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Libros

Alberto Gil: "Desde que soy ciego total mi lema es: 'Si yo puedo, tú puedes"

Este 'soriagozano' capaz de pilotar avionetas ha plasmado sus odiseas en un divertido libro.

Nuria Casas. Zaragoza 07/01/2015 a las 09:00
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Alberto Gil, en el paseo de la Independencia de Zaragoza, donde ha pasado las fiestas navideñas con su familiaLaura Uranga

Alberto Gil (Fuentestrún, Soria, 1966) es un ciego total que, a falta de vista, ha desarrollado intensamente el resto de los sentidos, incluido el del humor. Su ceguera no ha sido inconveniente para que su espíritu viajero le llevara a pilotar una avioneta, a conocer once países y a plasmar sus aventuras en un libro, ‘Mis pequeñas odiseas: viajando con otros ojos’ (Ediciones 94). Una autoedición que presentó recientemente en el Centro Soriano en Zaragoza y con la que, además de ofrecer una lectura amena y divertida sobre sus peripecias, colabora con la Fundación Ilumináfrica, a la que dona un 10% de cada volumen vendido. Este 'soriagozano'  (su familia vive en la capital aragonesa y estudió en la Universidad de Zaragoza), que vio frustrada su esperanza de ser arqueólogo por la ceguera, guarda un grato recuerdo de su paso por Barbastro y Teruel, lugares en los que trabajó en la ONCE. Alberto Gil se siente el tuerto entre otros discapacitados como los paralíticos cerebrales o las personas con síndrome de Down, por quienes siente verdadera admiración. 

¿Qué le responde a quienes le preguntan que a qué va si no ve?
Que voy a estar en los sitios, porque viajar y hacer la vida cotidiana es mucho más que ver. Es verdad que estamos en una sociedad basada en la imagen, pero el mundo se compone de mucho más de que imágenes. Voy al cine y también me hacen la misma pregunta, o cuando viajo: voy a estar como uno más, a participar en igualdad de condiciones como cualquier persona. En definitiva, a la integración y a demostrar que si yo estoy, los demás también pueden estar.

¿De dónde le viene ese espíritu viajero?

Creo que de mi abuelo, que era arriero. En mi casa siempre he visto el viaje: mi padre iba con un camión, mi abuelo iba con el carro, yo he viajado desde los 6 años a Barcelona por temas visuales. Y creo que también me ha influido la literatura de viajes de Julio Verne, de Emilio Salgari, que me hacían vivir otras aventuras fuera de la meseta castellana en la que nací.

Fue hacia los 20 años cuando se quedó ciego totalmente…
Tengo una enfermedad degenerativa que se llama retinosis pigmentaria, y por la noche no he visto nunca bien, pero de día me manejaba más o menos hasta los 20 años, cuando tuve un bajón que hizo que dejara de poder leer, perdiera muchas referencias… Y a partir de ahí tuve que reprogramarme.


Pero se lo tomó con una filosofía fuera de lo común…
Es una actitud positiva que, no sé si es aquello de que mal de muchos consuelo de tontos, pero cuando perdí la vista a los 20 años, en 3º de carrera, teniendo que aparcar mi sueño de ser arqueólógo y en plena juventud, fue un palo tremendo. Mis padres me tenían que leer los textos, mis compañeros me ayudaban…

Eso era en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, donde hacía Geografía e Historia.
Así es. Y ahí tuve un bajón grande, pero fui a la ONCE, en la plaza Ecce Homo. Yo pensaba que la ONCE, en el año 1987, era solamente para ciegos totales y para vender cupones. Entonces vi que los ciegos hacían cosas, y se reían, y pensé: “Si ellos pueden, yo puedo”. Y ahora es mi filosofía, mi lema de vida: “Si yo puedo, tú puedes”.

