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Muro de Berlín

​Los testigos de la caída del muro, contagiados de la incredulidad y la ilusión

Españoles y latinoamericanos fueron testigos del cambio con el fin del bloque comunista.

Efe. Berlín 06/11/2014 a las 06:00
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Hace 25 años los alemanes vivieron con incredulidad e ilusión la caída del muro de Berlín, sentimientos que recuerdan todavía españoles y latinoamericanos que vivían en la ciudad en aquel momento o que fueron testigos de esa atmósfera de cambio que anunciaba el principio del fin del bloque comunista.

La española Carmen Medina había llegado a Berlín occidental en 1985 "por la vía del amor", pues se casó con un alemán, y trabajaba en la Embajada española en la República Democrática Alemana (RDA) cuando se cayó el muro, explica a Efe.

Recuerda estar en su casa, en la parte occidental, -"aunque trabajaba en la RDA vivía en Berlín occidental y cruzaba el muro cada día por el (puesto fronterizo de) Check Point Charlie"- cuando la cadena pública alemana ARD dio la noticia ese 9 de noviembre de 1989.

"Se veía venir", asegura Medina, que tenía entonces 34 años.
No obstante, reconoce también haber sentido "incredulidad" en un primer momento, pues "nadie contaba con que los acontecimientos se precipitarían con tal rapidez".


No sintió miedo, continúa, más bien "una mezcla de entusiasmo, contagiado sobre todo por los amigos y familiares alemanes de ambas Alemanias, que celebraban poder vivir un momento histórico de tal magnitud y pacíficamente".


Aunque cruzaba cada día la frontera para ir a trabajar y de regreso a casa, sí que le resultó "extraño que tras años de un férreo hermetismo en la frontera se pudieran pasar los puntos fronterizos sin mostrar documentación y sin ver a la Volkspolizei (el cuerpo de policía de la RDA) por todas partes", indica.

El fotoperiodista chileno Jorge Giribás vivió el anunció de la apertura de la frontera de primera mano, trabajando.

"Yo no entendí lo que pasaba ahí", admite el documentalista a Efe al referirse a la trascendental rueda de prensa en la que Günter Schabowski, miembro del Politburó de la RDA, anunció confusamente la apertura fronteriza.

No obstante, alguien más escuchó esas palabras y se fue a la frontera, y con él "fueron miles", algo "increíble" e "impensable" y que hasta hoy tiene "fascinado" a este fotógrafo, que llegó a formar parte del equipo de la única revista femenina de la RDA, "Für Dich".

Esa misma noche, en una despedida a una amiga en un restaurante del lado oriental próximo al muro, un camarero les confirmó la noticia y al acercarse a la frontera un policía los identificó como periodistas y les invitó a cruzar al oeste.

"A las muchachas que andaban con nosotros les tiritaban las piernas, porque era algo impresionante" y además no sabían si iban a poder regresar.

Giribás, que vivía en Berlín Oeste desde su llegada en 1974, pero se movía con bastante libertad en la RDA por ser exiliado de la dictadura chilena, reconoce que "indudablemente la gente ahora está mucho mejor", pero matiza que "todo es muy relativo".
"Hay gente que vivió su vida, que hacía su fiesta, que tenía sus amores y que lo paso regio en la RDA. ¿Y por qué no tienen el derecho a decir 'a mí me gustaba'?", señala.

El cubano Jorge Luis García Vázquez, que llegó a la RDA en el 82 como traductor del Ministerio del Interior de su país, vivió la apertura de las fronteras de regreso en la capital cubana.

"Yo me enteré por turistas alemanes, el 10 de noviembre a las 8.00 de la noche, me imagino que fue", recuerda el cubano, investigador independiente de los archivos de la Stasi y guía del museo-prisión Hohenschönhausen, donde él mismo estuvo detenido en 1987 por tratar de cruzar el muro.

García Vázquez, que además de vivir en diversas ciudades de la RDA había visitado varios países de la Europa Orienta y la URSS, se encontraba paseando por La Habana colonial cuando escuchó a un grupo de turistas bávaros comentar que el muro se había caído.

"Pensé que no era cierto, entonces les pregunté y me dijeron que sí, que todo se fue abajo y yo me quedé petrificado, casi no podía moverme. La primera pregunta que le hice fue 'cuántos muertos, cuántos mataron' y cuando me dijeron que a ninguno dije que era un milagro", cuenta a Efe.

El cubano explica que fue detenido en el 87, dos años antes de la caída del muro, y enviado de vuelta a Cuba por tratar de huir, al no querer colaborar con la Stasi y la seguridad de Estado cubana.
Según apunta, "sabía que algo iba a pasar".

"Donde quiera, vi que el sistema estaba dando los últimos suspiros, económicamente ya no podía más, y políticamente la gente ya no creía en nada más. Pero yo nunca pensé que iba a ser algo tan pacífico, fue lo que me sorprendió a mí entonces", subraya.

El entusiasmo vuelve a ser el denominador común entre los que celebran, 25 años después, la apertura de la frontera interna alemana, mientras otros se suman al recuerdo con un cierto sentimiento de orfandad respecto a un país que dejó de existir para dar paso a la Alemania reunificada. 








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