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Literatura

Teresa Viejo: "Mi función en el mundo es poner nombres a las cosas"

La periodista acaba de presentar 'Mientras llueva', su última novela.

Flor Medina. Zaragoza Actualizada 08/07/2015 a las 21:34
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Teresa Viejo en el Gran HotelSandra Lario

A Teresa Viejo le gustan las historias cargadas de realismo, personajes decididos, misterios y un toque de romanticismo. Con estos ingredientes ha escrito 'Mientras llueva', su último libro, y ha estado en Zaragoza para promocionarlo.

Periodista, fue la primera mujer que dirigió un programa matinal en Radio España así como la revista 'Interviú', Viejo ha sido de romper esquemas, como Alma, la protagonista de su novela.


'Mientras llueva' transcurre alrededor de Alma y sus intentos de recomponer su vida tras un amor tortuoso y la reciente muerte de su madre. Para ello, se aisla en la tierra de sus antepasados, sin sospechar que allí empezará una trepidante inmersión en sí misma hasta liberarse de los miedos que la atan.
 
-"Nacemos con un libro, si aprendemos a leerlo puede salvarnos la vida..." ¿Para acercarnos al libro de nuestra propia vida qué valora más, la paciencia o el coraje?
-Siempre es mucho más literario el coraje, sin ninguna duda. En la vida, sin embargo, hay que aplicar buenas dosis de las dos. yo soy un equilibrio un tanto perverso entre las dos, pero si tiene que predominar una más es la paciencia.

-Esta novela llega tras títulos como 'Que el tiempo nos encuentre' y 'La memoria del agua'. ¿Con qué etapa de su vida encaja?

-Creo que en una etapa bastante tranquila pero al tiempo con muchos cambios en el futuro inmediato. En mi vida profesional estoy muy cómoda, en un momento en el que me permite escribir y dedicarle tiempo y en lo personal, yo siempre estoy en una especie de inquietud y eso me parece que me permite crecer como persona y ser mejor profesional porque me estimula, me espolea a estar buscando, mirando.

-Alma, la protagonista de su novela, es una mujer intrépida y cuanto menos curiosa, podríamos decir que tiene madera de periodista. ¿Cuánto pone de sí misma en los personajes de sus obras?
-Hay de mí en todos lo personajes. Decir que el autor se escatima y no se ofrece es engañar al lector. Cuando configuras seres de papel que luego se convierten en seres de carne y hueso, tú tienes que añadir de lo que ves y sientes, de cómo te interrelacionas... La curiosidad es muy mía, ella es más intrépida que yo, yo no me metería en una casa ruinosa ni abriría puertas y a saber qué me encontraría.


-Hablando de personajes, en 'Mientras llueva' hay un despliegue abundante y detallado de ellos, cada uno con sus peculiaridades...
-Me sale muy natural. Me obsesionan varias cosas. Los seres humanos somos poliédricos. Si confeccionara mi novela con la idea de un bestseller, diría: "Los malos tienen que ser muy malos y los buenos, muy buenos", y yo no lo concibo así. A mí me gusta que una novela se parezca lo más posible a la realidad en cuanto que sea veraz. Por tanto no hay nadie malo salvo alguna personalidad patológica. Los personajes chiquititos tienen que estar muy bien dibujados porque son los que se interrelacionan con los demás. Los secundarios me sirven para darle voz al lector.

-No son nada maniqueos.
-Me los trabajo en la cabeza pero tampoco hay una hoja de ruta. Si caigo en el maniqueísmo mis personajes no serían de verdad, serían como de cuento. Siempre me pregunto por qué se comportan como se comportan. Mis novelas son muy de final porque en el final todas las piezas del rompecabezas encajan, todas. Necesito que tengan justificaciones, incluso cuando actúan de una manera espontánea hay un porqué secreto.

-La lluvia es ya un personaje más en su novela con un marcado significado metafórico. Aparte de esto,  ¿a quién enviaría lluvia para que se refresque?
-(Ríe). Yo mandaba un tormentón a Grecia, a toda Europa, a todos. Les mandaba uno de esos que se lleva todo y luego lo arrastra por las alcantarillas. Y después mandaba una lluvia refrescante a mucha gente, de estas caribeñas que no te puedes creer que llueva tanto y luego se seque tanto en tan poco tiempo.

-En su novela la trama se va tejiendo entre la realidad y lo espiritual, lo tangible y lo intangible. ¿En qué cree? Si cree...
-Creo mucho más que cuando empecé a escribir, sin la menor duda. Tengo un cierto recelo a manifestarlo en las entrevistas porque no quiero que se me califique. Creo que el lector tiene que hacerse su propia reflexión. Lo que sí asumo es que no somos materia única y exclusivamente. Y ¿hasta qué punto esa otra cosa, que se llama energía, espíritu o alma interfiere en la materia, se comunica o nos guía en la vida? Es algo que me sigo preguntando. Yo entiendo que hay determinadas cosas que se producen en mi vida porque las impulsa algo por encima de mí y no sé explicar qué es. Es algo que no puedes traducirlo de modo que se pueda discernir con la cabeza, siempre pido al lector que lea con el corazón. Si lo lees con la razón solo te quedas con el envoltorio.

-Ha creado un pequeño mundo, los escenarios, las direcciones... Para eso hace falta mucha imaginación. ¿Qué rituales sigue para no perder esta capacidad?
-Cuado creo algo que no existe, y aquí entra en juego la periodista, trato de sustentarlo en la realidad. Lo que hago es sustentar mi mundo con objetos, olores, sensaciones y lo visualizo. Por eso hice el mapa, para que la gente lo visualice. Hago fotos de muchos sitios y los voy componiendo. (Teresa Viejo saca su móvil y busca una serie de fotografías que acompañan a la presentación del libro. Hay una foto de una chica alta con un vestido, es Alma). Tengo fotos de ella, del coche, las casas. No sé quien es esa modelo pero me la encontré y dije: es ella, es Alma.

-Su novela está plagada de misterios, secretos y verdades a medias. Todos tenemos de esto en nuestras familias, pero ¿siempre hay que girar la puerta y descubrir lo que se esconde del otro lado?
-Sí, siempre. No me creo que haya una familia que no tenga secretos, a lo mejor no en la generación inmediata y sí en la anterior. Siempre hay algo.

-Mantiene una extensa y exitosa trayectoria tanto en prensa como en televisión y radio, ¿cómo concibe la literatura en su vida?
-Como algo profesional. No abandonaré el periodismo porque el periodismo es una manera de mirar la vida, y el mío es muy vocacional, pero me gustaría que la escritura ocupara un porcentaje de mi tiempo profesional enorme. Porque, entre otras cosas, soy tan feliz escribiendo... Toda mi vida ya es escritura. Mi función en el mundo es poner nombres a las cosas y describir lo que siento en palabras. Ya no tengo pudor ni vergüenza, dejo que fluya.

-Por eso dicen que hay que desembarazarse de todos los miedos para escribir con autenticidad.
-Totalmente, es así.

-Este libro le hace un homenaje a la mujer valiente, a la que lucha por sus objetivos pese a nadar contra corriente. Alma es toda una adelantada a su época. ¿Cuáles son las mujeres de su vida?
-La madre con mayúsculas. Pero también me gustan las historias de gente sencilla. Hay una trabajadora de Unicef que se llama Carmen Garrigós, ella es enfermera y trabaja en Afganistán, sus experiencias son tan maravillosas cuando trata de vacunar a niños y a madres, que cada vez que hablo con ella me siento renovada. Ese es el perfil de las mujeres que admiro.
 







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