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Historia

El regreso del 'mediohombre'

Cojo, manco y tuerto, Blas de Lezo es uno de nuestros marinos más importantes y desconocidos. Madrid ha colocado por fin una estatua. Barcelona está que trina.

08/01/2015 a las 02:00
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Aunque descendía de una familia acomodada, la de Blas de Lezo (San Sebastián, 1689) no fue ni mucho menos una vida cómoda. Desde que embarcó a los 12 años como guardamarina en un buque de la Armada francesa, participó en un sinfín de batallas navales que le dejaron primero sin una pierna, luego sin un ojo y finalmente sin un brazo. Cuando cumplió los 25 tenía el cuerpo tan cercenado por las heridas de guerra que entre sus compañeros era conocido como ‘Mediohombre’.

A Lezo, sin embargo, no le quedó tiempo para entretenerse rumiando sus desgracias, ya que sobre él recayó un encargo que a la postre le haría pasar a los libros de historia: defender Cartagena de Indias, entonces propiedad de la Corona española, del mayor ataque naval que se había conocido hasta entonces. Su habilidad táctica le permitió repeler con éxito la invasión de una expedición británica cuyas fuerzas eran abrumadoramente superiores (195 navíos frente a 6).
Lezo no tuvo tiempo de saborear su éxito, ya que murió seis meses más tarde debido a la peste. A día de hoy ni siquiera se sabe dónde está enterrado.

El aguerrido marino, que nació en Pasajes de San Pedro, entonces un barrio de San Sebastián, no había tenido hasta ahora mucha presencia. Es cierto que algunas calles llevan su nombre y que su figura puede verse junto a la de Elcano y otros ilustres nautas en la fachada de la Diputación de Guipúzcoa, pero nada comparable al protagonismo que han tenido en otros países héroes navales como Nelson. Dispuesta a enmendar esa amnesia, una plataforma recabó fondos para erigir un monumento en la madrileña plaza de Colón. El bronce, de tres metros de altura, se alza en las proximidades de la figura de Cristóbal Colón y fue inaugurado hace diez días en presencia del rey don Juan Carlos. La estatua no tenía otro objeto que recordar la gesta de Mediohombre, a quien muchos consideran responsable de que en la mayor parte del sur de América se hable castellano en vez de inglés. Lo explicaba su principal impulsor, Íñigo Paredes, en la cuenta que se abrió para recaudar fondos: "Queremos recuperar la memoria de aquel almirante que, ante una flota mucho mayor, hizo gala de un heroísmo inigualable".


El independentismo catalán ha visto en el gesto una ocasión de oro para sacar a relucir sus agravios: "¿Qué dirían si Barcelona homenajeara a una persona que hubiera bombardeado Madrid?", se preguntaba el primer teniente alcalde de Barcelona, Joaquim Forn (CiU). El representante del partido que gobierna la ciudad justificaba así su apoyo a la moción contra el monumento al marino guipuzcoano presentada por grupos municipales de corte independentista.


"Capitaneó el bombardeo"


La resolución, que insta al Ayuntamiento de Madrid a retirar la estatua, está gestada por Democracia Catalana, el partido del expresidente del Barça Joan Laporta. El ahora concejal argumenta que "Blas de Lezo tuvo un protagonismo destacado" en el asedio a Barcelona de 1714 al haber "capitaneado el bombardeo". "Homenajear al cómplice de la pérdida de nuestras libertades, de la prohibición de nuestra lengua y un largo etcétera, no nos parece de justicia", argumenta Laporta.

Es cierto que Blas de Lezo participó en el asedio a Barcelona, pero su papel no alcanzó especial relevancia. Los historiadores coinciden en que el marino estaba en los albores de su carrera y recuerdan que la escuadra que bloqueó por mar la ciudad era dirigida por el almirante Manuel Pérez Pintado. "Blas de Lezo participó en uno de los episodios de la Guerra de Sucesión, no en una batalla contra Cataluña", denuncia Julio Santana, secretario de la Asociación Cultural Blas de Lezo. "Y lo hizo además luchando codo con codo con multitud de catalanes porque aquello fue una guerra civil, no una ofensiva contra Cataluña".

En la incertidumbre que se abrió tras el fallecimiento sin descendencia de Carlos II, Cataluña escogió la causa de los Austrias frente al poder emergente de quien terminaría siendo el primer Borbón español, Felipe V. Barcelona, que estaba bajo el dominio de los partidarios de los Habsburgo, fue sitiada por las tropas hispano-francesas hasta que terminó capitulando en 1714 y sometiéndose a la autoridad del nuevo rey. El nacionalismo catalán aprovecha el tricentenario de aquella derrota para barrer para casa en una postura que suscita el rechazo general de la comunidad académica. "La petición es un enorme ridículo para los barceloneses", ha escrito el historiador catalán Joaquim Coll, que cree además que demuestra "la estrechez de miras del nacionalismo en la celebración del tricentenario y la ignorancia de la historia de España". La solicitud abre además una polémica de incierto desenlace que podría desembocar en una sucesión de despropósitos: ¿se imaginan Barcelona sin la estatua de Colón?







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