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Huesca provincia

Gratitud y duelo en la montaña

Los grupos de la Guardia Civil de Huesca han recibido este año casi veinte cartas de agradecimiento, la mayoría de montañeros auxiliados o de familiares de fallecidos.

Mª José Villanueva. Huesca Actualizada 07/12/2014 a las 07:32
1 Comentarios
Amigos de Ramón Revilla le hicieron un homenaje en el lugar donde fallecióNorja Ballestero

"El 20 de junio falleció nuestro hijo al caer por un profundo barranco. Fue la mayor tragedia que ha sufrido mi familia". Estas palabras, escritas por el padre de Adán Salvador, un montañero muerto el verano pasado en el Pirineo, encabezan una de las numerosas cartas de agradecimiento dirigidas a los grupos de montaña de la Guardia Civil. Como dice el capitán Antonio Usieto, el rescate no finaliza al llegar a la base. Las gestiones posteriores para dar la mala noticia a la familia detallando el cómo y el por qué crean un vínculo que en algunos casos se traslada incluso al acompañamiento hasta el lugar donde sucedió todo.

La Guardia Civil ha realizado cerca de 400 salvamentos este año y ya lleva contabilizadas 19 cartas, algunas de organismos con los que se colaboran en competiciones, como clubes de montaña, asociaciones o organismos civiles, pero sobre todo de accidentados y familiares. Cartas con remite en Zaragoza, Madrid, Huesca, Navarra, Valencia, La Rioja o Las Palmas de Gran Canaria.

Especialmente recordado, por ser reciente, es el caso de los padres de Adán Salvador, de 31 años, quienes aparcaron por un instante su dolor para agradecer a los agentes el rescate del cuerpo de su hijo de un barranco en los ibones de Arriel (Sallent). En una carta enviada a este periódico se acordaban de Rubén de Dios y Arturo Suárez, del Greim de Panticosa, que se jugaron la vida para recuperar el cadáver; de Roberto Jiménez y José Antonio Torrijos, quienes unos meses después los acompañaron al lugar de la tragedia; del teniente coronel, Vicente Reig, que rápidamente accedió a que los guiaran hasta allí; y de la agente Sara Carnicer, "que nos reconfortó con sus palabras".

Nicolás Salvador quiso ver el lugar donde perdió la vida su hijo Adán. "Nunca había estado y me dijeron que era difícil, que sería mejor que nos acompañaran, pero para ello debíamos pedir permiso al jefe de la comandancia", explica. Los permisos se tramitaron rápidamente, y antes de que se echara encima el invierno él, su mujer y unos cuñados accedieron a un lugar desde el que vieron el barranco. Posteriormente felicitaron a todos públicamente "por su gran profesionalidad y experiencia", y también por su cercanía.

José Antonio Torrijos tiene muy presente ese servicio. Fue la semana siguiente del accidente de León en el que perdieron la vida tres agentes de rescate en montaña (los conocía y asistió a su funeral) al estrellarse su helicóptero. No era la primera vez que guiaba a unos familiares. Otras veces lo han solicitado para llevar cenizas, flores o poner una placa. "Quieren saber dónde ocurrió, pero a veces no conocen el punto exacto ni saben cómo llegar. Los guardias que han estado en el rescate o los han ido a hacer una inspección ocular los acompañamos y, si no podemos acceder allí mismo porque es peligroso y no es cuestión de montar cuerdas, al menos los llevamos cerca", detalla Torrijos. Nicolás Salvador quiso despedir a su hijo con música: interpretó dos piezas con una trompeta y comentó que la montaña devolvió el cuerpo, pero su alma permanece en los ibones de Arriel.

Firmas de apoyo


Los allegados de Ramón Revilla también han querido compartir su agradecimiento y lo hicieron llegar a la Comandancia con más de un centenar de firmas. Este montañero zaragozano falleció en el ibón de Vallibierna (Benasque) el 10 de agosto. "El rescate fue muy complicado", recuerda su primo y amigo Alejandro Lafuente, quien en la carta enviada al Ministerio del Interior, al director general de la Guardia Civil y al teniente coronel de Huesca elogia "la abnegación y profesionalidad" demostrada en el salvamento pero también el calor humano. "Nos hicieron sentir arropados en momentos tan difíciles. Vale que sea su trabajo, pero en el trato van más allá", añade Lafuente.


Él recuerda al sargento Baín Gutiérrez, al que pidió consejo "para ver cómo podía dar la noticia a los padres, ya muy mayores". Tras rescatar el cuerpo y evacuar a dos acompañantes, estos tuvieron el apoyo de un psicólogo y les buscaron alojamiento, "en agosto, en Benasque, con todos los hoteles llenos". Al día siguiente, en el cuartel, les explicaron dónde y cómo había ocurrido todo.

"Los amigos decidimos agradecer de alguna manera lo bien que se portó esa gente y mandamos una carta al periódico. Luego la llevamos personalmente al cuartel, con la firma de más personas que lo conocían y a quienes les contamos lo bien que nos trataron. Vivimos en un país muy acostumbrado a criticar lo que hacemos mal y agradecer muy poco lo que funciona bien", explica Alejandro Lafuente, quien también recuerda el accidente de helicóptero de León, a los pocos días.

Ramón Revilla era presidente del club social de Balay y pertenecía también al club de montaña. El 25 de septiembre sus amigos hicieron una excursión de homenaje al valle de Vallibierna, donde colocaron un ramo de flores.


  • Antonio Gámez López17/12/14 20:38
    Grande es vuestro trabajo y sea por carta o solo desde nuestro recuerdo, mucho tenemos que agradeceros los que nos movemos por las montañas. Enhorabuena y gracias a todos los equipos de rescate.





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