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Arte

​Hergé, el genio del cómic que rehusó convertirse en un "pintor de domingos"

Así lo revela Dominique Maricq, archivista en los Studios Hergé y autor del libro 'Hergé por él mismo'.

Hctor Mariñosa. Barcelona Actualizada 29/05/2016 a las 14:29
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HergéEfe

El dibujante Hergé, el padre de Tintín, era un apasionado del arte moderno e inició una carrera como pintor durante un año y medio en la que plasmó una treintena de cuadros, una senda que abandonó quizá prematuramente al ser muy crítico con su trabajo y no querer convertirse en un "pintor de domingos".

Así lo revela Dominique Maricq, archivista en los Studios Hergé y autor del libro 'Hergé por él mismo', que esta semana ha visitado Barcelona y Madrid para presentar su obra, publicada recientemente en castellano y catalán.

Precisamente, la estrecha relación de Georges Remi -Hergé- con el mundo del arte contemporáneo podrá conocerse con más detalle el próximo otoño, cuando se abrirá, el 28 de septiembre, una gran exposición sobre el dibujante belga en el Grand Palais de París, muestra que coincidirá con la aparición en España del libro 'Hergé y el Arte', que publicará Zephyrum ediciones.

Maricq explica que Hergé se inició en la corriente artística contemporánea por su estrecha relación con personas que eran especialistas en este ámbito, ya fueran galeristas, marchantes, críticos de arte, profesores o pintores.

Pasados los cincuenta años, cuando había publicado ya la mayoría de los álbumes de Tintín, Hergé pidió a un reconocido pintor abstracto belga, Louis Van Lint, que le diera un curso de pintura y el famoso creador de Tintín "se convirtió en un estudiante".

"Eso hace que, entre 1962 y 1963, Hergé pinte una treintena de cuadros, pinturas un poco 'a imitación de', porque algunas recuerdan a Joan Miró, otras a Paul Klee y luego cosas un poco mas libres", precisa Dominique Maricq.

"Después de un año y medio, Hergé, muy severo consigo mismo, estima que no es suficientemente bueno, que no lo hace bastante bien. Él mismo dice que no quiere hacer el ridículo y ser 'un pintor de domingos', por lo que lo deja y vuelve al cómic", explica Maricq.

Hergé consideraba esta faceta de su vida como "un asunto privado y se ha necesitado bastante tiempo para aceptar que se muestre esto", asevera Maricq, que cree que, pese a todo, los cuadros del dibujante "no están mal; era una primera etapa, y quizás hubiera debido continuar y probar de hacer cosas más personales".

Pero Hergé decidió volver a su trabajo y completó dos álbumes más 'Vuelo 714 para Sidney' y 'Tintín y los Pícaros'. En 1977, Hergé empieza a preparar 'Tintín y el Arte-Alfa', que justamente retrata el mundo del arte contemporáneo, de los galeristas, pero también del fraude y los imitadores de los grandes pintores, aunque sólo acabó los bocetos y no pudo completarlo antes de morir.

"Es una pena que Hergé no hubiera vivido más tiempo porque el álbum del Arte-Alfa a es algo nuevo, muy fuerte, muy personal, más ligado a sus intereses y mucho más atractivo que los dos álbumes precedentes", considera Dominique Maricq.

Pero Hergé también se acercó al mundo del arte como coleccionista, y "adquiere obras de Pop Art, de Andy Warhol, de Roy Lichtenstein, arte abstracto, cinético, conceptual..., y se muestra extraordinariamente contento con todo esto, le abre nuevas vías y nuevas perspectivas", comenta Maricq.

"Está tan contento -agrega- que muchas de estas pinturas las cuelga en su estudio, y eso a veces pone nerviosos a sus colaboradores, que tienen gustos tradicionales y son bastante iconoclastas".

Hergé compra asimismo obras del artista plástico Jean-Pierre Raynaud, que crea "un arte bastante irreal, como objetos simplemente pintados de colores diferentes, o una corona mortuoria sobre un fondo cuadriculado, y la gente que trabajaba con Hergé era un poco irónica sobre todas estas obras", señala Maricq.

El padre de Tintín expone estas pinturas en su estudio o en su domicilio privado, así que, para Maricq, "no se trata de esnobismo, no es un capricho, está en plena evolución en su vida personal y el arte contemporáneo forma parte de esta mutación".

Esta cara poco conocida de Georges Remi se muestra en el libro 'L'Art d'Hergé', de su amigo y asesor artístico Pierre Sterckx, que en otoño se publicará en España en castellano, y que desvela sus gustos artísticos, la evolución de su colección personal y su admiración por pintores como Joan Miró.

También en septiembre, el Grand Palais de París y los Studios Hergé presentarán una gran exposición que visualizará las múltiples facetas de la obra de Hergé a través de sus planchas originales, de las pinturas de las que se rodeó o de las fotografías que guardó, y que evocan las claves que guiaron su vida y su visión artística.

Aunque Hergé no llegó a consagrarse como pintor, sus obras sí han traspasado el mundo del cómic y es también reconocido como un gran artista, con originales que se subastan en prestigiosas galerías y que pueden superar los 2,5 millones de euros, como fue el caso de la portada en tinta china para su álbum 'La Estrella Misteriosa'.







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