de ser fijadas mediante negociación entre el trabajador y la empresa, para responder a necesidades de mano de obra que le surjan a esta y sean diferentes a las iniciales del contrato. Las extras, que no es necesario fijar, simplemente, "se pagan cuando se hacen". El problema, especifica Pina, surge porque así "es más difícil detectar cuándo hay fraude" y se dan dos peligros: que con un contrato a tiempo parcial acaben haciéndose muchas horas de más no siempre retribuidas –ni cotizadas, agrega José de las Morenas– y que haya quien ofrezca contratos por un número reducido de horas con una remuneración adicional "por debajo". "En el sector industrial se da bastante poco, en construcción no se daba y ahora se da algo, pero en servicios, sobre todo en hostelería y comercio, pasa mucho", asegura Pina.

De las Morenas aporta un dato preocupante: "En el ámbito nacional, en 2014 unos 600.000 trabajadores habían hecho extras y un 52% no había percibido remuneración por ellas". Pero lo peor, agrega, es cuando se hacen horas por las que no se cotiza, ya que el trabajador además "pierde garantías" en cuanto a prestaciones en caso de baja o desempleo, agravio añadido a la falta de retribución.

No obstante, el veterano abogado laboralista Ignacio Falcó matiza que aunque haya "excepciones" que abusen de las circunstancias, "no hay que demonizar a todos los empresarios".

Ignacio Falcó rompe una lanza, por ejemplo, por los "emprendedores que se aventuran a crear un nuevo negocio porque ahora tienen costes laborales bajos", y recurren a los salarios básicos y los contratos parciales porque "no pueden hacer contratos mejores hasta saber si su empresa va a salir adelante". Opina que habría que preocuparse si pasado un tiempo esas empresas prosperan y eso no repercute en mejores condiciones para sus empleados, y que, en cualquier caso, "habría que ir contra los que hacen esos contratos sin tener necesidad de apurar tanto".

En la misma línea, el director general de Economía de la DGA, José María García, señala que "al crearse ahora empleo a ritmo mayor, el primer día no se hacen contratos a tiempo completo indefinidos, primero se prueba empezando por un tiempo parcial o un trabajo temporal y, si la empresa es capaz de rentabilizarlo, lo normal es que después ese puesto se consolide" de forma más favorable.

Además, asegura que la crisis "ha descendido la temporalidad de los contratos en España de aproximadamente un 33 a un 25%, y en Aragón de un 28 a un 22%, porque a lo largo de la crisis los contratos temporales y los de menos horas son los que antes han desaparecido en las empresas que han tenido que ‘encogerse’, que han mantenido el núcleo duro" de su plantilla.

"Algo está cambiando"

Ignacio Falcó, con una larga experiencia en la negociación de convenios colectivos, constata que es "una triste realidad que las empresas que han logrado sobrevivir a la crisis sin cerrar lo han podido hacer a base de penosas reducciones en los ingresos de los trabajadores". Elogia el "ejercicio de responsabilidad importante" hecho por los sindicatos porque "la esperanza es que si el negocio resurge se pueda repartir". De hecho, apunta que tal vez 2015 no sea "espectacular, pero advierto que algo está cambiando".

Manuel Pina, de CC. OO., comenta que –tras un 2013 con una situación "prácticamente de congelación" salarial– en el segundo semestre de 2014 se ha empezado a notar "un ligerísimo repunte, apenas unas décimas" en la mejoría de los salarios en la negociación de convenios. Recuerda que el ‘año negro’ en nuestra Comunidad fue 2010, "en el que por primera vez la subida salarial estuvo por debajo de la inflación".

Lejos de la Expo

En Aragón se notó más tarde que en el resto de España la tendencia al declive de los salarios, en gran medida, por el efecto Expo, que explica, además, que aquí los sueldos de la construcción superasen a los del sector servicios, a diferencia del resto del país. "Con la Expo hubo muchas obras y se pagaron salarios muy desorbitados", recuerda José María García. Manuel Pina, por su parte, indica que actualmente en la construcción ya "nadie cobra por encima de convenio".

No sólo este sector ha sufrido los efectos de la depresión económica. Pina cuenta que "lo que más presiona a la baja los salarios es la crisis. Ha habido 6 millones de parados, 133.000 de ellos en Aragón, y la famosa frase de ‘si no quieres esto, tengo 100 esperando en la puerta’ es real; la gente está dispuesta a asumir incluso cosas ilegales". "Que haya personas con trabajo estable a las que se les pretenda pagar poco más de 600 euros es consecuencia pura y dura de la crisis, pero las reformas laborales han ayudado", asegura.

La coyuntura ha favorecido, además, que se estén produciendo desigualdades entre trabajadores de la misma empresa, a raíz de cambios en los convenios que han dado lugar a que los más antiguos posean ventajas que ya no están al alcance de los de nuevo ingreso.

"Más que dobles escalas salariales, lo que se ha visto es que las empresas han buscado quitar cosas como la antigüedad y otras condiciones que también marcan diferencias de modo indirecto, como el cobro o no del 100% del salario si se está de baja", dice Pina. Ventajas "que se han mantenido a quienes ya las tenían, pero que no tienen los nuevos contratados", cosa que pasa "más en convenios de empresa que en los sectoriales".

Desde la DGA, José María García admite que también puede detectarse ahora que "el ascenso de categoría salarial vaya más lento y sea más difícil llegar a un puesto de mayor remuneración". Cita como ejemplo que "un becario de tres meses ahora esté un año, que es una barbaridad".

Pese a todo, Pilar Giménez, directora de zona de la agencia de colocación Randstad en Aragón, dice que no están "detectando condiciones más precarias" en las recientes ofertas de empleo: "No es que los contratos sean más precarios, es que son más cortos y eso afecta a la parte retributiva". Dice que no hay "empeoramiento" porque "los mínimos están marcados en los convenios colectivos". Sí menciona que puede notarse alguna diferencia, por ejemplo, entre los salarios de nuestra Comunidad y los de otras, como ocurre con el sector industrial, "en el que Navarra tiene retribuciones más altas".

Menos poder de compra

Añadido está el problema del poder adquisitivo del sueldo conforme a las circunstancias. En España, los incrementos de sueldos se han estado vinculando al Índice de Precios al Consumo (IPC), pese a lo cual, según el II Monitor Adecco sobre salarios (hecho público a mediados de 2014), el poder adquisitivo de los aragoneses había caído un 7,9% entre 2008 y 2013, y alcanzaba un retroceso del 9,8 si se tomaba el periodo desde 2010.

CC. OO. corrobora que hubo una pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores de 2010 a 2012, y señala que en 2013 y hasta junio de 2014 hubo "un mantenimiento", pero sólo gracias a la caída del IPC. Por ello, se da la situación de que quienes antes "con sueldos muy bajos no eran personas pobres, porque podían vivir con lo que ganaban, aunque sin lujos, con la crisis están llegando a tener verdaderas dificultades para pagar sus recibos. Y no digamos ya quienes tienen contratos parciales con los que pueden ganar unos 400 euros al mes...", expone Pina.







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