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Familia

Cómo crear un rincón de la calma para tus hijos

Pensar bien cuando las emociones dominan nuestra mente es imposible, seas niño o adulto. Una buena alternativa para que nuestros hijos se calmen es crear un espacio emocional para ir en busca de la serenidad perdida.

Lucía Bonel Actualizada 22/05/2017 a las 11:00
El rincón para la calma nos ayuda a conocer, validar, aceptar y gestionar las emocionesFreepik

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Del “¡a tu cuarto... y no salgas hasta que yo te lo diga!” o del “castigado cara la pared” se pasó, sin más, al “¡a tu habitación a pensar!”. “Pensar sobre lo que uno ha hecho mal para rectificar, pedir perdón, empatizar… está muy bien. Pero pensar bien cuando las emociones dominan nuestra mente es imposible, seas niño o adulto”, afirma Yolanda Cuevas Ayneto, psicóloga e instructora en mindfulness, que explica cómo el mero intento o empeño en que nuestros hijos se tranquilicen, que paren de llorar, de gritar, de pegar, de estar furiosos, frustrados o impacientes... no es suficiente, ya que los niños no saben cómo hacerlo. “Y el grito -continúa la psicóloga-, la amenaza o el castigo apaciguan, en ocasiones, las emociones de los más pequeños pero este no es el método adecuado para entrenar la inteligencia emocional”. Una buena alternativa, según Yolanda Cuevas, es entrenar, crear, un espacio emocional para ir en busca de la serenidad perdida. Ese espacio emocional que da tiempo a que la ola emocional se calme; ese en el que cargan las pilas ciertas emociones y que facilita pensar sobre lo ocurrido. “Ya, más tranquilos, todos pensamos mejor y de forma más útil”, afirma la psicóloga, que, a continuación, nos habla sobre sus beneficios y nos enseña a crear el rincón de la calma para nuestros hijos.

Un rincón con muchos beneficios

  • El rincón para la calma nos ayuda a conocer, validar, aceptar y gestionar las emociones. Es lo que se conoce como autocontrol, un entrenamiento básico en inteligencia emocional fundamental en la vida personal, social y profesional.
  • Fomenta el autoconocimiento, la empatía, el respeto, la comunicación, la resolución de conflictos y el entendimiento entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos, entre profesores/entrenadores y alumnos.
  •  El niño aprende así que él no es su emoción, que es una pieza activa en su propia digestión emocional. Las emociones van y vienen, lo que impide el estancamiento emocional, esos enfados interminables que luego se convierten en la edad adulta en días sin hablarse con parejas o hijos fomentando el sufrimiento y la culpa.

¿Cómo les animamos para crearlo?

  • Les explicamos que tanto niños como adultos necesitamos en ciertos momentos calmarnos. Se pueden compartir esos momentos de desregulación emocional con ejemplos concretos tanto de hijos como en padres, que hayan ocurrido recientemente.
  • La construcción de ese lugar debemos hacerla juntos para saber qué cosas y actividades piensa que le tranquilizan, lo que aumentará la implicación. Previamente, todas esas cosas tienen que ser utilizadas para saber cómo funcionan y el efecto que pueden tener.
  • Las primeras veces, cuando detectemos el inicio de una conducta o estado emocional desregulado, fomentaremos ir a ese lugar como una opción, con palabras que lleguen también al corazón, no de forma impositiva, ni enfadados.
  • Les acompañaremos en el proceso, les animaremos a que decidan qué herramienta eligen y, si no, le invitaremos con un: "Quizá si haces esto, te ayude", "¿pruebas?" o "¿lo hacemos juntos?".
  • Atenderemos a las señales de cambio y las reforzamos: "Me parece que respiras más lento", "observa tus brazos, ya no se mueven tanto, ¿lo sientes así?", ayudando a percibir esos cambios.
  • Finalmente, reforzaremos su esfuerzo poniendo el foco en él, es decir: "Te has esforzado mucho, tienes que estar orgulloso", "¿te sientes mejor?", "¿estas más tranquilo?", "ha sido buena idea venir aquí. A mí también me ha servido", "este es un buen lugar para venir siempre que lo necesites, solo o conmigo". Y retomaremos la situación: "Ahora, quizá es buen momento para hablar de lo ocurrido, ¿te parece?".

¿Qué puede haber en el rincón de la calma?

Una caja decorada al gusto del niño con el nombre del lugar -puede ser un espacio de su habitación o cualquier rincón de la casa- y que contenga alguno de estos elementos:

