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Música

Matías Uribe: "Zaragoza formó parte notable de la primera edad de oro del pop español"

​El periodista y crítico de HERALDO publica ‘Zaragoza 60’s’, repaso minucioso a la escena musical de la década, los pioneros del pop y el rock y sus hitos más notorios.

Pablo Ferrer 17/04/2016 a las 06:00
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Matías Uribe

Este libro ha sido un proceso de 25 años... ¿ha valido la pena el resultado para un inconformista nato como Matías Uribe?
Por supuesto que sí. Aflorar toda aquella rica historia musical que se vivió en la ciudad en los sesenta y ponerla a la vista de las nuevas generaciones, desconocedoras de aquella ‘edad de oro’, y no digamos para quienes vivieron la época, ya vale todo el esfuerzo que yo u otra persona hubiera hecho…


Habla de ‘edad de oro’…
En efecto. Una edad de oro global, no solo en Zaragoza sino en toda España. La música pop fue un fenómeno que caló muy hondo en la juventud del momento. Conjuntos, solistas y canciones sonaban a todas horas en la radio, en la televisión, en los guateques… o en las impagables sinfonolas. Marcaron una época si no profundamente creativa, porque se versionaba mucho, por imposición de las discográficas, sí muy activa y agitada, muy colorida y divertida que contrastaba con el negro político del franquismo. Me irrita mucho cuando se habla o se editan discos con el título de ‘La edad de oro del pop español’ y se insertan artistas exclusivos de la famosa movida de los 80... ¡No!, antes, estuvo la de los sesenta, fue la primera. Y Zaragoza formó parte notable de ella con sus rockers, sus ye-yés y sus numerosos conjuntos.

Por ello, insiste mucho en el carácter pionero del rock zaragozano dentro del contexto español. ¿Por qué este hecho no acaba de ser conocido?
Se encerró todo en un arcón y no solo se olvidó sino que se le miró, y se le mira, con desdén. Para varias generaciones, e incluso críticos y periodistas, que por su trabajo debieran conocer el pasado, aquello era viejuno. Y cuando alguien ha tratado de abrir el arcón no ha buscado las siete llaves, no ha profundizado, con lo cual los rockers zaragozanos, que fueron los primeros en actuar y grabar, han quedado gravemente silenciados en cualquier publicación, incluso especializada. Tal vez sea un problema de escribir la historia desde el ombliguismo madrileño o catalán. A ver si este libro puede ayudar a poner las cosas en su sitio. Ha sido una de mis intenciones.


¿La principal?

No. La principal ha sido poner al descubierto aquella época en sus planos social, político, vivencial… y dentro de ellos valorar la actitud y el trabajo de todos aquellos cantantes y conjuntos locales. Fueron unos verdaderos valientes por no calificarlos de héroes. Entonces un joven decía a sus padres que quería ser músico y le estampaban la guitarra en la cabeza, hoy se la compran. Signo del cambio de los tiempos y de la modernidad social, juvenil… y hasta política, al hilo de lo que estaba ocurriendo fuera, con los Beatles, los Stones, Brincos o Bravos, que trajeron todos ellos a la ciudad.

Miguel Ríos se ha hecho el prólogo, viene a la presentación... ¿le hará cantar?
Le he pedido que venga a presentar el libro y también que cante, aparte de que escribiera el prólogo. He sido muy osado, pero él se ha prestado muy gustoso a todo. Es una persona amable y muy generosa. Le ha encantado el libro, hasta el punto que un día me dijo sonriendo que era su principal propagandista. Creo que porque, en cierto modo, él está retratado ahí a través de Rocky Kan y el resto de rockers. Es su vida o la que pudo ser. Y sí, cantará alguna pieza de sus primerísimos años como Mike Ríos, algo que no hace, creo, desde los conciertos de rock y amor del 72. Será insólito de llevarse a cabo.

