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Crisis en el PSOE

La gestora del PSOE tendrá que afrontar su crisis interna y el bloqueo político en España

El plazo para dilucidar si habrá gobierno o no es el 31 de octubre, por lo que la gestora tiene que tomar su decisión antes.

Efe. Madrid Actualizada 03/10/2016 a las 10:59
Javier Fernández, Mario Jiménez, Asunción Godoy, José Muñoz Lladró, María Dolores Padrón, Ricardo Cortés, María Jesús Serrano, Soraya Vega, Francesc Antich y Francisco Ocón integran la gestora.Efe

La gestora del PSOE que se ha hecho cargo del partido tras la dimisión de Pedro Sánchez tendrá como principales retos tratar de detener la sangría interna por la fractura del partido y reorientar la estrategia ante la decisión que se tendrá que tomar sobre si facilitar o no el gobierno de Mariano Rajoy.

La nueva ejecutiva, cuyo mandato será hasta que se celebre un congreso extraordinario aún sin fecha, tiene también como tarea inmediata reestructurar la dirección del grupo parlamentario en el Congreso y en el Senado y evitar que se vea afectado por la división orgánica.

A la espera de concretarse cuándo celebrará su primera reunión, la gestora que dirige el presidente asturiano, Javier Fernández, deberá ponerse desde el primer día a fijar la hoja de ruta ante las cuatro semanas decisivas que hay por delante en las que se tiene que resolver la incógnita de si hay gobierno o elecciones.

La decisión de abstenerse o no ante Rajoy no es competencia de la gestora, sino del Comité Federal, que es el acuerda en última instancia las decisiones sobre pactos y posicionamientos ante una investidura.

El plazo para dilucidar si habrá gobierno o no es el 31 de octubre, ya que esa es la fecha en la que, en caso de no haber logrado nadie su investidura, se convocarán automáticamente las terceras elecciones. Por tanto, son 30 los días que restan hasta entonces, pero la gestora tendrá que haber tomado su decisión antes, ya que apurar el plazo haría imposible una investidura.

El Rey debería celebrar una ronda de consultas con los representantes de los partidos para conocer si hay posibilidades de que un candidato (Rajoy es ya el único con opciones) pueda superar la investidura y encargarle que lo intente. No es previsible que la primera semana de octubre pueda celebrarse esa ronda porque el PSOE ha de determinar ahora sus plazos para adoptar una decisión.

Por tanto, al menos hasta la segunda semana de octubre no parece fácil que Felipe VI llame al Palacio de la Zarzuela a los líderes de los partidos, y en esa semana se celebra el miércoles 12 la Fiesta Nacional. A diferencia de lo que ocurrió en el primer intento de Mariano Rajoy, si hubiera ahora otro, el debate de investidura ya no tendría que iniciarse obligatoriamente en martes.

El motivo para elegir ese día tanto en el debate fallido de Rajoy como en el de Sánchez en la breve legislatura pasada, es que de esa forma, si nadie lograba los apoyos necesarios en el plazo de dos meses desde el fracaso en la primera votación, las elecciones, cumpliendo los plazos fijados en la ley, se celebrarían en domingo. Ahora eso ya no es necesario y el debate podría comenzar cualquier día de la semana.

En la primera jornada se conocerían los planes del candidato y en la segunda se votaría. Si no consigue la mayoría absoluta, se volvería a votar 48 horas después y ya bastaría una mayoría simple. Eso es lo que tendría que ocurrir como máximo el 31 de octubre para evitar las terceras elecciones.

Pero la última semana de octubre, en concreto los días 28 y 29, tanto el Rey como el presidente del Gobierno en funciones tienen cita en Cartagena de Indias (Colombia) para participar en la cumbre iberoamericana. En consecuencia, lo lógico sería que, si hubiera debate, no se apuraran tanto las fechas. Además, en la semana anterior, el 20 y 21 de octubre, Rajoy debería acudir a una reunión del Consejo Europeo en Bruselas.
 

La postura del PSOE


Javier Fernández no ha defendido, de forma expresa, la abstención a Rajoy, si bien el pasado viernes aseguró que las únicas opciones son que gobierne el PP al ser la lista más votada o ir a unas terceras elecciones.

Esta postura está en sintonía con la de otros dirigentes territoriales, como la andaluza Susana Díaz, para quien al PSOE no le queda otro remedio que estar en la oposición con 85 escaños.

Inclinarse por la abstención puede provocar nuevas convulsiones internas que agraven el delicado estado de salud del PSOE, ante la amenaza de algunos diputados de que se mantendrán firmes a sus convicciones y a votar no a Rajoy.

Ante lo sucedido en los últimos días tras la rebelión de los críticos y el agitado Comité Federal de este sábado, a la gestora le va a corresponder tratar de calmar el partido.

Para ello, se ha optado por un perfil discreto de sus componentes, incluido el del propio Fernández, no muy dado a prodigarse en declaraciones a los medios, con la excepción del andaluz Mario Jiménez, portavoz del PSOE en el Parlamento autonómico.

Entre las primeras decisiones que se espera que tome la gestora es la reordenación de las direcciones de los grupos parlamentarios.

El portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, y en el Senado, Óscar López, han sido leales a Sánchez hasta el final y firmes partidarios del no a Rajoy, por lo que se da por hecho su relevo.

En el Congreso, todas las miradas apuntan a Eduardo Madina para que asuma la portavocía.

Madina aseguró el pasado viernes que trabajará para que los diputados socialistas sigan unidos y aislarles de los problemas orgánicos con el fin de que el grupo "se comporte como una unidad" en su estrategia y en las votaciones.

Por el momento, Sánchez ha dimitido de secretario general, pero sigue en su escaño, si bien cederá el cargo de presidente del grupo parlamentario.

Entre quienes podrían optar a este puesto está el diputado sevillano y exsecretario de Política Federal, Antonio Pradas, quien llevó a Ferraz el pasado miércoles las firmas de los miembros críticos de la Ejecutiva que dimitieron.

También se esperan cambios en el Parlamento Europeo, donde Elena Valenciano podría volver a ser la portavoz después de que en septiembre de 2014, cuando Sánchez llegó a la secretaría general, fuera desplazada del cargo por Iratxe García.

Otro de los retos que tiene pendiente la gestora es tratar de normalizar la relación con las federaciones, divididas en dos por el enfrentamiento entre Sánchez y los barones críticos.

Fernández cuenta con el aval de ser un referente moral del partido, aunque su inclinación por el bloque de los detractores del exlíder del PSOE ha provocado distanciamiento con otros dirigentes territoriales.

No menor será el reto de recomponer la relación y de restaurar la confianza entre los militantes, que también se han partido por la mitad por el debate entre el no a Rajoy o apostar por otra estrategia. 







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