Puede, incluso, pilotar una avioneta. ¿Cómo lo hizo?
Todo vino porque tenía el capricho de montar en globo, siempre me había atraído después de leer ‘Dos semanas en globo’ de Julio Verne. Otros cuatro ciegos y yo buscamos una empresa y montamos en la barquilla con cinco personas más y el piloto. La experiencia fue decepcionante en el sentido de que no se notaba nada. Claro que los que veían alucinaban de ver el acueducto de Segovia desde el aire...

¿Y qué esperaba?
(Risas) No sé, me esperaba otra cosa. Y me hicieron una entrevista en Radio Nacional y conté que me había decepcionado porque parecía que estaba parado y solo notaba el ruido de los propulsores cuando subía el globo y el aterrizaje. El piloto del globo me oyó y se picó.

Y le dijo que ahora se iba a enterar…
Me llamó y me ofreció pilotar una avioneta. Yo acepté encantado, lo consideré un lujo. Era como un coche de autoescuela: él llevaba los mandos y yo llevaba los mandos también. El aterrizaje y el despegue lo hizo él y el resto me dejó a mí. Así que una vez arriba, me dijo: “Te toca”. El volante es como unos cuernos que si los llevas hacia ti la avioneta sube y si lo llevas hacia fuera baja. Entonces yo apreté fuerte para subir y ¡pegó un bandazo! Me hizo alguna perrería, me puso de lado… Fuimos de Ocaña a Aranjuez y vuelta.

Usted que ha visitado un montón de ciudades, ¿qué echa de menos cuando visita esos lugares?
Más accesibilidad. Vas a las ciudades y no hay apenas maquetas de monumentos, y si las hay a veces están en vitrinas, así que no las podemos tocar y es bastante frustrante. Para paliar esa carencia te inventas el truco de ir a las tiendas de recuerdos, y como suele haber réplicas en pequeñito, más o menos te haces una idea del monumento. También me gustaría como utopía que hubiera más museos de los sentidos, porque los olores propios del lugar, la música, de algo más que no sea visual.

En cuanto a la sensibilidad ciudadana con los ciegos, ¿hay alguna ciudad donde la haya apreciado especialmente?
En Ávila están muy sensibilizados, de hecho tiene premios como la ciudad más accesible de Europa. En España en general hay bastante sensibilidad porque la ONCE ha trabajado mucho en ese tema. En el extranjero en cambio no. Y es curioso, porque son países avanzados como Suecia, Portugal o el Reino Unido. En Lisboa, por ejemplo, que fuimos tres ciegos totales solos, en un palacio en Sintra  no nos dejaron entrar porque no se fiaban de que nos pudiésemos caer. En Estocolmo me sorprendió mucho que, siendo la capital de un país sueco, no hubiese maquetas ni nada de sensibilidad. Allí entraban gratis los acompañantes a los museos, así que en vez de fomentar la integración están fomentando la protección. Y yo siempre he luchado por la normalización, por ser uno más y me pueda desenvolver de forma autónoma.

En su blog dice que prefiere que le llamen ciego a invidente.
Sí, es por los eufemismos. A veces por querer usar un lenguaje políticamente correcto parece como que da miedo utilizar la palabra ciego, y tampoco tiene una connotación negativa: es la realidad. Si los videntes son los que ven con la mente, los invidentes seríamos lo contrario, y yo no me considero como tal. La gente está acostumbrada a hablarnos con circunloquios, se arman líos con el lenguaje. Les sale decir: “Ya lo verás”, y te das cuenta de que están dándole vueltas para no hacernos sentir mal. Pues di “ya lo verás” , que el lenguaje no lo cambiamos, que somos personas normales.

