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Uso del hielo

Verano 'on the rocks'

La afición por las bebidas heladas data del siglo XVII. Un cambio climático media en esta historia 

María Pilar Perla Mateo 26/08/2014 a las 06:00
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Durante siglos, la única forma de enfriar algo era ponerlo cerca de algo más frío, por ejemplo, el hielo.

No es nada sencillo ‘fabricar’ frío. No en vano, la refrigeración es un invento reciente. Hasta aquel momento, la única manera de enfriar algo –mecanismo del botijo aparte– era usar algo más frío. Por ejemplo, el hielo. En esta época del año, cobra especial protagonismo en los granizados y en cualquier refresco. 

La afición por las bebidas heladas tiene algo que ver con el cambio climático, pero con el que se dio al final de la Edad Media. Desde mediados del siglo XIV hasta la mitad del XIX, Europa se vio inmersa en la Pequeña Edad de Hielo. Su ciclo más frío, denominado Mínimo de Maunder, se dio entre 1680 y 1730. La cota de nieve descendió ostensiblemente y el deshielo no se producía hasta bien entrada la primavera. Los glaciares avanzaron y, en la zona de los Alpes, había montañas de hielo accesible.

Y cuando era preciso ascender a las cumbres de las montañas a por nieve o bloques de hielo, ahí estaban los profesionales: los neveros, que luego los vendían para hacer refrescos. Este próspero oficio nació en Europa en los siglos XVII y XVIII y las bebidas elaboradas con hielo se pusieron de moda en el Viejo Continente desde mediados del XVII.

Durante la Pequeña Edad de Hielo, también en España la venta de hielo y nieve llegó a muchas localidades mediterráneas en las que hoy no nieva. Se utilizaban para elaborar bebidas y helados, y también para conservar alimentos.

Por qué se empaña el vaso

Ahora, en nuestra cómoda sociedad, nos alivian el calor ricas bebidas que, a veces, de tan frías, empañan el vaso. ¿Por qué ocurre esto? Al echar un líquido frío en un recipiente, sus paredes se enfrían. Al bajar la temperatura, el vapor de agua del ambiente empieza a condensarse. Algunas de las minúsculas gotas de agua que se forman se pegan a las paredes externas del vaso y lo empañan. Conforme pasa el tiempo, dejan un bonito cerco en la mesa si no hemos puesto posavasos.

Muchas de las bebidas veraniegas se toman con pajita: la horchata, los granizados, los mojitos... ¿Cómo sube el líquido por la pajita? Robert Matthews da una sorprendente respuesta en su libro ‘¿Por qué la araña no se queda pegada a la tela?’: «La succión no existe en realidad». Lo que sucede, explica, es que la atmósfera circundante empuja el líquido hacia arriba. «El movimiento ascendente del líquido es el resultado de la mayor presión del aire en la base que en el extremo superior de la pajita». Cuando más corta sea la pajita, más fácil le resultará a la presión atmosférica vencer el peso de la columna de líquido que se encuentra en su interior.

A veces, el ansia por beber algo fresco nos lleva a meter una botella en el congelador, pensando que nos acordaremos de sacarla antes de que estalle. ¿Por qué ocurre esto? El hielo es menos denso que el agua y ocupa más volumen. Por eso, al irse congelando el agua que contiene la botella (principal ingrediente de la mayoría de las bebidas), necesitará más espacio y acabará por romper el vidrio.









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