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​El poeta que anticipó su largo adiós

En la construcción de su personalidad, Boris Vian fue muchas cosas: ingeniero, actor, compositor e intérprete , trompetista y crítico y divulgador de jazz, dramaturgo y autor de novelas autobiográficas y de la serie negra, con algún aroma sexual, más o menos escandaloso o polémico.

Antón Castro 10/01/2015 a las 02:00
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Retrato del escritor como músico de jazz en 1948. Era poeta, cantante, actor, ingeniero...Studio Harcourt

Es evidente que el poeta escribe / A golpes de inspiración / Pero hay gente a quien no les afectan los golpes", redactó Boris Vian (1920-1959) en ‘Arte Poética’, en el libro ‘Cantinelas en jalea’, uno de los dos que publicó en vida; el otro fue ‘Barnum’s Digest’, dedicado a la actriz Martine Carol, a la que algunas llamaron la "Marilyn de Francia". Boris Vian fue un personaje complejo. Y a la vez fascinante, sumamente atractivo. Aunque nació en una familia rica y tuvo una infancia feliz, pronto descubrió el lado oscuro del destino: su padre, traductor de inglés y alemán y un gran lector, fue asesinado en una tentativa de robo.

A la par, desde muy pronto descubrió que tenía una salud débil: moriría antes de los 40 en el pase privado de la adaptación de una de sus novelas: ‘Escupiré sobre vuestras tumbas’. En la construcción de su personalidad, Boris Vian fue muchas cosas: ingeniero, actor, compositor e intérprete (su canción ‘El desertor’, no siempre comprendida, es un hito que aún se sigue cantando y que ha grabado no hace mucho Juliette Grecco), trompetista y crítico y divulgador de jazz, dramaturgo y autor de novelas autobiográficas y de la serie negra, con algún aroma sexual, más o menos escandaloso o polémico.

Pero quizá, como intenta demostrar Juan Antonio Tello, profesor en Tánger y vate y traductor, nacido en La Almunia de Doña Godina, Vian fue ante todo poeta. Poeta apasionado, sarcástico, provocador. Poeta que experimentaba con el lenguaje, poeta burlón, poeta que insistía en descubrir las claves de la lírica, de ahí que escribiese tanto sobre la musa, que se dirigiese a ella en varias ocasiones, que ensayase diversas poéticas y que dialogase con algunos de los maestros: Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé, Jean-Arthur Rimbaud o Charles Baudelaire, a quien le pide disculpas por su insolencia.
Boris Vian, que fue un maestro de la sátira e intuyó algunos de los vericuetos ingeniosos del OULIPO (Raymond Queneau fue uno de sus mejores amigos), arremetió algunas veces contra Jean Paul Sartre (que tuvo una aventura con su primera esposa, Michelle Léglise, la madre de sus dos hijos), contra Simone de Beauvoir y, muy especialmente, contra Paul Claudel. Tampoco le tenía especial cariño a un autor de vanguardia que estuvo de moda en España en los años 20: Paul Fort, como lo estuvieron Francis Jammes o Jules Supervielle.


Boris Vian, antes de publicar sus dos poemarios, escribió mucha poesía: redactó entre 1940 y 1946 sus ‘Cien sonetos’, que es un auténtico ejercicio de dominio de la rima, del ritmo, de la métrica y un catálogo de asuntos que le preocuparon: los sueños y las pesadillas, la Francia de la Ocupación, el destino de algunos compañeros y amigos, el amor, la lotería, la pura provocación. Estos cien textos le permitieron experimentar, divertirse con las palabras, disfrutar mucho y encontrar un modo de expresión más o menos personal. La herencia simbolista está clara, así como algunos influjos surrealistas, aunque poco a poco halla su norte, y en él hay también un camino sinuoso (y obtuso,como se lee en un texto sobre las lesbianas) para el erotismo, que se verá con nitidez en el ya citado ‘Barnum’s Digest’, que surgió de la colaboración con el artista Jean Boullet.


Sus poemas nacieron de los dibujos de Boullet y tienen un espírito entre mítico, circense y burlesco: hay sirenas, hermanos siameses, mujeres barbudas, hermafroditas, había una mujer grifo que exhibía sus garras, etc. De esta serie es un poema que nos incumbe: ‘Con cuernos’, una glosa personal del mito de Carmen de Próspero de Merimée. Dice: "Carmen-la-puta, cigarrera (un eufemismo más) / Fue sinónimo del amor pasión / Y bajo la influencia del sol de España / De la excitación de los pimientos picantes, / De Valladolid y los escarceos / De las corridas de cornudos cercados por barreras / No podíamos verla sin desear / Banderillearla en ese mismo instante". Parece un retrato cruel o provocador que anuncia algunas de sus líneas de escritura. Boris Vian no era nada complaciente.


En ‘Cantinelas en jalea’, hay muchas otras cosas: recuerdos de infancia, alguna que otra burla (quizá pueda leerse así ‘Los mares de China’, destinado a Simone de Beauvoir), un homenaje a Édith Piaf, poemas brillantes y jocosos como ‘Primer amor’ ("Cuando un hombre ama a una mujer / Primero, la sienta en sus rodillas / Tiene cuidado de levantar el vestido / Para no arrugarse el pantalón..."), fábulas como la del unicornio... En su entrega póstuma, ‘Última colección’, se recogen algunas composiciones excepcionales como el citado ‘El desertor’ o ese poema premonitorio que empieza así: "Moriré de un cáncer de columna vertebral / Será en una noche horrible / Clara, cálida, perfumada, sensual / Moriré de podredumbre..."

La ‘Poesía Completa’ de Boris Vian, que publica Renacimiento, ha supuesto un trabajo de más de una década para Juan Antonio Tello. Como él ha creado palabras, neologismos, juegos léxicos, algo que se aprecia con nitidez en esta edición bilingüe. "Un poeta / Es un ser único / en montones de ejemplares / que no piensa más que en verso / Y no escribe más que en música..." Ahí, en el fondo, Boris Vian esbozó un autorretrato tan exacto como soñado.







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