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Arte

Persiguiendo la firma de Goya

El descubrimiento de una firma ‘oculta’ en uno de los cuadros del pintor de Fuendetodos reabre el interés por su primera etapa.

V. Millán. Zaragoza Actualizada 23/09/2013 a las 14:59
1 Comentarios
Francisco de Goya.

La noticia saltaba la semana pasada. Un estudio realizado por la Universidad de Barcelona, en colaboración con la Fundación Goya en Aragón, aseguraba haber descubierto una firma escondida del pintor en ‘El sacrificio a Vesta’, obra que compone una de las escasas referencias que se tienen del periodo que el maestro pasó en Italia. El hallazgo, logrado gracias a la aplicación de ‘rayos T’ sobre la pintura, abre una nueva puerta en la peritación de obras de arte y, en especial, revive el interés sobre el legado primigenio del pintor aragonés, que por escasez y falta de acuerdo siempre ha constituido una de las asignaturas pendientes entre los estudiosos de su figura.

Las cuentas son claras. Existen pocas obras contrastadas para un artista que, pese a ser joven, ya llevaba varios años trabajando de forma propia. “Hoy por hoy contamos con una decena larga de obras de su primer periodo, pero está claro que tiene que haber más, y en los próximos años deberíamos tener novedades”. La afirmación procede de Arturo Ansón, Historiador del Arte de la Universidad de Zaragoza y catedrático del Instituto Goya, que ha consagrado más de 30 años de su vida al estudio de la pintura aragonesa del siglo XVIII, y que en 2010 atribuyó a Goya una Piedad que hasta entonces se consideraba propia de su maestro e impulsor, Francisco Bayeu.

“En la primera etapa zaragozana de Goya y la inmediatamente posterior al viaje a Italia -de 1769 a 1771- resulta complicado dilucidar si muchas obras tienen más de Bayeu o más de Goya” comenta el profesor, explicando que en muchas ocasiones el genio de Fuendetodos trabajaba sobre los bocetos e ideas de su mentor, mostrando un estilo aún en plena formación carente de la identidad goyesca que se revelaría años más tarde. Hay que tener en cuenta que hasta los treinta años Goya no contó con un apoyo pleno por parte de instituciones y público. De hecho, el pintor emprendió su viaje a Italia para conocer a los grandes maestros bajo sus propios medios, después de sucumbir en sus intentos por lograr una beca de la Real Academia de San Fernando.

Por lo tanto, y según señala Ansón, “es posible que Goya se dedicara durante su estancia en Italia a la creación de pequeños cuadros de temática mitológica o costumbrista, que vendería a turistas cultos o a pequeños clientes para ir costeando su viaje”, los cuales resultan ahora difíciles de encontrar. Sin embargo, ese no es el caso de ‘El sacrificio a Vesta’, la obra diseccionada por los terahercios del estudio de la Universidad de Barcelona, datada en 1771, cuando Goya ya contaba con cierto acomodo en el país transalpino.

“Realmente no entiendo muy bien esta fiebre por encontrar microfirmas”, valora el profesor Ansón, que entiende que ‘El sacrificio a Vesta’ es una obra que cuenta ya con el consenso suficiente como para ser atribuida a Goya con rotundidad, sin necesidad de estudios que, “aplicados con intenciones mercantilistas, podrían dar lugar a muchos malentendidos”.

A vueltas con su legado

La figura y la obra de Goya ha estado rodeada en los últimos años por la polémica. Los estudiosos de mayor renombre se han enzarzado en una pugna por asignar o revocar al pintor aragonés varias pinturas que se daban por suyas. El mayor órdago lo lanzó en 2008 la jefe del Área de Conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya del Museo del Prado, Manuela Mena, cuando compareció en rueda de prensa, acompañada por el director de la pinacoteca, para afirmar que ‘El Coloso’, uno de los cuadros más evocadores de la época plena del genio, no había salido del pincel del de Fuendetodos.

Mena basaba su tesis en el hallazgo de dos marcas que podrían identificarse como la firma de Ansensio Juliá, un colaborador del maestro aragonés, algo que fue categóricamente rechazado por la mayor parte de los eruditos en la figura de Goya, encabezados por el prestigioso hispanista Nigel Glendinning, fallecido en febrero de este año.

Así, a finales del 2009, presionado por las críticas de toda la comunidad, El Prado reculó en su postura, finalizando su análisis con el tibio veredicto de que ‘El Coloso’ correspondía a un discípulo o seguidor de Goya no identificado. “‘El Coloso’ es de Goya, se mire por donde se mire”, afirma taxativamente Ansón, que comenta en tono irónico “el enorme alarde de incoherencia” que realiza la pinacoteca al seguir exponiendo en la sección de Goya esta pintura cuando en su descripción figura el rótulo de ‘autor desconocido’.

El último capítulo de la batalla librada para devolver ‘El Coloso’ a Goya lo protagonizó el también profesor de la Universidad de Zaragoza Carlos Foradada. El docente -y también pintor- desmontaba en un estudio publicado en el primer trimestre de este año la postura defendida por Mena, y lo hacía a base de argumentos técnicos, químicos y compositivos que buscaban recomponer el contexto en el que fue realizado el cuadro.

“Para desvestir a un santo hay que tener unas ropas tan buenas o mejores con las que vestirle después”, sentencia Arturo Ansón, que comparte la tesis de Foradada y reitera el “tremendo despropósito que se está manteniendo” desde el Museo del Prado, ya que “en el mundo del arte la afirmación, ya sea consensuada o no, de una autoría u otra” hace que el valor de una obra pueda dispararse o quedar eternamente en entredicho. Una circunstancia que ahora se maneja con especial cautela dentro del abanico de pinturas que podrían achacarse al Goya más joven, sobre todo después de que en 1983 una retrospectiva atacara este periodo tan confuso y carente de referencias por medio de una exposición que no hizo otra cosa que aumentar la polémica.

“Aquello fue un completo desbarajuste” recuerda el profesor Ansón. “Aparecieron un montón de cuadros y de interesados que, desde luego, poco tenían que ver con Goya, dejando el rigor científico completamente aparcado”. Desde entonces, ninguna gran galería se ha atrevido a retomar aquella década perdida, un asunto que Ansón espera que se pueda solventar “de aquí a un par de años” con una nueva muestra que saque a la luz el trabajo que él, y otros estudiosos zaragozanos, llevan realizando “en silencio” desde hace bastantes años.


  • R.R.23/09/13 00:00
    Goya era catalán, de Cataluña.





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