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Aragón

Muñoz Molina: "Algunas cosas no cambian en España, pero por fin la corrupción produce escándalo social"

El escritor andaluz presentó ayer en Zaragoza su última novela, ‘Como la sombra que se va’, en la que reflexiona sobre su pasado al tiempo que traza la biografía del asesino de Martin Luther King

Mariano García. Zaragoza Actualizada 02/01/2015 a las 07:53
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Antonio Muñoz Molina, ayer, en Los Portadores de Sueños.oliver duch

El 4 de abril de 1968, James Earl Ray, un hombre de Illinois de 40 años, mató a tiros a Martin Luther King. En aquel momento, el escritor jienense Antonio Muñoz Molina era un muchacho de 12 años que cursaba segundo de Bachillerato en un colegio salesiano. Un muchacho que ignoraba que con el correr del tiempo se convertiría en escritor. La biografía de James Earl Ray y la senda literaria de Muñoz Molina se han cruzado en ‘Como la sombra que se va’, (Seix Barral) la última novela del escritor andaluz, que presentó ayer, en compañía de Antón Castro, en el teatro Principal de Zaragoza. El acto lo organizaba la librería Los Portadores de Sueños, que está celebrando estos días su décimo aniversario.

¿Cómo llegó Muñoz Molina a interesarse por James Earl Ray? "No andaba buscando nada en particular –aseguraba ayer el escritor, momentos antes de la presentación–. Estaba leyendo un libro sobre la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y me topé con el personaje. Me sorprendió ver que, en su huida, había estado unos días en Lisboa, intentando escaparse a Angola. En ese momento no me puse a escribir la novela; fue una semilla que germinó durante años".

La ciudad, en primer plano

Lisboa es, en cierto sentido, protagonista. La ciudad ejerce una fascinación especial sobre Muñoz Molina porque "tiene una relación menos destructiva con el pasado que cualquier ciudad española. Eso hace que puedas ver en ella muchas épocas superpuestas. Es, además, una urbe muy cosmopolita y nada histérica".

Muñoz Molina reconstruye en la novela el crimen, la huida del asesino y su captura, pero aprovecha su estancia en la capital portuguesa para entretejer la narración con sus reflexiones acerca de sus propias vivencias en la ciudad, cuando llegó allí para terminar la novela que le consagraría, ‘Un invierno en Lisboa’.

"Mis novelas no nacen de una preocupación existencial –aseguraba–, sino que brotan de un hecho a veces poco llamativo. Suelo encontrarme muchas cosas mientras las voy escribiendo. He rastreado en los archivos desclasificados del FBI, las actas del Congreso de los Estados Unidos y los archivos de la policía estatal de Tennessee... miles de páginas llenas de información interesante en la que he intentado intuir aquello que me venía bien para la novela".

El relato va alternando la descripción de las andanzas de James Earl Ray con los vistazos al interior del escritor cuando fue a Lisboa en busca de apagar una sed que le devoraba, la literatura. Contra lo que pudiera pensarse, no ofrece una visión benevolente de sí mismo. "Fue un momento fundamental en mi biografía, una encrucijada. Yo creía tener mi vida muy hecha e ignoraba que esa novela iba a cambiarme. Pero no lo pude escribir entonces:hay experiencias que se pueden contar de inmediato y otras que requieren tiempo. Tengo la sensación de haberme enfrentado a ese momento de mi vida con total honestidad. Los escritores tienden a halagarse a sí mismos, pero yo no he querido cargar a otros la responsabilidad de mis actos. Uno no puede ni debe mentirse a sí mismo".

Para Muñoz Molina, Ray "era un prototipo de un grupo social muy nutrido en los Estados Unidos de su época, el de los blancos pobres que, en lugar de dirigir su odio hacia los poderosos, enfocaban su resentimiento hacia los que eran incluso más pobres que ellos, los negros. Era un preso del fanatismo, una persona con una vida marcada por la crueldad punitiva del sistema judicial norteamericano. Basta decir que estaba condenado a 20 años de cárcel por robar solo 100 dólares. Su víctima, en cambio, era una persona muy enraizada socialmente".

La España de hoy

Esa intolerancia, con todos sus flecos, se retrata en las páginas del libro. Intolerancia, y rencor, y el pasado que vuelve, son algunos de los grandes temas de Muñoz Molina. El escritor siempre ha sido comprometido, y a principios del año pasado publicaba ‘Todo lo que era sólido’, un libro en el que reflexionaba sobre la situación española, atravesada por los escándalos de corrupción.

¿Escribiría hoy lo mismo? ¿No han cambiado muchas cosas en el país en apenas año y medio? Para él, no tantas. "Hay cosas que son distintas y otras que no. Hay un cambio sustancial, y es que por fin la corrupción provoca escándalo social. Nos hemos vuelto más sensibles ante los comportamientos poco éticos y, además, ahora hay jueces que actúan. Pero hay otras cosas muy importantes que no han cambiado. Por ejemplo, seguimos sin debatir los problemas fundamentales del país, como la educación, el modelo productivo o la función pública".

No tiene Muñoz Molina aún un nuevo proyecto literario en ciernes. Piensa, de momento, dejar su cerebro en barbecho.

"Está bien no hacer nada durante un tiempo –señala–. Hay que dejar la cabeza limpia antes de emprender un nuevo proyecto. Hay gente, como el cineasta Woody Allen o el escritor Philip Roth, que apenas han acabado una película o una novela ya están empezando la siguiente. Yo no puedo trabajar así. Tienen que ser las novelas las que me arrastren y no yo quien arrastre las novelas. En un libro de ficción, lo importante no es tanto tener una buena historia, sino un buen arranque, que te permita que quepan muchas cosas y así irlo enriqueciendo".







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