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Granada

Una boda de postín con tormenta de aplausos y lluvia

​La considerada como boda del año en Íllora, el municipio de Granada que ha enmarcado el enlace entre el magnate colombiano Alejandro Santo Domingo y Charlotte Wellesley.

María Ruiz. Granada Actualizada 29/05/2016 a las 02:07
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La hija del duque de Wellington se casaba con un magnate conlombiano en el que se ha considerado la boda del siglo.

La considerada como boda del año en Íllora, el municipio de Granada que ha enmarcado el enlace entre el magnate colombiano Alejandro Santo Domingo y Charlotte Wellesley, hija del duque de Wellington, ha llegado con tormenta de aplausos y de agua, que no ha frenado las ganas de jarana de los vecinos congregados.

La Cuesta Hospital, el incómodo caminito que conduce a la iglesia de la Encarnación que ha acogido la ceremonia, ha sido literalmente tomada por vecinos de la comarca que, algunos desde primera hora de la mañana, se han acomodado en las aceras para sentirse como unos invitados más al jolgorio.

Con tiempo londinense y moda española, el enlace entre el magnate colombiano afincado en Nueva York y lady Charlotte, que ya se dejó ayer ver por el municipio, ha convocado a curiosos empeñados en ponerle arte al peculiar paseo por la 'alfombra roja' de un pueblo engalanado con banderas españolas, colombianas e inglesas.

Tras las vallas, los vecinos han esperado con paciencia el desfile de 'celebritis' vestidos con chándal o con camisetas del Real Madrid y el Atlético, con las perlas al cuello o el tocado, o sentada como una tarde más en casa y presumiendo de balcón con vistas.

Desde las cuatro de la tarde, y a pesar de un tiempo poco primaveral, los vecinos han vitoreado a cada miembro del operativo de seguridad especial de un centenar de personas dispuesto para la boda, han tocado las palmas por bulerías y han promocionado a grito pelado su pueblo cada vez que una cámara de televisión se movía.

El peregrinar de invitados, alrededor de 300, lo ha iniciado el obispo anglicano de Londres Richard Chartres, encargado de oficiar la ceremonia junto al arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, en un enlace en inglés y castellano.

En cerca de una decena de minibuses, coches oficiales de alta gama y taxis con conductores pertrechados con corbata, los invitados han desfilado con más o menos atención al expectante público en función del número de paraguas abiertos y el viento del momento.

El más aplaudido ha sido el Rey Juan Carlos, que se ha bajado del coche en la puerta de la iglesia de la Encarnación con un traje azul oscuro y una corbata turquesa y que, bastón en mano y bajo la lluvia, se ha detenido para saludar a los vecinos.

También en coche ha llegado Camilla Parker Bowles, duquesa de Cornualles, que se ha sumado a una moda con mucho motivo patrio y flamenco al lucir un vestido de volantes desde la cintura.

La ubicación de la iglesia de la Encarnación, el templo del siglo XV de estilo renacentista que ha convertido a Íllora en el escenario de la boda, ha provocado que muchos de los invitados hayan pasado desapercibidos para un público ávido de repartir olés y aplausos.

La novia llegó pasadas las seis y con serios problemas para bajarse del vehículo y dominar el vuelo del vestido y el velo.

De blanco roto tirando más a un beige claro, con escote de barca y sobrecuello, de manga larga y con un velo y el pelo recogido, la novia ha entrado a la iglesia agarrada a su ramo de flores también blancas y de estilo silvestre, ramitas de olivo de la zona incluidas.

Entre los más vitoreados han estado Andrea Casiraghi, hijo de Carolina de Mónaco, y su mujer Tatiana Santo Domingo, sobrina del novio, que ha hecho su desfile como el cantante James Blunt o la modelo Eva Herzigova, aunque en el listado de invitados se ha echado de menos, o no se han dejado ver a primera vista, a otros como Óscar de la Renta o la cantante colombiana Shakira, nombres que han resonado esta semana en Íllora.

Muchos de los invitados han vivido su paseíllo hasta el templo como una parte más de la fiesta y han respondido a los aplausos y piropos del público tomando fotografías con sus móviles, saludando e incluso grabando vídeos para presumir de calor español cuando cuenten los pormenores de la boda.

El enlace ha terminado sobre las siete y media de la tarde y ha permitido una segunda ronda de desfile de trajes largos más o menos acertados y complementos de alta alcurnia para que los invitados se trasladasen a la finca La Torre, propiedad del duque de Wellington y ubicada en Alomartes -término municipal de Íllora-.

La boda, sin lluvia de arroz pero mucha agua, ha tenido representantes de las casas reales española, monaguesca y británica.

El alcalde de Íllora, Antonio Salazar, ha explicado que espera que el enlace sirva a la proyección turística del municipio y ha resaltado la "emoción" con la que el pueblo ha vivido la boda







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