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Arte y literatura

​Adiós al ciudadano del mundo y surrealista aragonés Luis García-Abrines

​Era un espíritu inquieto y transgresor, uno de los últimos surrealistas aragoneses clásicos.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 21/05/2016 a las 13:57
Luis García-AbrinesArchivo familiar

Ha muerto en Estados Unidos Luis García-Abrines Calvo (Zaragoza, 1923- New Haven (Connecticut), 2016) a los 92 años de edad. Era un espíritu inquieto y transgresor, uno de los últimos surrealistas aragoneses clásicos, vinculado a los hermanos Luis y Alfonso Buñuel, este fue su maestro en el arte del collage. Era escritor, ante todo poeta, musicólogo (editó a Gaspar Sanz y a Juan del Valle y Caviedes) e intérprete de piano, profesor de literatura y amaba el teatro. Vinculado a la Peña Niké, practicó el ‘happening’ y se convertía en un actor improvisado y contador de historias que sorprendía a los compañeros de aquella tertulia.

Estudió en los Jesuitas, en el Miguel Servet y el Instituto Goya y en 1948, tras probar suerte con el piano, se licenció en Filología Románica en Madrid. Por esos años empezó a frecuentar a Alfonso Buñuel, arquitecto y artista del collage, y al grupo de Pilar Bayona (que fue su amor platónico algunos años), entre ellos el narrador de ‘Meterra’ Manuel Derqui, con quien fundaría la sociedad musical Sansueña, vinculada a la Sociedad Filarmónica de Zaragoza.

Acerca del vínculo de Pilar Bayona y Luis García-Abrines, cuentan Antonio Bayona y Julián Ruiz: “De cosas de Luis García-Abrines estaba llena la casa de Pilar Bayona. Desaparecieron el hueso de oliva tallado, la sombrerera con el interior dividido en cuadrantes, y en cada uno de ellos una escena de ‘La boîte à joujoux’ (Debussyana), con sus muñecos, pero queda una pequeña maqueta del rincón de los pianos de la casa del paseo de la Independencia, con una espléndida caricatura de Pilar, que hace de retrato en la pared, sus sorprendentes y provocadoras cartas, un cuadro, y más cosas”. A la vez también tendía sus lazos hacia los hermanos Miguel y José Antonio Labordeta y a los poetas del Niké, y a esa época pertenecen algunas de sus mejores y más inverosímiles anécdotas. El joven Labordeta le publicaría en el sello Orejudín su libro ‘Así sueña el poeta en sus palabras’ (1960), que sería reeditado en el año 2000 por el Gobierno de Aragón.

Acerca de Luis García-Abrines se comentaban muchas historias. Podía aparecer, se decía, en el mítico café de la calle Requeté Aragonés (hoy Cinco de marzo) con un niño extraviado y lloriqueando que había encontrado en la calle. Ildefonso-Manuel Gil, con el que coincidió en Estados Unidos, contaba que un día, en su casa, recibió a una joven –“debidamente alertada por sus dos hijas gemelas”- en un sarcófago como si fuese la reencarnación de un Drácula aragonés. “Ahora duerme con esa caja de muerto debajo de la cama”, agregaba Gil entre risas, como quien revela una travesura libresca de un buen amigo.

Luis García-Abrines, que se nacionalizó norteamericano en 1959 y llegó a ser juez de paz de New Haven, era un hombre ingenioso y libre, que cultivaba la ironía, una amable idea del sacrilegio, la escatología, el humor, la poesía y la paradoja. Madrugaba mucho para oír el canto del ruiseñor y redactas versos como este: "Una buena palabra es un poema". No podemos olvidarnos de un viaje que hizo a París entre 1951 y 1952, que le permitió saludar a algunos de los aragoneses que vivían en la ciudad como el escultor Honorio García Condoy y el pintor Fermín Aguayo, y a otros surrealistas y grandes figuras de la creación como Picasso, Pierre Boulez y Óscar Domínguez. En aquella estancia conocería a su primera mujer Margaret Jounakos, con quien se casó en 1954 y con quien tendría un hijo, David. Años después, en 1967, se casó con Marie Elle Branchini, la madre de las gemelas Linda y Alicia.

Profundamente culto y amante de las lenguas, escribió en inglés, francés, italiano. Quizá sea ‘Ciudadano del mundo’ (1980) el libro que mejor le define. Hay poemas, teatro, poesía visual, fogonazos eróticos, bromas y la somardería aragonesa (José Luis Cano publica ahora una monografía en la Institución Fernando el Católico sobre el humor aragonés); dedica composiciones a sus amigos: Pérez Páramo, Camilo José Cela, Jorge Guillén, Joan Miró, Luis Buñuel, al actor Vincent Price (que encarnó a Drácula y muchas obras de Edgar Allan Poe en el cine) o al gramático Fernando Lázaro Carreter. Hallamos esta perla en una composición para Alfonso Buñuel: "La poesía es una ciencia exacta // puesto que la integral de Marilyn es ella misma // y no hay poema más perfecto que una mujer cojonuda // como, por ejemplo, Gina Lollobrigida".

A finales de los años 50 se marchó a Estados Unidos, a Yale, donde fue profesor de Literatura Española hasta su jubilación. Otro de sus libros capitales es ‘Crisicollages para Luis Buñuel’ (1980), que le editó con todo lujo su gran amigo el librero y editor José Alcrudo. Luis García-Abrines despliega un homenaje al realizador calandino, al surrealismo más o menos delirante y al propio collage como técnica fragmentaria que casi todo lo permite, hasta la irreverencia, la provocación, el disparate o el puro juego.

García-Abrines pintó algunos cuadros, hacía muchos dibujos en sus personales cartas, como puede verse en su correspondencia con Pilar Bayona, pero el grueso de su producción es el collage, como se verá, de nuevo, en 1988 en su libro ‘Variaciones sobre la donna e mobile. Solo --de gaita-- para hombre’, que le publicó Ildefonso-Manuel Gil en un volumen de gran formato. García-Abrines elaboraba con humor y provocación una mirada sobre la misoginia a lo largo de la historia.

En la Zaragoza de la transición, en 1982, en los tiempos de Ramón Sáinz de Varanda, fue nombrado Hijo Predilecto de Zaragoza en 1982 y en el año 2000 la Diputación Provincial de Zaragoza le otorgó (no pudo venir a recogerla) la distinción Isabel de Portugal, precisamente en el año en que se celebraba el centenario de Luis Buñuel (1900-1981). Con él había recordado a Pilar Bayona (1797-1979) con inmensa ternura, como se puede leer en el disco póstumo que Plácido Serrano recuperó de la intérprete en 1980 y en los documentos del Archivo Pilar Bayona, que Antonio Bayona y Julián Gómez han cedido al Gobierno de Aragón. “Me llamó usted por teléfono. Le oía mal pero imaginé que el objeto de su llamada obedecía a comunicarme la muerte de nuestra queridísima amiga Pilar Bayona. Como buen zaragozano estuve enamorado de ella cuando tenía 14 años, y ello duró hasta los 18. Después tuve una sincera amistad y admiración por su maravilloso arte. Sé que aproximadamente los mismos sentimientos ha tenido usted por ella. Que no descanse en paz en nuestro recuerdo, que siga siempre vivo”.

Que siga vivo también el recuerdo de Luis García-Abrines, el provocador, el surrealista, el artista, el profesor, el enamorado incesante de las lenguas y la música. El poeta que se sentía ciudadano del mundo.







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