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Adios

El genio aragonés de la alta costura

​Manuel Pertegaz, gran exponente de la pasarela mundial, fallece a los 96 años en Barcelona.
Conectó tradición y modernidad, vistiendo a grandes actrices y a la reina Letizia en su boda

Ana Usieto 03/09/2014 a las 06:00
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El modisto aragonés Manuel Pertegaz, junto a uno de sus diseños.efe

El diseñador turolense Manuel Pertegaz falleció ayer en Barcelona a los 96 años. Deja el mundo de la moda sin uno de los últimos representantes de los tiempos dorados de la alta costura, sin un genio pionero que contribuyó a crear nuevas siluetas para una mujer moderna y libre, con la elegancia, la exquisitez y la sofisticación discreta como ejes de su estilo. 

Con Cristóbal Balenciaga, al que Pertegaz siempre admiró, fue uno de los pocos modistos españoles en alcanzar repercusión internacional, aunque el turolense lo logró con la dificultad añadida de hacerlo sin salir de Barcelona, alejado de los circuitos de la moda. Pertegaz era un trabajador incansable, que convirtió su carrera profesional de casi 80 años en una constante búsqueda de la perfección. Menudo físicamente como era, escribió:"Mi vida ha estado por completo dedicada a la moda. Es este un duro y apasionante trabajo que requiere fortaleza, resistencia y la fuerza de un coloso, de un gigante. Pero ha valido la pena, siempre rodeado de grandes mujeres y, entre ellas, muchas de mis mejores amigas". 

Manuel Pertegaz asomó al mundo en 1917 en Olba (Teruel), en el seno de una humilde familia. Allí "solía ver cómo cosía mi madre", recordaba. Lo suyo fue una vocación precoz. "De pequeño no era de los que le pegaban a la pelota, soñaba, imaginaba. Cuando iba a misa, me fijaba en las grandes cortinas de terciopelo que cubrían las imágenes y pensaba qué bellas eran y lo que se podría hacer con ellas. También veía los pañuelos de puntillas de las mujeres que se arrodillaban ante el altar, y si estaban mal colocados me entraban ganas de ir y ponérselos correctamente", contaba a HERALDO el 6 de abril de 1999, el día en que su pueblo le nombró hijo predilecto.

Pinitos como sastre

Con solo 10 años, Manuel, junto a su familia, dejó atrás Olba en busca de mejores condiciones de vida. La Meca era Barcelona, donde enseguida quedó impresionado por la manera de vestir de los paseantes. Siendo muy joven hizo sus pinitos en la sastrería Ángulo, donde el boca a boca le situó entre los preferidos de las señoras. Como un "inconsciente", en sus palabras, llamó a las puertas de las dos grandes casas de moda de la época, Santa Eulalia y Pedro Rodríguez, pero ninguna de las dos le hizo un hueco... por suerte para él.

En 1940, con solo 23 años, abrió en la avenida Diagonal su primer taller. En la gris España de la postguerra, comenzaba la brillante carrera de un modisto destinado a vestir de novia a la futura reina de España. Solo ocho años más tarde, Pertegaz inauguró una sucursal en Madrid y en 1953 presentaba por primera vez una colección en Nueva York. Fue el comienzo de una fulgurante carrera internacional que le llevó a codearse con grandes contemporáneos en la pasarela, como Pierre Cardin, Valentino o Balmain. Pero la prueba definitiva de su renombre llegó en 1957, tras la inesperada muerte del maestro de maestros Christian Dior. La ‘maison’ propuso a Pertegaz sucederle. Pero renunció. Una decisión crucial en su carrera y, de carambola, en la de otro gigante de la moda, Yves Saint Laurent, que fue finalmente quien ocupó el puesto de director creativo en Dior. "Cuando me le ofrecieron no dormía, rememoré mis comienzos, valoré lo que tenía y rechacé la oferta, no podía dejar a cien personas en la calle", explicó Pertegaz.

Apostar por su marca

Manuel prefirió apostar por su propia marca y en los años 60 alcanzó la cima de su éxito. Fue una década prodigiosa y de logros inéditos en la moda española. En 1965 se convierte en el primer diseñador de España en lanzar un perfume con su nombre; en 1968, también es el primero en inaugurar una tienda en la Quinta Avenida de Nueva York y en 1969 sus talleres de Madrid y Barcelona sumaban más de 600 trabajadores.
Vestía a la alta sociedad. Entre sus clientas estaban Aline Griffith, condesa de Romanones, y Bibi Salisachs, que acabaría convertida en su mejor amiga y para la que hizo un revolucionario diseño nupcial que incluyó un abrigo muy comentado. 


Sus creaciones eran llevadas por las mujeres más influyentes en el mundo de la moda, como Ava Gardner ("yo le cocino y él me cose", decía la actriz de su relación) o las icónicas Jaqueline Kennedy y Audrey Hepburn. Esta última se convirtió, además, en su musa. "Era un ángel", decía Pertegaz de ella. 


El modisto aragonés tenía un definido imaginario estético que llevado al siglo XXI podría rozar los políticamente incorrecto. Pertegaz consideraba que la delgadez era sinónimo de elegancia. Amaba la "mujer junco". Huía de las curvas marcadas como huía del exceso. "Pertegaz tuvo influencia de Balenciaga, como todos, pero la mejoró, porque Balenciaga veía a la mujer como una forma arquitectónica y, en cambio, Pertegaz, con la pureza de la línea, recogía el espíritu un poco más joven, libre, de una mujer que tenía un cuerpo, y el cuerpo tenía un significado, y había que sacarlo y expresarlo. Este era el secreto de aquellos trajes", cuenta la estudiosa de la moda Margarita Rivière en el documental ‘El hombre que vistió a los cisnes’.

Sobre el cuerpo de la modelo

La técnica de Pertegaz era revolucionaria. Construía los trajes sobre el propio cuerpo de las modelos. Los conocedores de su obra coinciden en destacar que Pertegaz se asomó a la modernidad sin dejar de lado las bases de la alta costura más clásica ni perder de vista los gustos de su clientela, a la que él estaba acostumbrado a tratar de tú a tú en sus ‘ateliers’. En 1964, Patricia Peterson escribía para el ‘New York Times’: "Pertegaz entiende el deseo de las mujeres de ser glamurosas, por eso sus prendas piensan amablemente en las mujeres sin perder su espíritu moderno".

En los años 70, la alta costura se ve sacudida por el imparable avance del ‘prêt à porter’. Mientras en París Balenciaga se niega a dar el salto, Pertegaz trata de adaptarse, con decisiones novedosas entonces como las licencias para vender perfumes y complementos con su nombre, Además, diseña su primera colección ‘boutique’, que marca el comienzo del fin de los años gloriosos. 

Sin respaldo industrial en un mundo globalizado, Pertegaz cierra su sucursal madrileña y regresa a su taller de Barcelona. Sin dejar de trabajar (en el 97 crea una línea para hombre), pero dispuesto a coser para amigos y escogidos, el destino le reservaba, sin embargo, el encargo más importante de su carrera, el que le sitúa en la historia no solo de la moda, sino de España. En 2004, la entonces periodista Letizia Ortiz le elige como diseñador de su traje de novia, con el que diría el ‘sí, quiero’ que la convirtió entonces en princesa de Asturias y que, ahora ya, es el traje nupcial de la reina de España. Entonces, Pertegaz dudaba de que su salud le permitiera ver a Letizia convertida en reina. Lo ha hecho.

El turolense será enterrado hoy en el pequeño cementerio de Sant Pere de Riu, en Tordera (Barcelona), donde vivía retirado.
 







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