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Denuncia al Ejército por dejarle el corazón 'partío'

Una petición de mano en una carta que nunca se envió provocó un drama para Esther, protagonista de esta noticia publicada en Heraldo el 10 de octubre de 1957.

Documentación 12/04/2016 a las 06:00
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Noticia publicada en Heraldo de Aragón el 10 de octubre de 1957.

Parece un caso de película lacrimógena, pero ocurrió de verdad. La guerra de Corea separó a Esther y Fred: él, ansioso por tener noticias de su amada, le mandó una carta con una petición de mano que ella nunca respondió… porque nunca se envió. El asunto se aclaró con cinco años de retraso, pero ya no tenía solución: Fred se había casado. Esther entendió que el drama tenía además consecuencias monetarias, y le puso valor en dólares con una demanda. 25.000 dólares reclamó al Ejército, ya que había perdido a un excelente “partido” que
ganaba 200 dólares semanales.


Documentación

Denuncia al Ejército por quedarse compuesta y sin novio

(Especial para HERALDO DE ARAGÓN). NUEVA YORK. (Agencia Fiel)

Una carta certificada que se perdió en una estafeta militar de Corea

El idilio comenzó a fines de 1952 en alguna parte de Corea del Norte. Fred Wichsler, sargento norteamericano, sin noticias de su "girl" desde hacía varias semanas, se decidió a enviarle una carta "definitiva". «Te quiero –escribió- y, según el reciente discurso de "Ike" que tú sin duda has leído, la campaña de Corea pronto habrá terminado y me desmovilizarán. Volveré a mi antigua plaza de encargado e incluso tendré derecho a un aumento. ¿Quieres que, tan pronto como regrese a los Estados Unidos, nos casemos? Contéstame a vuelta de correo, si puedes telegráficamente. Tu Fred que te adora».

La intervención amistosa del vaguemaestre:

Para más seguridad y también para dar más peso a su petición, envió la carta "certificada".
Y así se la entregó para que la franquease a su amigo el vaguemaestre William Bucks, que le entregó el correspondiente resguardo.
Bucks conocía el contenido de la carta: Wicheler le había hablado la víspera e incluso la antevíspera. Y desaprobó la osadía de su amigo: «Espera siquiera a regresar a Nueva York -le aconsejó-. Allí podrás ver si tu Esther merece todavía que te cases con ella». Pero Fred, apasionado y con prisas, no le escuchó.

El vaguemaestre, persuadido, no se sabe por qué, de que su amigo iba a cometer una locura, rebasó los límites de una intervención amistosa y se autorizó para no enviar la carta. «Fred cambiará de opinión y entonces me estará agradecido por haberle evitado una burrada».

La carta olvidada:

En consecuencia no la incluyó en el envío del día y la puso en un saco que alineó al fondo de un armario.
El azar quiso que al día siguiente, sin embargo, tuviese una "escena" con su superior, un teniente que, para castigarle, le envió a primera línea. Tres semanas más tarde, durante una escaramuza, fue gravemente herido. Permaneció seis meses en un hospital y como mientras se hubiese firmado el armisticio, fue repatriado a los Estados Unidos.
Su envío al frente fue tan rápido, que se olvidó por completo de la carta de Fred.

Demasiado tarde

Este, no habiendo recibido ninguna respuesta de Esther, consideró su idilio terminado. Y una vez de regreso en los Estados Unidos, como todo enamorado desengañado, lo primero que hizo fue casarse cuanto antes.
Más he aquí que en abril de 1957 -cuatro años y medio más tarde- durante la liquidación de una oficina militar en Corea, se encontró en el fondo de un saco y este último en el fondo de un armario, la carta de Fred Wicheler dirigida a Miss Esther H. Como la misiva estaba además certificada, se apresuraron a dirigirla a su destinataria.
Esta, que continuaba soltera y que, en 1952 no había llegado a comprender el brusco silencio de Fred, terminó por encontrar a su antiguo novio, hoy casado y padre de familia.

"Me han hecho perder un excelente partido"

Demasiado tarde en el plano sentimental, pero no desde el punto de vista práctico. Pues la joven, tras haber consultado a su abogado, acaba de iniciar un proceso al Ejército reclamándole 25.000 dólares por daños y perjuicios.
«Por culpa del vaguemaestre, yo no recibí la carta certificada de aquel al que por entonces consideraba como novio. Este contratiempo ha roto mi vida sentimental y yo no me he casado. Fred Wicheler era, sin embargo, un excelente "partido" que hoy gana 200 dólares semanales. El Ejército me ha causado, pues, no solo un perjuicio moral, sino una considerable pérdida material, valorada en 25.000 dólares».
El caso va a plantearse dentro de una semana. Y aunque el abogado del Ejército responderá señalando que Esther H., que no tiene más que 27 años, puede todavía rehacer su vida y que por su silencio que había precedido a la carta de Fred, ella era en parte responsable del "drama", los medios jurídicos estiman que la muchacha tiene muchas oportunidades de obtener satisfacción.

Irma Gold

(Noticia de hemeroteca recopilada por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón)







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