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Literatura

La fiesta de los libros en Tauste

Firmaron sus ejemplares autores como Daniel Nesquens, Elisa Arguilé, Ángel Gracia, Fernando Malo y Javier Hernández.

Antón Castro. Tauste Actualizada 03/05/2015 a las 15:13
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Mano verde.

Luz Gabás, exactamente al mediodía, acompañada de la concejala de Cultura Esther, tomó el micrófono y pronunció el pregón de la Feria de Tauste, todo un clásico de la vida cultural de Zaragoza y provincia.

Citó a Valentina Ventura, la novia niña de Sender, explicó con tres o cuatro personajes y más de un siglo de historia su peripecia como novelista, en alusión a ‘Palmeras en la nieve’ (la película se estrenará en diciembre) y aludió a algunos narradores para explicar las razones de la escritura: Rosa Montero, Charles Dickens, Edgar Allan Poe y Gabriel García Márquez.

De este recordó que una de sus motivos era que escribía para hacer felices a sus amigos. Un vecino, Mariano, se acercó a algunos oyentes y comentó: “Qué buena frase y qué razón más bonita para escribir”. Este año no se leyó un fragmento de ‘La Quinta Julieta’ de Sender sino algunas páginas del Quijote; así Tauste rendía homenaje a la publicación de la II parte de un libro, en 1615, que bien pudo haber transcurrido cerca de allí: en Pedrola y en Alcalá de Ebro.

Se presentaron libros como siempre, se contaron muchos cuentos en la Biblioteca, se entregaron galardones de cuentos, se exhibieron muchos dibujos y frases, y, por la tarde, la Asociación Cultural el Patiaz presentó un nuevo título de las actas de ‘Tauste en su historia’. Había animación al calor del vermú –tapa y caña, por dos euros para la asociación Adislaf: dinero por buenas razones- y en casi todos los puestos, bajo los soportales, había noticias.

David Fernández, Eva Berlanga y Eduardo Lolumo firmaban tanto como en el Día del Libro en Zaragoza, tal como señaló el editor y librero Joaquín Casanova. ‘El tiempo y el clima en Aragón al alcance de todos’ (Mira) es un pequeño acontecimiento. En Siglo XXI se percibía la crisis, según decía uno de sus responsables, Óscar. Autores como Fernando Bermúdez y Ricardo Marco lograban estampar sus novelas a buen ritmo.

En Tropo había magníficas noticias: el teniente Luis González Segura ha vendido alrededor de 30.000 ejemplares de su libro ‘Un paso al frente’ (lleva siete ediciones) y que los jueces parece que le dan razón: acaban de procesar a dos de los militares que él había denunciado.

Tropo acaba de publicar ‘Aforo completo’ de Sául Cepeda Lezcano, texto del que se dice que el autor “trabajó para el principal acusado en el caso Madrid Arena. En esta novela cuenta su visión del mundo de la noche”. El colectivo Malavida, de tebeos, mantenía sus teatrales irreverencias y su buen sentido del humor. Y en Onagro, Fernando Jiménez Ocaña estampaba su nueva novela de 700 páginas: ‘La colinas de los sueños’; cuenta la historia de un joven cuya existencia transcurre entre dos polos, los cortijos andaluces y el Madrid fascinante de ‘La Década Prodigiosa’. Fernando dice que esta novela de aprendizaje tiene también sus atractivos eróticos y retrata a alguien que quiere hacer realidad sus sueños como cantante pop.

Trinidad Ruiz-Marcellán y Reyes Guillén presentaron algunos de los últimos libros de Olifante y de Pregunta, entre ellos ‘Catedral de la noche’ de Ángel Guinda o ‘Verde mar del norte’ de Clara Castán Ibarz. La librería Antígona acudía por ver primera vez a Tauste y lo hizo con tres autores: Daniel Nesquens, autor de ‘Nada de nada’ del sello SinPretensiones, dibujado por Alberto Gamón, la ilustradora Eva Arguilé y el novelista Ángel Gracia, que firmaba ‘Campo rojo’ de Candaya. Otro librero nuevo en la plaza era el libro de anticuaria Pablo Parra.

Entre cliente y cliente, le encantaba recordar futbolistas argentinos: Rattin, Yazalde, Carnevalli, Maradona o Messi. También había dos editores de estreno: el sello Sin Cabeza, que ofrecía ‘La mano verde’ de Sandra Araguás, ilustrado por Rosa Mai, y Disident Tales Editorial, ofrecía sus títulos: ‘La sonrisa del León’ de Fernando Malo, con espléndidos dibujos de Javier Hernández, presente también con sus propios libros ‘El secreto de Jacinto’ y ‘Haberlas haylas’ y con su trabajo ‘La leyenda de la ciudad sumergida’, en este caso del sello Nalvay.

Y ‘Alma y el poeta’ de José María Tamparillas, dibujado por Marifé Castejón. El editor, Carlos Rolón, estaba dispuesto a sacar pecho: “Somos la única editorial que coloca, en solapa, antes al ilustrador que al escritora”. Javier Hernández, con humor, apostilló: “No sabes cómo me gusta eso”. La Asociación Boira mantenía su apuesta por los libros en aragonés; el nombre de Chusé Inazio Nabarro parecía el autor más representado.

Las ventas parecen haberse estancado en Tauste. Había leve disparidad de percepciones. Un librero decía que habían bajado las ventas y otro afirmaba: “No se ha vendido mucho, pero ha sido un día estupendo. De fiesta”.







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