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Entrevista

Pepe Cerdá: "en mi obra busco constantemente ese 'duende' que no se puede forzar"

Apasionado y tranquilo, inquieto en la necesidad de su obra, es uno de los pintores aragoneses más reconocidos en el panorama artístico internacional.

Picos Laguna 27/12/2014 a las 02:00
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Aránzazu Navarro

Cuenta Pepe Cerdá (Buñales, Huesca, 1961) que disfruta saciando su curiosidad. Una curiosidad que aborda desde la lectura infinita, desde el análisis inteligente que, dice, le enseñan "grandes amigos que tengo sabios" en conversaciones también infinitas en las que todo se relaciona. Porque con él no existe el tiempo ni los cuestionarios previos, que se desechan por banales porque cuando le escuchas hablar sobre esas cosas que nos construyen o destruyen la vida, es tan contundente en su análisis, que todo resulta de perogrullo. Y en su inmensa bonhomía, en su imponente presencia que lo llena todo y lo arrastra todo hacia si, aun tiene incólume su pasión por la pintura, por encontrar el sentido de sus propios trazos;aun mantiene el arte que le imprimió su padre, pintor de aparatos de feria y muchas cosas más, uno de esos hombres incansables de la posguerra que hacían cualquier cosa por salir adelante y que le enseñó a ser honesto consigo mismo. Porque a pesar de poder perder la cuenta de sus exposiciones (unas 80 individuales y 300 colectivas) sigue alentando su deseo por estar en la tierra, por tirarse sin red, por buscar y buscar esa ‘gracia’ en sus cuadros que le haga, al fin, entusiasmarse con una obra. Joven habilidoso y precoz, fue premiado con el Certamen Nacional Juvenil de Artes Plásticas, becado en la Casa Velázquez de Madrid... y tiene galeristas en Suiza, Francia y Holanda. Marcado por su larga década en París, a donde siempre vuelve, vive en Villamayor (Zaragoza) entre sueños y pinceles.

-Francia le ha aportado mucho.
En Francia hay menos cantamañanas que aquí porque no se han dejado de vender libros en los últimos 200 años. Y, sin ofender a nadie, sus opiniones suelen estar más fundamentadas. Yo he vivido de ellos y gracias a ellos, a personas increíbles, porque yo no sé de qué voy a vivir este mes ni el que viene y es así desde hace muchos años, y además me he tirado sin red muchas veces y me he encontrado con situaciones maravillosas. Recuerdo una vez que estaba roto, debía mucho dinero, pensando que aquello se acababa y me fui a la Ciudad Universitaria de París, y ante una máquina de café hecho polvo llega un tipo y me dice que si tengo una moneda. Yo tenía dos y le invité. Era tailandés, hijo de un empresario, se interesó por mí y acabó comprándome un montón de cuadros. Si fuera cristiano tendría que creer que si te tiras con la suficiente fe siempre hay algo que te para, porque otra vez, a mi regreso de París, y cuando vivía en la calle Prudencio, en otra de mis situaciones complicadas, en un café donde se juntaban subasteros uno de ellos acabó también dándome un dinero que necesitaba.

-Ha tenido golpes de suerte.

Cientos. Tenga en cuenta que a la mayoría de la gente no le cabe en la cabeza que alguien pueda dedicarse a algo que no está tasado. Yo no tengo renta, no tengo una nomina. Mire, no hay un solo ministro que haya sido autónomo y todos hablan de la renta básica universal; todos entienden que se tiene que tener algo fijo y nadie gobierna para los que no lo tienen porque no son importantes como electores. Yo hago un cuadro y tengo que encontrar a quién vendérselo, que puede estar a miles de kilómetros. Hay que llevárselo, que le guste; no es fácil y nadie habla de eso porque se supone que vivimos del aire..

-Dice usted que los artistas tienen que mantener una imagen.
Cuando hay que vender un cuadro por la cantidad suficiente para poder vivir un mes más tienes que aparentar que ese dinero es una cifra pequeña, porque si te ven tieso no vales nada.


