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Elecciones generales 2015

Los emergentes se aúpan en las 'mochilas' de PP y PSOE

La ausencia de Rajoy en el debate a cuatro no libra a Sáenz de Santmaría de los dardos por la corrupción.

Paula de las Heras. Madrid Actualizada 08/12/2015 a las 16:36
Galería de fotos del debate a cuatro

Ni el Partido Popular ni el PSOE partían de una situación halagüeña en el único debate a cuatro que podrán ver los españoles en la campaña para las elecciones del día 20. Y de poco sirvió a la formación que hoy ocupa el Gobierno evitar el trago a Mariano Rajoy y delegar en Soraya Sáenz de Santamaría el duelo con el resto de aspirantes a la presidencia del Gobierno. Su juventud y su bagaje institucional no compensaron el hecho de que el PP tiene un gran talón de Aquiles, la corrupción. Fue al abordar ese asunto cuando el combate -hasta entonces, un todos contra todos con Pedro Sánchez en el centro del cuadrilátero -se convirtió en un tres contra uno que puso a la vicepresidenta contra las cuerdas.



El guión complaciente escrito por el Ejecutivo en el programa electoral con el que los populares se presentan a los comicios, según el cual el del PP es el Ejecutivo que más ha hecho para luchar contra la corrupción, se topó contra las alusiones a los 'papeles de Bárcenas' "en los que se reconocen pagos en negro al señor Rajoy", recordó Albert Rivera; el "Luis, sé fuerte" del presidente al extesorero, mencionado por Sánchez, o los ordenadores entregados a la Justicia sin sus discos duros (ya destruidos), a los que hizo alusión Pablo Iglesias.

En lo demás, Sáenz de Santamaría había salido a defender posiciones y a convertir lo que sus adversarios querían utilizar a su favor, la gestión de la crisis, en una virtud. Varias veces les dijo cosas como: "Me habría gustado que ustedes hubieran estado aquí cuando miles de personas se iban al paro cada día" o "es muy fácil hablar y muy difícil gobernar". Es sobre ese argumento sobre el que los populares han basado su estrategia de campaña: la experiencia frente a los "experimentos". Y como ocurrió con el resto de contrincantes, fue fácil ver a dónde quería ir a parar.

La vicepresidenta, aferrada a los últimos datos de creación de empleo, atizó a Sánchez con moderación para hacerse grande sobre el estigma de la herencia recibida, pero dándole trato de alternativa de Gobierno ("he venido yo porque el presidente debate con el líder de la oposición", dijo en algún momento), mientras trataba a Rivera como un novato. Es el crecimiento de Ciudadanos el que preocupa al PP. Según las encuestas, ya ha empezado a arrebatarle escaños incluso en las provincias de menor tamaño, hasta ahora vedadas a terceras fuerzas. Por eso ni a socialistas ni a populares les interesa que se le pueda percibir como alternativa real.

Rivera repartió a partes iguales a PP y PSOE, al tiempo que se cuidó mucho de no ofender a sus simpatizantes, a los que pretende atraer para dar el salto definitivo a una posición mayoritaria; una máxima de la comunicación política. Habló de regeneración y de pinchar la "burbuja política", pero añadió: "Es injusto decir que todos los militantes del PP o del PSOE son corruptos, porque no lo son", deslizó en algún momento. Y al hablar de economía y empleo, otro directo: "Esta vez no hay que elegir entre lo malo y lo menos malo; hay otras opciones y algunos -dijo marcando distancias con Iglesias- proponemos cosas".

"Tiene razón Pedro"

El líder de Podemos, forjado en los platós de televisión, se afanó en negar a Sánchez el marchamo de socialdemócrata y, convencido de que se jugaba la remontada, trató de sacar ventaja de su virginidad en la gestión frente a los puntos negros de veinte años de Ejecutivos del PSOE. "Tiene razón Pedro cuando dice que... -dijo tanto para referirse a las propuestas fiscales del socialista o a su idea de derogar la reforma laboral para recuperar la negociación colectiva-, el problema es que ya hemos comprobado que una cosa son los programas y otra lo que hacen cuando gobiernan".

También coló con habilidad, sin mencionarla, su tesis de la 'operación Menina', con la que pretende desarticular a Ciudadanos por un supuesto pacto oculto con el PP para investir a la número dos del Ejecutivo. Dos veces logró que Sáenz de Santamaría, que no cuenta precisamente con el cariño de todo su partido, clamara alarmada "¡yo no soy candidata! solo una humilde vicepresidenta!". Y un par más obligó a Rivera a responder por sus pactos con "el PSOE de los ERE y el PP de la Púnica".

El líder del PSOE, vestido de hombre de Estado, se zafó en cambio en todos los frentes. A Iglesias le recordó los incumplimientos de programa y las "incoherencias" de Tsipras en Grecia; a la vicepresidenta le reprochó el 'agujero de Bankia' y a Rivera le colgó de nuevo la etiqueta de nueva "derecha".







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