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Marruecos

Una película marroquí sobre Marcha Verde no muestra ni el Sáhara ni los saharauis

La historia se cuenta como si no hubiera implicación política detrás.

Javier Otazu. Efe Rabat Actualizada 10/05/2016 a las 22:37
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La película marroquí "Al Massira" (La marcha), que relata la preparación y realización de la Marcha Verde y que se acaba de estrenar en Marruecos, no muestra a saharauis ni tampoco al Sáhara Occidental, salvo unos metros de tierra desértica.

El filme, realizado por el marroquí Youssef Britel, cuenta la preparación y realización de la Marcha Verde en los últimos días de octubre y primeros de noviembre de 1975, hasta que los 350.000 marroquíes franquearon la alambrada que marcaba la frontera española e interrumpieron su marcha pocos metros después por orden de Hasán II.

La historia, con un tono épico consecuente con el relato oficial marroquí de los hechos, se cuenta como si no hubiera ninguna implicación política detrás, y no se muestran a gobernantes de ningún país debatiendo sobre las consecuencias de la marcha. Solo aparecen en un televisor imágenes del rey Hasán II anunciando la partida de los voluntarios y, más tarde, las distintas peripecias humanas de los que allí participaron.

Los únicos españoles que aparecen en la película son un pequeño contingente de soldados en un retén fronterizo que apuntan con sus fusiles a los marroquíes cuando rompen la alambrada pero terminan bajando las armas, en una clara imagen de derrota.

Hay, es cierto, el personaje secundario de una enfermera española que se ha sumado a la Marcha Verde como voluntaria, que declara ser "española pero no franquista".

Pese al clima político de aquellos años, los españoles no salen muy mal parados, y para ello valga esta metáfora: los militares españoles no han puesto minas por delante de los marroquíes, sino solamente carteles con la leyenda "PELIGRO MINAS" que en realidad buscan un efecto disuasorio, sin voluntad real de eliminar a nadie, según cuenta el filme.

Pero lo más llamativo es la ausencia de los saharauis en la película: no aparecen imágenes de El Aaiún, Villa Cisneros (ahora llamada Dajla) ni otra ciudad o población saharaui, ni siquiera de un grupo de nómadas con sus camellos.

Es como si el Sáhara fuera un territorio vacío ocupado por los españoles.
Abundan, como es obvio, las proclamas patrióticas sobre las múltiples sangres que forman la identidad marroquí: árabe, judía, bereber y saharaui, pero esas resultan ser las únicas referencias a que allí residían personas.

La película, que se exhibe en las principales salas del país, ha tenido una acogida discreta entre el público, y tampoco los medios de comunicación, impresos o por internet, le han dedicado gran atención.







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