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Música

Mariano Casanova, de Distrito 14, comparte una carta en homenaje a David Bowie

En 1997 el grupo fue telonero en los dos conciertos que Bowie ofreció en España.

Heraldo.es Actualizada 12/01/2016 a las 14:38
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Distrito 14 fue telonero de David Bowie.Web: Mariano Casanova

Mariano Casanova, quien durante 25 años fue la voz, compositor y guitarrista del grupo zaragozano Distrito 14, compartió en su blog este lunes una carta demostrando su pesar por la muerte del artista David Bowie. 

El grupo, Distrito 14, tuvo la suerte de abrir dos de los conciertos de Bowie en España en 1997. El propio Casanova recuerda como David Bowie se acercó hasta su camerino para felicitarles en persona. "Aquellas dos actuaciones supusieron un gran empuje en mi carrera. Y su reconocimiento y felicitación personal el mayor premio de la música que para mí es posible recibir", admite en una nota de prensa. .

Carta íntegra a David Bowie

He despertado a mi hijo para llevarle al colegio en su primer día tras las vacaciones de Navidad. He conectado la radio y las primeras palabras que he escuchado han sido: El conocido músico británico David Bowie ha muerto.

Estoy caminando por la calle, no quiero regresar a casa, ni entrar en ningún lugar donde volver a escuchar ni ver esta noticia que ojalá esté saliendo en todas las televisiones y radios del mundo, que ojalá esté inundando las redes como ninguna otra noticia. Yo estoy ahora sentado en un banco escribiendo estas palabras, aquí a las nueve y diez de la mañana del 11 de enero de 2016 y me parece estar soñando. Creo que voy a despertar de repente y todo esto es un sueño, sin más, el sueño de un despertar sin David Bowie, sin la posibilidad de volver a verle vivo, en directo, sin poder llevar a mi hijo a que le vea y contarle: – Mira, hijo mío, este señor que ahí ves es alguien que me ha acompañado, que me ha enseñado, que ha estado en lo más profundo de mi corazón toda mi vida.

Adiós señor, gracias por darme tanto, por haber estado conmigo a través de su música en tantos momentos tan cruciales en mi vida; gracias al cielo por haber tenido la oportunidad de tocar abriendo dos de sus conciertos en España, en Zaragoza y San Sebastián; gracias señor por haberse acercado en ésta última ciudad hasta nuestro camerino para felicitarnos por nuestra actuación vestido con batín y zapatillas blancas de casa y haberme dado la mano, nunca podré olvidarlo, ese premio de la música fue el mayor y más verdadero que he recibido y seguramente recibiré en mi vida.

Con todos mis respetos, señor, esta canción suya interpretada por mí con la que acompaño estas palabras es un humilde homenaje que hice para usted, escribí la letra de modo libre en el hospital, al día siguiente de nacer mi hijo que es lo más grande que me ha ocurrido en la vida. Con esta adaptación intenté reflejar todo lo que sentí en tantas y tantas noches de mi adolescencia cuando me dormía escuchando en un walkman su disco “Héroes”. Por una cara estaba su disco, en la otra “Coney Island Baby” de Lou Reed con quien sin duda se encontrará usted en estos momentos.
Usted me ayudó a vivir y aún hoy sigue haciéndolo, si yo le contara… le haré tan solo una confesión secreta: Llevaba unos cuantos meses sin actuar, decidido por completo por diversas circunstancias a abandonar para siempre los escenarios, abandonar el directo, solo dedicarme a grabar, escribir y basta. No se perdería gran cosa pues soy un simple aprendiz, un alumno, no alguien comparable a usted ni mucho menos, ni lo seré en toda mi vida, lo sé bien.


Y para despedirme definitivamente de los escenarios decidí hacer una última actuación manteniendo esta decisión en secreto, una última actuación yo solo con mi guitarra, en mi barrio, justo en un lugar bajo las ventanas de la casa donde escuché en las noches de mi adolescencia ese cassette que antes le contaba y justo en un día, el pasado 23 de diciembre en que conmemoraba la primera actuación que hice siendo niño en la navidad de 1977.

No lo esperaba, pero en esta última actuación de amor y muerte ante unas cuantas gentes queridas que vinieron a verme, inesperadamente, conseguí encontrarme a mí mismo, o a una parte de mi que siento que perdí hace muchos muchos años, no soy capaz de explicarlo, solo soy capaz de decirlo, de decírselo a usted. Y al terminar, al bajar de ese último escenario completamente aturdido sentí que no podía dejar de tocar, que no tenía derecho, cómo le podría explicar señor. Hoy al enterarme de su muerte y hasta ahora mismo han venido tantas cosas a mi mente, tantas emociones, tantos recuerdos, tanta tristeza porque ya no le podré ver más señor… y hoy su muerte me ha acabado de decidir a volver a tocar en directo, por lo que sea, no lo sé, no puedo pensarlo, solo sé que así va a ser. Siento mucho, mucho que haya muerto. Creo que muchos, si esto leyeran, no podrían entender que le esté hablando a usted sin estar presente, pero es que usted es el hombre que vino a mi vida desde las estrellas cuando yo era un niño, un niño asustado en las noches y sé que ahora estará allí, en las estrellas de donde vino y sé que puede escucharme, yo lo sé. Y hoy me siento huérfano de usted.

PD: Todos los años, en otoño, en invierno, vagabundeo por la ciudad en busca de montones de hojas secas para caminar y caminar sobre ellas sin importarme el momento del día ni dónde se encuentren amontonadas éstas, en avenidas céntricas, en calles del extrarradio, parques, jardines.

Sin saber qué hacer ni a dónde dirigirme, perdido tras escribir las anteriores palabras, mis pasos me han llevado solos, sin pensar, hasta aquí, donde estoy ahora, bajo una escultura urbana de mi amigo y genio Angel Orensanz, a quién estoy casi seguro que usted ha conocido en un momento o momentos de su vida. Este rincón en un Paseo zaragozano es un lugar sagrado para mí y justo hoy por primera vez en este otoño, en este invierno, todo está lleno de hojas secas, miles y miles de hojas donde caminar metido hasta las rodillas, una y otra vez, una y otra vez… usted señor permanecerá unido a tantas cosas en mi vida… Esta vez las hojas han tardado en caer, pero al fin han llegado, han caído esta noche en tanta cantidad como hace años y años que no veía. Sin duda el viento de su partida ha llegado hasta aquí. Imagino miles de hojas cayendo en la noche mientras su alma partía hacia las estrellas.







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