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Crisis bajo la carpa

​Nubes sobre el Circo del Sol

Tras 30 años de éxitos, la compañía trata de sortear la crisis con menos acróbatas y payasos. Su dueño, Guy Laliberté, busca nuevos negocios.

10/01/2015 a las 02:00
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Una acróbata ensaya 'Kooza', vuelta a los orígenes de la compañía.Efe

El prolífico Guy Laliberté, el hombre que salió de casa a los 18 años dispuesto a recorrer el mundo haciendo piruetas, ha vuelto a echarse a la calle esta vez en busca de inversores. El empresario, filántropo, jugador de póquer, turista espacial y director ejecutivo francocanadiense que ilustra como nadie el espíritu emprendedor y el enorme poder de los sueños, se ha visto obligado a idear nuevas estrategias con las que reinventar su exitoso Circo del Sol, ahora abrumado por la crisis.

El negocio, que nació hace treinta años de la mano de un grupo de artistas callejeros de Montreal y llegó a facturar en un año 700 millones de euros, no pasa por su mejor momento, de manera que la compañía ha decidido desempolvar la máxima que la colocó en la cima del éxito:"Mañana es distinto de hoy, la innovación debe ser constante".

Tratando de evitar el desastre, Laliberté trabaja ya en un plan anticrisis que pretende achicar pérdidas reduciendo el número de espectáculos (llegó a tener 22 en marcha), ampliando el campo de negocio a musicales y eventos especiales y primando las actividades comerciales bajo la marca ‘Circo del Sol’ frente a los acróbatas y los payasos. Por ejemplo, pensó que era excesivo que hubiera seis contorsionistas en uno de sus shows de Las Vegas.

Pequeños espectáculos de cabaret en hoteles, programas infantiles de televisión y parques temáticos y películas también estarían en el punto de mira de Laliberté, empeñado en mantener vivo un imperio que durante décadas ha sido ejemplo recurrente en las escuelas de negocios.

Pero, ¿qué ha pasado para que un proyecto que consiguió apuntalar a este saltimbanqui callejero de 55 años –a quien sus 4.000 empleados aún llaman ‘Rey Sol’– en la lista Forbes, se tambalee? "Las cosas cambian, y si la compañía lleva ya tiempo sin cumplir con las metas que se había fijado; si ha dejado de tener el éxito abrumador que la acompañaba para comenzar a cosechar algún que otro fracaso, y ve que no hay posibilidades de expansión por la vía convencional, es el momento para tomar una decisión antes de que la imagen de marca se desvanezca. Lo importante es que, con esa marca, aún puedes entrar en otras áreas de negocio con garantías de éxito", asegura José Villaverde, catedrático en Economía Aplicada de la Universidad de Cantabria.

Sin beneficios

Las cosas ya comenzaron a pintar mal el año pasado. En los primeros días de 2013 la empresa circense anunció su intención de despedir a 400 trabajadores, el 10% de su plantilla, en un intento por reducir costes. Por primera vez en su historia, los reyes de la cultura del entretenimiento cerraron 2012 sin conseguir beneficios, por más que hubieran facturado 760 millones de euros y siete millones de personas hubieran pagado una entrada para ver alguna de sus franquicias.

Los expertos aseguran que su rápida expansión y ese halo de triunfo que ha envuelto a la compañía desde su creación se han encargado de enmascarar problemas mucho más serios a los que ahora debe enfrentarse. Incluso después de ver cómo la empresa se depreciaba el 20% en solo cinco años, el circo de Laliberté siguió expandiéndose olvidando la envergadura de una crisis que estaba siendo capaz de destruirlo casi todo.

De los seis espectáculos creados entre 2006 y 2012, cinco fracasaron o recibieron críticas nefastas. Las últimas propuestas comenzaban ya a aparcar las acrobacias en favor de un proyecto más propio del music-hall y a la gente aquello no le gustó. Al fin y al cabo, las habilidades de esos hombres que parecían volar seguían siendo su principal reclamo y la mayor parte del público buscaba esa magia cuando se decidía a desprenderse de una nada despreciable cantidad de dinero para sacar una entrada.

Fue entonces cuando la compañía llamó a rebato a sus ejecutivos para analizar la situación y concluir que el público ya no era capaz de distinguir las diferencias entre unos y otros; que se estaba corriendo la idea de que si uno había visto un espectáculo del Circo del Sol, los había visto todos, y que había llegado el momento de tomar medidas. Y encima en 2013 sufrieron un tremendo revés moral por la muerte de la acróbata Sarah Guyard-Guillot durante una actuación.

Después de años de éxito y una vida llena de excentricidades que incluyen un viaje a la Estación Espacial Internacional previo pago de 24 millones de euros, la crisis ha devuelto a la tierra al Rey Sol con una misión urgente: recuperar el brillo de la icónica carpa azul y amarilla que levantó hace ya tres décadas antes de que se venga abajo.

Hace unos meses, Laliberté habló por primera de los planes de futuro. "Deberíamos haber estado más atentos, pero no hay que alarmasre, hay gente que llama a la puerta", dijo tranquilamente dando una calada a un Gauloise. Con esa actitud, uno imagina que será complicado tumbarle.







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