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Janet Hawking: "Stephen no ha leído el libro pero está más amable conmigo y nuestros hijos"

La primera mujer del físico ha hecho estas declaraciones tras el estreno de ​'La teoría del todo'.

Concha Barrigós. Madrid Actualizada 21/01/2015 a las 20:30
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El físico Stephen Hawking no quiso leer el libro que su primera mujer, Jane Hawking, había escrito sobre su vida en común, 'Hacia el infinito', pero tras ver la película en la que se ha convertido, 'La teoría del todo', su actitud ha cambiado. "Es más amable conmigo y nuestros hijos", desvela la inglesa.

'Hacia el infinito' se publicó en 2007 pero solo ahora, en coincidencia con su salto al cine y su estreno en las pantallas nacionales, se ha editado en castellano (Lumen).

"Le mandé un ejemplar pero no lo leyó. Desde que vio la película ha cambiado algo su actitud. Es más amable con nosotros -con ella y su segundo marido, Jonathan Heyller Jones- y con los hijos -Robert, Lucy y Timothy-. Es muy importante para ellos que mantengamos una relación civilizada", detalla en una entrevista con la autora.

La película, afirma, es "una maravilla, estupenda" aunque aún tiene "algunas quejas" que no han sido atendidas por el guionista, Anthony McCarten, con el que trabajó "estrechamente".

"Hay una palabra muy fea que empieza por 'f' que él ponía en boca de un personaje y yo le dije que en aquella época absolutamente nadie de la universidad la decía. La quitó, pero hay cosas como mezclas de personajes y descubrimientos que no son así y, además, mi hijo Tim era un bebé muy rico y el que sale es muy feo", se ríe.

La vida, en cualquier caso, es "mucho más dura" que lo que podría reflejar ninguna película, en la que, difícilmente, podrían contenerse los veinte años de vida en común de una pareja a la vez que el desarrollo de una de las mentes más brillantes de las últimas décadas, admite.

En 1963, al investigador, nacido en 1942, le diagnosticaron ELA, la enfermedad de la motoneurona, y le dieron dos años de vida. Nunca imaginaron, revela, que fuera a sobrevivir y que al tiempo que su mente viajaba a los confines del universo su cuerpo quedara anclado irremisiblemente a una silla de ruedas, incapaz de hacer absolutamente nada por sí mismo.

Durante muchos años, Hawking se las "apañó" para cuidarle y "moverle" ella sola, luego con ayuda de sus padres, amigos y alumnos del físico y, finalmente, llegó "el principio del fin" de su familia en forma de un ejército de enfermeras.

"En 1985, Stephen estaba en el CERN -Suiza-, y cayó tan enfermo que los médicos querían desconectar su respirador. Yo dije que no podía tomar esa decisión y con muchos esfuerzos volvimos a Inglaterra. Fueron unos meses espantosos, siempre entre la vida y la muerte, pero los milagros ocurren", relata.

Justo entonces apareció el ordenador "que le permitiría hablar, ser oído, y eso le dio una libertad que no había tenido en mucho tiempo. El problema es que tuvimos que tener enfermeras las 24 horas, un ejército de aduladoras que le trataban como a un dios, y él se lo creyó".

Hasta entonces sus hijos y ella eran "unos iguales" para el físico, pero desde el momento en que sus cuidadoras "le pusieron en un pedestal" parecieron "indignos de respirar el mismo aire que aquella persona tan sabia e importante" y quedaron relegados "a un rincón", "tan agotados emocionalmente" que no fueron capaces de "luchar".

El investigador acabó divorciándose de Jane en 1991 y casándose con una de las enfermeras, Elaine Mason, de la que también se separó, tras una acusación de malos tratos, en 2006.

En su libro, al que precedió, en 1994, "Music to move the stars", unas primeras memorias sobre su matrimonio que generaron una gran controversia, la autora desgrana con precisión milimétrica alguno de los más penosos episodios médicos que tuvo que sufrir su marido.

"Tengo una memoria muy visual y puedo recrear situaciones que pasaron hace mucho tiempo. Además, desde hace 30 años apunto en un diario las cosas que hago y luego me es muy fácil recuperar cómo fueron mis reacciones entonces", explica.

Hawking, nacida como Wilde en 1944 en St.Albans, estudió lingüística y filología española y conoció el país a principios de los 60 por lo que está "encantada" siempre con volver y constatar que "España está maravillosa, un miembro destacado de la comunidad europea del siglo XXI", afirma.

Quiso dedicar su tesis a las jarchas y las cantigas, "voces del pasado españolas", que tenían "mucho valor" en la situación que estaba viviendo, asegura mientras recita "tan mal me doled lu 'l-habib enfermo yed cuand sanarad" (tan fuerte mi dolor por el amado, enfermo está, ¿cuándo sanará?).

"Stephen trabajaba entonces en la posibilidad de viajar en el tiempo y yo estaba haciendo mi propio viaje con mis investigaciones, tan atrás, a la España mozárabe, con los cristianos bajo el yugo del moro, a lo mejor como yo era un poco", recuerda de nuevo entre risas esta abuela de tres nietos, amante de la jardinería, cantante consumada y bailarina aficionada de "vals y ritmos latinos".







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