Ha investigado, ha escrito, ha diseñado y maquetado tanto interior como portada…, permítame la broma, solo le faltó poner un tenderete callejero y vender el libro…
Ja, ja, ja…, bonita broma, y no desencaminada. Le explico. Cuando empecé a escribir y luego a maquetar lo hice en la creencia de que esto no iba a interesar a nadie y, por tanto, que debía hacer una cosa sobria y modesta destinada a la autoedición, pero para mi sorpresa, HERALDO se interesó desde el primer momento que vio el boceto en PDF y decidió editarlo. Estoy colmado de satisfacción. Es un honor que esta casa me publique un nuevo libro, estoy muy agradecido. Si no hubiera sido así es probable que, en efecto, hoy estuviese con el tenderete en la calle, ja, ja, ja.

Mójese: de todos los artistas y bandas de la época retratada, ¿con cuál se queda? ¿Y cuál hubiera triunfado a nivel nacional de haber salido de Barcelona o Madrid?
Entonces no había bandas ni grupos, eran conjuntos. Y los cantantes, vocalistas. No voy a mojarme porque este no es un libro crítico ni de valoración personal, sino de historia y análisis. Y todos se fueron a Madrid o Barcelona, no era esa la cuestión. Tuvieron su momento y se apagaron porque era lo habitual, el pop se veía como algo frívolo y con fecha de caducidad, pero caducidad urgente. Raro era el artista que duraba más de un lustro. Sin ir más lejos, la zaragozana Licia se retiró a los 21 años. Lo de Miguel Ríos fue una proeza, fruto de su tenacidad, pero su curso natural es que hubiera muerto artísticamente tras su etapa como Mike Ríos.

Gavy Sander’s es el superviviente más notorio de la época: su premio de la música aragonesa en 2012 y el disco subsiguiente le pusieron en el mapa de la nueva generación. ¿Qué supuso su figura para aquella escena?
No llegó a alcanzar popularidad masiva y ni tan siquiera pudo editar discos porque lo principal para él era el escenario. En ese aspecto fue un estajanovista. Se pateó media España con su rock’n’roll trepidante y su actitud escénica de rocker puro, genuino.

De todos los artistas mentados, ¿quiénes influyeron más en la eclosión del pop y el rock zaragozanos de los 80?
Ninguno. En los ochenta ningún grupo conocía el rico pasado zaragozano de los sesenta. Fue otra historia, otro tronco y otras circunstancias. Pero cierto es que la brecha estaba abierta y que esta ciudad tiene algo especial para el cultivo de la música en todas sus variantes. La siembra se hizo en los sesenta.

¿Hasta qué punto fue decisiva la existencia de la Base Americana de Zaragoza en aquella escena? El propio Dúo Dinámico se nutrió de ella...
Fue vital. Prácticamente todos los rockers tuvieron relación con ella, incluso alguno como Rocky Kan se hicieron allí. Por lo menos, como contrapartida al ruido de los cazas y a que nos metieran un pepinazo a las primeras de cambio en aquella guerra fría que a veces se calentaba hasta dar miedo (uh, la crisis de los misiles, el asesinato de Kennedy…), sacamos algo positivo.

¿Hay alguna anécdota que se ha quedado en el tintero por las limitaciones de espacio, y que le hubiera gustado incluir?
No, básicamente está contado todo lo que he podido indagar. Y así ha salido el tocho que ha salido. Padezco incontinencia escribiendo.

Ha estado muy ocupado entre el libro y la exposición que prepara actualmente. ¿En qué consiste este segundo esfuerzo?
Se trata de una exposición que ha organizado la DPZ para llevar por la provincia la historia del pop-rock zaragozano e incluso el de varios pueblos. Está terminada por mi parte. Ahora está en manos del diseñador.

¿Se animará algún día con otros libros de contexto local sobre la década desconocida de los 70, o la hiperdimensionada de los 80?
No, no creo. Lo que quiero es jubilarme… (risas).







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