-Parece una desgracia.
Es que hay mucho subvencionado en Aragón, y esto sería una reserva india porque el que no cobra de la administración cobra de una empresa deudora de la administración o de servicios. No existe una verdadera clase media y esta crisis... Cuando se ha visto una guerra y se ha matado y se ha visto matar, como sucedió, por ejemplo, tras la Segunda Guerra Mundial, hasta que alguien se compra un objeto que no le haga ninguna falta pasan 20 años. Nosotros somos cuando a la ola le sale la espumita, porque ahí es donde está la literatura, la poesía, la pintura, no su ejecución sino su venta.

-Cómo vive estos años.
Vivo porque tengo un mercado enorme, porque vendo un poco en Suiza, en Holanda, en París, y me pagan la mitad de lo que me pagaban. Yo ya he vivido dos crisis y la tercera no sé qué será de mí.

-Dicen que es un hombre de respeto que "pinta anocheceres de barrio y amaneceres en el tajo".
A mí me enseñaron a pintar en la última época de mi vida dos escritores, Rafael Azcona y Josep Pla. A Azcona le interesaba la literatura que habla de la vida, y Pla hacía lo mismo, te contaba un viaje en autobús. Para descifrar la realidad hace falta toda nuestra atención y casi nunca lo conseguimos. Toda la modernidad es un juego de metalenguaje, porque si yo digo ‘Che’ usted sabe que es el Che Guevara y este tipo de juego es del que se han estado nutriendo las artes y del que me nutro hasta hace 15 años que me dije que qué narices, que lo que tenía ante mí era otra cosa.

-Por eso hace el camino al revés, de la abstracción a la figuración.
Voy a ser sincero, si cuando tenía 15 años y era pintor de aparatos de feria hubiera pintado lo que hago ahora jamás me hubieran invitado ninguna de las muestras a las que fui, porque quienes lo hacían veían lo que querían para hacer su carrera como críticos. Hice lo que tenía que hacer para hacer una carrera artística, pero cuando volví de París decidí hacer lo que me parecía, fue un viaje de ida y otro de vuelta y los dos me han nutrido, porque es verdad que existe una metaliteratura, pero también que existe Pla.

-Su viaje lo comenzó muy joven.
Por obligación, porque no valía para estudiar y mi padre pintaba aparatos de feria y era rotulista.

-Su padre hacía casi de todo.
Sí, y ahora se entiende mucho mejor, porque para mantener a una familia con un lapicero en los años 50 había que ser de todo y taxista, que también lo era. Había que hacer publicidad, chistes, rotular, cuadros, retratos, paisajes. Aunque enre entre los 60 y 70 la economía española creció más de un 10% anual, y eso hacía posible que nuestro padre tuviera una moto, luego un seiscientos; que tuviera varios trabajos, porque cuando se viene de una guerra todo te parece bien con tal de que no te vuelvan a matar.

-¿Por qué cogió un lápiz?
Por todo un poco. Cuando hay que sacar trabajo todos colaboran y cuando mi padre pintaba los fondos de los belenes pintábamos todos, mi madre, mi hermana, mi abuela, yo. A mi se me daba un poco mejor y seguí ayudándole.
El era pintor de aparatos de feria, algo muy singular.
Primero se fue a Torremolinos y pinta de todo, miles de cuadros para una constructora, porque se entregaban los pisos con los cuadros puestos y hacía 21 a la semana, y cuando vuelve a Zaragoza se dedica a ello, porque era una especie de potencia de fábricas de aparatos de feria, y hay que hacerlo a mano.

-Tuvo que marcarle mucho.
Te enseña a ser eficaz, porque si Manolita Chen quería una señorita no podía ser cubista porque si no no cobrabas.

-Pero tenía una gran habilidad porque con apenas 20 años gana el Certamen Nacional Juvenil de Artes Plásticas.
Claro, porque llevaba desde los 12 pintando y tenía ya 8 años de experiencia. Era una trampa, yo era un profesional porque lo que hacía se vendía y generaba dinero y los otros tenían una gran afición.

