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Perspectivas 2018

Volver a empezar cuando nunca lo has dejado

Lo de ‘no hay dinero’ esta demodé. Pónganse las pilas, pasó el tiempo de las excusas.

Beatriz Lucea Valero 02/01/2018 a las 05:00
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Me siento en deuda contigo, que has decidido empezar el año leyéndome, así que mis mejores deseos para 2018. Yo preferiría que el año empezase en primavera; por pedante que suene, es cuando todo comienza otra vez, cuando la naturaleza saca pecho, y yo también, que el frío me acoquina. Soy más de ciclo de la vida que de calendario romano, pero por mucho que me apetezca esperar un poquito más a cerrar el año, lo cierto es que en un par de semanas empezarán a aprobarse nuevos presupuestos, los siguientes proyectos, a sonar el teléfono, devolver llamadas, cerrar reuniones.

Hace tiempo que no comenzaba el año tan optimista, y lo soy por naturaleza o por facilona, me cuesta esfuerzo pensar que las cosas no van a salir como yo quiero, así que me dejo llevar. Este año empezó hace unos meses, cuando se confirman trabajos a varios años vista, de nuevo. Sí, a varios años vista. Es complicado pensar en lo que harás dentro de un par de años cuando no sabemos si Trump apretará el botón rojo, pero para los profesionales ‘freelance’ de mi sector, la cultura es lo natural y lo idóneo, y no pasaba desde antes de la crisis. Los últimos, innecesarios, han sido utilizados vilmente por muchos para agarrarse a la frase que más hemos tenido que escuchar de boca de políticos a los que ni les interesa invertir en cultura ni lo harían aunque fueran dueños del cuerno de Amaltea: "No hay dinero". Nunca ha sido España modelo en que mirarse si a inversión cultural se refiere ni hemos sentido el respeto como profesionales que nos merecemos "esos de la cultura", pero desde un tiempo a esta parte respiro la sensación de que algo está cambiando, a pequeña escala, en nuestro micromundo.

Soy una mujer de mediana edad y, aunque esto no suene muy atractivo, lo es. Lo es, entre otras cosas, porque significa que estoy rodeada en gran parte de gente de edad parecida, de compañeros de carrera y de vida que están ocupando puestos de responsabilidad en muchos campos, no solo la cultura. Porque nos toca, por generación. Y son ellos los causantes de ese cambio, de ese respiro, de esas ideas compartidas y otra forma de mirar las cosas. Y no digo con esto que las anteriores generaciones lo hicieran mal, no, no voy a faltar al respeto a nadie y menos de un modo tan genérico; simplemente ahora me siento más identificada, quizá porque esas conversaciones de corrillo, de café entre colegas, ahora están tomando cuerpo. Quizá la edad nos otorgue el respeto que necesitamos.

Mi optimismo llega más allá. Si en lo profesional me veo rodeada de personas de mi edad, en el campo de lo social, del compromiso, estoy cada vez más acompañada de gente joven, incluso muy joven. Tengo el placer de gestionar junto a otras compañeras una ONG maravillosa, de la que presumo cada día de mi vida hasta la impertinencia, que cada año alcanza un nuevo reconocimiento y suma y crece gracias a voluntarios que rondan los 20 y 30 años. Casi todas mujeres. Voluntarias. En femenino. Estudiantes de Medicina, Psicología, Arquitectura, científicas, ingenieras, diseñadoras, químicas, historiadoras, que se implican hasta el tuétano porque están decididas a cambiar las cosas que no les gustan. Si son capaces de regalar su tiempo por amor al arte, de qué no serán capaces cuando, además, se les pague dignamente por su trabajo.

Por eso, si has estado agarrado al "no hay dinero" cuando lo que de verdad deberías haberme contestado es "no hay ganas", bájate del sillón y deja sitio. Siempre habrá quien haga rodar la cabeza que sobresalga pero, igual, si son muchas, la guadaña se acaba oxidando. Quiero creer que este año y el siguiente y el siguiente van a ser buenos, muy buenos. Que la gente seguirá visitando Sijena cuando deje de salir en el telediario, que se respetará el patrimonio a pesar de lo tentador de hacer pisos, que habrá colas en librerías y teatros, que habrá horror vacui de arte urbano y que los niños me sacarán de quicio con sus gritos en cada exposición que proyecte.

Queridos Reyes Magos...





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