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Literatura

Llucia Ramis: “Nuestros padres se toman la crisis como un fracaso suyo”

La escritora mallorquina acada de publicar 'Todo lo que una tarde murió con las bicicletas', una novela sobre el desencanto que la crisis ha provocado en una generación.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 25/09/2013 a las 17:10
1 Comentarios
La escritora Llucia RamisCARLES DOMENEC

Llucia Ramis, escritora mallorquina afincada en Barcelona, acaba de publicar su novela ‘Todo lo que una tarde murió con las bicicletas’ (Libros del Asteroide). Se presenta esta tarde en diálogo con Daniel Gascón en Los Portadores de Sueños.

-¿Qué le debe este libro al poeta Pere Gimferrer?
-Sobre todo, el verso que le da el título. ‘Todo lo que una tarde murió con las bicicletas’ pertenece al poema ‘Sistemas’, en el que Gimferrer compara la poesía con un sistema de espejos giratorios. Creo que las familias también son sistemas de espejos giratorios en los que unos nos vemos reflejados en los otros, no siempre en quienes más nos gustan.

-¿Y al desengaño, a la crisis?

-Es el motor y el motivo de la novela. Soy freelance. Hace dos años me encontré sin apenas colaboraciones, sin dinero, y me di cuenta de que me había centrado tanto en el trabajo que tampoco tenía pareja ni hijos. Pese a todos los esfuerzos que había hecho, no tenía nada. Entonces pensé que tendría que volver a casa de mis padres. Finalmente no lo hice, pero me pregunté qué habría pasado en tal caso. El resultado es este libro.

-¿Son estos los tiempos de volver a casa?
-Por desgracia, a muchos nos les queda más remedio. Otros buscan salidas en el extranjero. En cualquier caso, nos educaron para que fuéramos libres e independientes. Y en estos momentos de precariedad y provisionalidad es muy difícil conseguirlo. Los padres de mi generación se ilusionaron mucho con nuestro futuro, creyeron que viviríamos mejor que ellos, puesto que ellos habían vivido mejor que sus propios padres. Aunque la culpa no sea suya, se toman esta crisis como un fracaso.


-En los años 70 y 80 los jóvenes se iban de casa... ¿Es factible eso ahora?
-Es difícil. Antes podías trabajar mientras estudiabas y con el sueldo te pagabas la carrera y una habitación en un piso compartido. Con el aumento de las tasas universitarias, la disminución de las becas, y sobre todo la falta de trabajo tanto para los padres como los hijos, se ha vuelto muy complicado. Además intentan convencernos de que estudiar no sirve para nada porque no es productivo a corto plazo. Los alquileres son muy caros, poco acordes al recorte de los sueldos. Los jóvenes están desencantados, tienen la impresión de que nada cambiará y de que, por mucho que se esfuercen, carecen de futuro. Por eso muchos se protegen en casa de sus padres mientras pueden.

-¿Podríamos definir el libro como un diario sobre la decepción o un canto a la rebeldía cuando todo se pone en contra?
-Más bien es un repaso a todo lo que sí tenemos. En el caso de la narradora, una educación, unos valores, una familia bien avenida, mucho amor. Saber quiénes fueron sus antepasados no le desvelará qué será de ella, pero por lo menos podrá situarse, entender cómo ha llegado hasta aquí. La decadencia de la burguesía de sus abuelos belgas, propietarios de una compañía minera en Asturias, es similar a la que luego sufriría el progresismo de sus propios padres. A ellos se les rompieron los esquemas; la narradora intenta recomponer las piezas para entender qué ha fallado. Por eso es un libro fragmentario, en el que unos recuerdos llevan a otros y construyen la memoria familiar.

-Dice que este libro no es autobiográfico ni confesional. ¿Por qué, entonces, se insiste tanto en ello, en que detrás está la Llucia Ramis que conocemos?
Por una parte, digo que no es autobiográfico para protegerme y que no se convierta en un libro de cotilleos. Por otra, reconstruyo la historia de mi familia a partir de las anécdotas que suelen contarse en casa y rellenando los huecos con invenciones. Detrás está mi voz. El lenguaje, los códigos que utilizamos en casa, la mezcla de catalán, castellano y francés, la manera de dirigirnos unos a otros, son la base de esta reconstrucción.

-¿En qué medida diría que es también un libro sobre el aprendizaje sentimental?
-Podría considerarse como unas memorias de preadolescencia. La narradora discute mucho con su padre, pero entiende que se trata de una manera de expresarse. En cambio, aunque sea una relación aparentemente más afable, la relación que tiene con su madre es más fría. Con respecto al amor, intenta ser práctica, pero es demasiado romántica para conseguirlo. Lejos de creer en príncipes azules, a los siete años le envía una carta al príncipe Felipe para decirle que es muy guapo, y él nunca contesta. Es su primer desengaño. Luego cree que su primer beso será maravilloso, y en cambio se encuentra con catorce años en la habitación de un cerdo que le pide que le masturbe.

-El amor, el sexo, la pasiones inmediatas, ¿qué le aportan a la protagonista?
-Son pequeñas cicatrices, poco graves, pero que le han ido demostrando que no todo es tan idílico como imaginaba. No ha sufrido un gran desamor ni ha sido víctima de inconsolables tragedias sentimentales, tal vez porque empezó a protegerse desde muy pronto. Sin embargo, esos pequeños golpes han ido erosionándola.

-En los últimos días le he oído de David Forster Wallace, Thomas Pynchon, quizá a Natalia Ginzburg. ¿quién son los escritores que lee, de los que aprende?
-De todos ellos, pero también de Coetzee, Saul Bellow, Cormac McCarthy, Italo Calvino, Alice Munro, Houellebecq, Bolaño, Peter Cameron… ¡De tantos!

-¿Cómo vive su condición de escritora en catalán y en mallorquín?
-Con normalidad. Tanta, que no sé contestar a esta pregunta.

-Es mallorquina pero vive en Cataluña. ¿Cómo se enfrenta al nacionalismo y a la idea de la independencia?
-He pasado la mitad de mi vida en Barcelona, pero no me siento ni catalana ni española; tampoco belga, de donde es mi familia materna. Nunca he sido nacionalista, independentista ni tampoco antiindependentista. Ahora bien, al margen de estrategias políticas y el taladro aburridísimo de los generadores de opinión pública, creo que los catalanes han encontrado un motivo para ilusionarse. Y eso, en tiempos de parálisis y desidia como el de ahora, me parece muy bonito, incluso emocionante. La paradoja es que, cuanto menos se les escuche, más fuerte gritarán. El Gobierno se equivoca haciendo oídos sordos: si hubieran aceptado el referéndum el año pasado, habrían salido menos independistas que este año. Y cada vez irá a más.

-¿Está a favor?
-Estoy a favor de la consulta y no entiendo que se pueda estar en contra. Al fin y al cabo, es una sociedad expresando lo que quiere y lo que pide es hacerlo en las urnas.



  • fransinatra25/09/13 00:00
    Me importa un pimiento tu libro, con las manisfestaciones que haces manifiestas escaso talento y lucidez





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