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opinión

De balística y algo más

José Verón Gormaz 28/12/2017 a las 05:00

No es frecuente que la Celtiberia aparezca citada en la narrativa universal. Por eso, y a pesar de las dudas que surgen en algunos de los parajes citados (Renieblas, Peña Redonda...), sorprende que Juan José Arreola, el destacado escritor mexicano, dedique un hermoso cuento al sitio de Segida (suponemos que se refiere a Segeda).

Arreola, autor de dos cuentos antológicos, alabados por Jorge Luis Borges, con los títulos de ‘El prodigioso miligramo’ y ‘El guardagujas’, incluyó en ‘Confabulario’ una curiosa narración titulada ‘De balística’, en la que un licenciado de Minnesota viaja a Numancia para entrevistarse con un profesor de Historia Antigua, experto en balística. El licenciado americano prepara su tesis doctoral, dirigida por el prestigioso profesor Burns, sobre ese mundo de dudas y proyectos irrealizables de las catapultas primitivas, tal como las concibió Marco Vitrubio Polión y, siglos después, recogió y modificó Leonardo da Vinci.

En la narración surgen conversaciones entre un profesor experto y un alumno perplejo. Conversan sobre el segundo cerco de Segeda, tomada por el cónsul romano Quinto Fulvio Nobilior en el año 153 a. C. Según el experto profesor, Nobilior quería culminar el asedio con algo espectacular, es decir, con un disparo de la monumental catapulta, aquí denominada balista, una máquina de guerra "complicada y estorbosa, y un arma psicológica". Pero el monstruoso ingenio bélico no llegó a disparar. Segeda se rindió antes, y a los habitantes "se les perdonó la vida, pero a condición de que evacuaran la ciudad para darse Nobilior el imperial capricho de incendiarla".

"¿Y la balista?", preguntó el de Minnesota. Y he aquí la respuesta: "Se estropeó del todo. Todos se olvidaron de ella".

Más allá del relato están los lugares. Segida o Segeda, balista o catapulta, realidad o ficción, la antigua ciudad sufrió dos acosos de los ejércitos romanos y sucumbió en el segundo de ellos. El yacimiento arqueológico, que hace unos años fue cuidadosamente estudiado por un equipo dirigido por Francisco Burillo, aportó a la historia antigua algunos restos interesantes, particularmente un lagar en aceptable estado de conservación. Bajo las tierras de cultivo se ocultan piedras y muros que fueron viviendas. Y entre los hallazgos, los indicios de las costumbres alimentarias señalan, entre otros elementos, la miel y la borraja, si bien esta última, aunque desde el punto botánico sea idéntica a la actual, nos induce a pensar que se trataba de la primitiva ‘borraja de flores azules’, de tallos más cortos, más escasos y más duros que los de la hortaliza que actualmente consumimos en las tierras aragonesas, de flor blanca y tallos largos y tiernos. Posiblemente, también empleaban las hojas, ricas en mucílagos y nunca desdeñables.

Estos territorios se debaten actualmente contra la despoblación. Son tierras con viñedos muy estimables, productoras de buenos vinos, entre otras bondades. Quiera Dios que las buenas gentes de Segeda, actualmente Mara, y del valle del Perejiles, logren la victoria en el combate actual, que las asedia sin cesar y las somete a la peor de las amenazas: la despoblación.





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