  • Una pequeña alfombra o cojín para que puedan sentarse o tumbarse; ponerse cómodo calma la mente.
  • Un peluche al que puedan abrazar, hay incluso muñecos que representan las propias emociones.
  • Un globo para inflarlo y soltar el aire en la cara, sin que haga ruido.
  • Una foto de una vela para que les recuerde la técnica de respiración, en la que tienen que inspirar y espirar imaginando que la llama de la vela se mueve pero no se apaga. Conocer técnicas de respiración y relajación es fundamental y podemos practicarlas juntos al principio.
  • Luz cálida, en ese espacio elegido.
  • Un olor: bastará con un saquito de lavanda, que les conecte siempre con ese lugar.
  • Música relajante o algún instrumento que emita un sonido prolongado, que desaparezca con lentitud y que puedan seguir hasta el final. Cuencos o campanillas, por ejemplo, de las que se utilizan en la práctica de mindfulness.
  • Pinturas para colorear o dibujar su emoción o lo ocurrido y, según la edad, pueden colorear mandalas.
  • Audios de prácticas mindfulness que ayudan a no quedarse 'secuestrado' en los pensamientos y emociones.
  • Un reloj de arena que les marque el tiempo que tienen que estar respirando, contando…
  • Una ‘bola de nieve’ o podemos crear una ‘botella de la calma’ con agua, glicerina o aceite con purpurina y estrellas, dentro, que crean movimiento. O paneles de arena de colores que se giran y depositan la arena de una forma diferente cada vez. Antes, les explicaremos que, cuando se agita y está todo revuelto, es como están ellos con su emoción, pero que si se deja de agitar también vuelve a la calma, como les pasará a ellos.
  • Un ‘bote de frases’ o palabras, que irán cogiendo al azar, que reflejen qué les puede pasar o les ayuden a entender y a sentir.
  • Un dibujo que le recuerde un buen momento, alguna manualidad de la que se sienta orgulloso, unas fotos hechas para la ocasión, imágenes de paisajes, de animales, algún recuerdo de unas vacaciones o piedras recogidas en la arena pueden ser objetos para observar con detenimiento.
  • Bolas antiestrés, botellas con arena o semillas para sentir sonidos, cajitas musicales, telas o trapos de diferentes texturas, cintas con cuentas de diferentes tamaños para contar, cuentos con imágenes sobre emociones, un espejo para que vean cómo está su cara y cómo evoluciona, un cuaderno en blanco para poder anotar lo que siente, piensa o quiere hacer…

¡Creatividad para gestionar las emociones desde niños!

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'''Del “¡a tu cuarto... y no salgas hasta que yo te lo diga!” o del “castigado cara la pared” se pasó, sin más, al “¡a tu habitación a pensar!”. “Pensar sobre lo que uno ha hecho mal para rectificar, pedir perdón, empatizar… está muy bien. Pero pensar bien cuando las emociones dominan nuestra mente es imposible, seas niño o adulto”, afirma Yolanda Cuevas Ayneto, psicóloga e instructora en mindfulness, que explica cómo el mero intento o empeño en que nuestros hijos se tranquilicen, que paren de llorar, de gritar, de pegar, de estar furiosos, frustrados o impacientes... no es suficiente, ya que los niños no saben cómo hacerlo. “Y el grito -continúa la psicóloga-, la amenaza o el castigo apaciguan, en ocasiones, las emociones de los más pequeños pero este no es el método adecuado para entrenar la inteligencia emocional”. Una buena alternativa, según Yolanda Cuevas, es entrenar, crear, un espacio emocional para ir en busca de la serenidad perdida. Ese espacio emocional que da tiempo a que la ola emocional se calme; ese en el que cargan las pilas ciertas emociones y que facilita pensar sobre lo ocurrido. “Ya, más tranquilos, todos pensamos mejor y de forma más útil”, afirma la psicóloga, que, a continuación, nos habla sobre sus beneficios y nos enseña a crear el rincón de la calma para nuestros hijos. Un rincón con muchos beneficios El rincón para la calma nos ayuda a conocer, validar, aceptar y gestionar las emociones. Es lo que se conoce como autocontrol, un entrenamiento básico en inteligencia emocional fundamental en la vida personal, social y profesional. Fomenta el autoconocimiento, la empatía, el respeto, la comunicación, la resolución de conflictos y el entendimiento entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos, entre profesores/entrenadores y alumnos.  El niño aprende así que él no es su emoción, que es una pieza activa en su propia digestión emocional. Las emociones van y vienen, lo que impide el estancamiento emocional, esos enfados interminables que luego se convierten en la edad adulta en días sin hablarse con parejas o hijos fomentando el sufrimiento y la culpa. ¿Cómo les animamos para crearlo? Les explicamos que tanto niños como adultos necesitamos en ciertos momentos calmarnos. Se pueden compartir esos momentos de desregulación emocional con ejemplos concretos tanto de hijos como en padres, que hayan ocurrido recientemente. La construcción de ese lugar debemos hacerla juntos para saber qué cosas y actividades piensa que le tranquilizan, lo que aumentará la implicación. Previamente, todas esas cosas tienen que ser utilizadas para saber cómo funcionan y el efecto que pueden tener. Las primeras veces, cuando detectemos el inicio de una conducta o estado emocional desregulado, fomentaremos ir a ese lugar como una opción, con palabras que lleguen también al corazón, no de forma impositiva, ni enfadados. Les acompañaremos en el proceso, les animaremos a que decidan qué herramienta eligen y, si no, le invitaremos con un: "Quizá si haces esto, te ayude", "¿pruebas?" o "¿lo hacemos juntos?". Atenderemos a las señales de cambio y las reforzamos: "Me parece que respiras más lento", "observa tus brazos, ya no se mueven tanto, ¿lo sientes así?", ayudando a percibir esos cambios. Finalmente, reforzaremos su esfuerzo poniendo el foco en él, es decir: "Te has esforzado mucho, tienes que estar orgulloso", "¿te sientes mejor?", "¿estas más tranquilo?", "ha sido buena idea venir aquí. A mí también me ha servido", "este es un buen lugar para venir siempre que lo necesites, solo o conmigo". Y retomaremos la situación: "Ahora, quizá es buen momento para hablar de lo ocurrido, ¿te parece?". ¿Qué puede haber en el rincón de la calma?''' $(html_text)

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