Al hilo de un pequeño viaje que hizo con una persona que estaba en horas bajas, en el libro recomienda incluso como terapia contra la depresión compartir una jornada con un discapacitado.
Sí, bueno, puede haber gente que se agobie más todavía… Pero creo que pueden pensar: “Si ellos pueden, ¿por qué no yo? Yo voy con una asociación de discapacitados que están peor que yo, son paralíticos cerebrales, con síndrome de Down… y alucinas la cantidad de cosas que hacen. En el mundo de los ciegos, el tuerto es el rey, pero yo en este caso me siento el tuerto, un privilegiado en cierta medida. Es bueno porque ves naturalidad, sentido común, buen humor… Todos tenemos nuestros momentos, tampoco quiero dar una imagen falsa de lo que es una ceguera, realmente sí es duro. Pero no vas a estar diciendo a la gente: “Pobrecito, qué desgraciado soy, que no puedo ir a ningún sitio”. Ni somos superhéroes ni somos pobrecitos, cada uno somos diferente.

¿Cuántos países conoce?
He visitado once. Como vamos poco tiempo cuando viajo al extranjero, he aprendido a dejar de lado los circuitos y estamos solo en una ciudad tres o cuatro días.

¿En qué lugar es donde más ha disfrutado?
En Estambul. Es muy sensorial, los olores, los sonidos, otra cultura, la gastronomía, la música. En plan de disfrute y placentero, Estambul. De emociones, Auswitch me impresionó mucho. Aunque no ves el campo de concentración, se siente, se huele… Es algo increíble, porque piensas cómo es posible que después de 70 años siga habiendo algo ahí que te impresione tanto. Hay mucho dolor.

¿Qué viaje le queda pendiente?
En España, Cádiz, que espero que este año lo haga, Málaga, Menorca y un montón de pueblos. En el extranjero, ciudades sensoriales como Calcuta y Nueva Delhi, también de cataratas como Iguazú, Italia tampoco lo conozco.

¿Recuerda alguna anécdota de sus viajes especialmente?
En Jarandilla de la Vega me asusté, porque decidí ir a un pueblo y me costó hora y media llegar. A la vuelta me indicaron en dirección contraria y llevaba dos horas y media andando y no llegaba… Además se me agotó la batería del móvil y no podía guiarme con el GPS, no había nadie a quien preguntar… Llegó un momento que pisé con el bastón lo que era una acera, así que había dejado atrás el arcén de la carretera comarcal, y pensé: “Por lo menos he llegado a la civilización, no sé adónde pero he llegado”.

¿Y en ocasiones así no decide no volver a viajar más?
No, soy aventurero, aunque siempre intento ser prudente. Te pierdes en los sitios porque no los conoces y te supone mucho esfuerzo mental tener que memorizar referencias. Pero a base de preguntar, de educación, de tener un carácter abierto y las ideas claras a la hora de viajar llegas a los sitios. Pero tengo que elegir sitios que tengan transporte público desde Madrid, que sean manejables, sencillos, que puedas hacer alguna visita guiada…. Necesita una preparación previa extra a la que cualquier viajero. Si quieres viajar, porque es distinto a hacer turismo.

¿Cuál es su trabajo en la ONCE en Madrid?
Como técnico de biblioteca, me dedico a la promoción de la lectura entre las personas ciegas y cara a la sociedad. Entre las personas ciegas, haciendo una revista con información bibliográfica mensual, con novedades de libros adaptados en braille y audio, y siendo secretario de una comisión seleccionadora de libros que se vayan a adaptar. También coordino un club de lectura para personas ciegas en braille. Y a nivel interno me dedico a dar charlas en colegios y en todos los sitios que puedo.


  • Javier07/01/15 15:25
    Todo es posible si uno quiere., yo conozco a Alberto desde hace muchos años, mi madre era del mismo pueblo de Soria  Fuentestrún, es todo fuerza y pundonor. Una GRAN PERSONA Y UN GRAN LUCHADOR.
  • jose antonio07/01/15 15:12
    Gracias, Alberto. El libro, está siendo un éxito. En nombre de Fundación Iluminafrica, te damos las gracias, por acordarte de esta Fundación y destinar el 10% de los beneficios de la venta a nosotros.Muchas gracias.
  • luisclv07/01/15 09:55
    Todo un ejemplo de como sacarle a la vida todo el zumo posible. Estas personas nos dan empuje para ser optimistas. Gracias por ser tan positivo.





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