-Su vida tiene tres etapas: su beca en casa Velázquez, su vida en París y su vuelta a Villamayor, sin cambiar mucho su estilo.
El estilo es la semántica, pero, qué más da, solo hay que explicarse y contar las cosas como se pueda, y creo que está sobrevalorado el modo en el que se expresa el artista, porque debe hacerlo como le de la gana. Lo que me interesa, lo que debe interesar solo es que emocione.

-¿El arte es un acto de fe?
Es una comunicación. Solo emplearé una vez la palabra artista y es para esto, porque llamarte artista es como llamarte santo y entonces dejas de tener responsabilidad. Artista es aquel que hace arte, como panadero es quien hace pan. Da igual lo que se emplee como medio de expresión.

-Hizo una serie taurina para HERALDO, muy de Goya.
Me gustó porque la hacía en directo, en la plaza. Eso de contar a mano las cosas en una época en la que todo el mundo tiene cámara, móvil. Me encantó, pero luego ya no porque cuando hago una cosa dos o tres veces y me sale bien lo dejo porque me convertiría en un profesional y me fastidiaría. Por eso he dejado de escribir, porque se convirtió en una obligación.

-¿No quiere perder la magia?
Eso, y que soy cansadizo. Me ha pasado con mi carrera, que cada vez que la cosa ha ido bien, me he tirado porque quiero estar en el suelo, y hay quien dice que es por miedo.

-Le da vértigo estar arriba.
Es que sé que no se está bien. No es exactamente miedo, y esto es algo que nunca he contado a nadie, hay algo de sensatez, de aragonesismo, de eso que dice que "más vale un gusto que cien panderos". En Aragón hay un gusto por no darse a entender, por no significarse, al revés que en Andalucía o Cataluña o Madrid donde se le saca enseguida rentabilidad a todo y que me parece de mal gusto. Yo no me doy a entender y se me respeta, y no veo que sea un defecto eso de no creernos, porque ya fuimos.

-Es que usted está arriba.
Nunca lo he estado, arriba está Barceló... yo no, no, si fuera jugador de tenis estaría en torno al 150 de la clasificación, pero he estado lo suficientemente cerca como para saber lo que es.

-Pero tiene un nombre y expone mucho.
Tiene razón y es algo que ahora nos puede pasar a 200 y que no está nada mal, desde luego. Lo que tiene un mérito extraordinario es que lleve viviendo de esto desde lo 12 años, y está mal que yo lo diga, porque lo normal es que cada periodo caigan unos y salgan otros y por eso toco madera, para poder seguir haciéndolo el tiempo que me quede.

-Lleva toda la vida junto a su mujer.
Desde la casa de Velázquez (1988). Ana (Bendicho) es una artista, porque yo siempre he sido un profesional, que es distinto. Un profesional que ha tenido como medio de vida alguna cosa que llaman arte y que yo llamo pintura y además casi impuesto paternalmente. Pero ella sí que ha elegido ser diseñadora industrial, y se entusiasma y yo no, desconozco el entusiasmo.

-¿Cómo puede ser?
Es que no soy bueno y no me entusiasmo, y además cuando lo hago me parece de mala educación y me desentusiasmo.

-¿No lo hace ante un cuadro cuando está creando?
No, me pongo de mal humor, porque quiero que me salga de un modo que no lo consigo.

-Es perfeccionista.
Sí, en la búsqueda de ‘la gracia’, pero ‘la gracia’ no es la perfección, es lo contrario al esfuerzo, es lo que llaman los gitanos el ‘duende’. Muchas veces el esfuerzo a lo que te lleva es a una perfección hierática que no vale para nada. La ‘gracia’ es otra cosa y no se puede forzar, te sale o no y cuando no me sale me cabreo, y nunca me ha salido; llevo toda la vida y no sale y el día que lo consiga me entusiasmaré. Esto es lo que te hace seguir. Sorolla siempre estaba protestando porque no le salía nada porque quería pintar como Velázquez y Velázquez quería hacerlo como Tiziano y Tiziano como Veronés.

-¿Cómo quiere pintar?
No se... He visitado muchos museos y a veces hay algo que te pega y que no es de nadie conocido.







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