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Podemos

La debilidad de Podemos le lleva a perder el control sobre sus confluencias

La formación de Pablo Iglesias acepta 'in extremis' las exigencias de En Marea para concurrir juntos en las elecciones gallegas.

Ander Azpiroz. Madrid Actualizada 13/08/2016 a las 16:39
Pablo Echenique y Carolina Bescansa, este viernes en Santiago de Compostela para tratar de llegar a un acuerdo con En Marea.Xoán Rey/Efe

Podemos ha probado en Galicia de su propia medicina. La formación de Pablo Iglesias ha gastado las últimas semanas en tratar de convencer a sus socios de confluencia de la necesidad de concurrir a las elecciones autonómicas en una coalición que respetase las señas de identidad de cada uno de sus miembros. Pero En Marea, nombre bajo el que se integran diferentes partidos y movimientos de la izquierda gallega, apostó desde el principio por un partido instrumental. Y no se ha movido de esa posición pese a las presiones de Podemos.

En Marea ha puesto en práctica la misma estrategia que usó Iglesias con Alberto Garzón cuando el ahora líder de IU trató sin éxito de cerrar una candidatura única entre ambas fuerzas de izquierda para las elecciones de diciembre. Entonces, Iglesias rechazó la unión con IU pero abrió sus listas a militantes de esta formación para que concurrieran bajo las siglas de Podemos. La confluencia gallega ha realizado idéntico ofrecimiento al partido morado, que en los próximas días debía decidir entre plegarse ante sus socios en las pasadas generales u optar por presentarse en solitario a las elecciones autonómicas. Al final no ha habido que esperar. El propio Pablo Iglesias salió de su retiro vacacional para anunciar a través de Twitter que "no hay nada por encima de la unidad cuando nos jugamos el cambio en Galicia. Podemos estará con En Marea sea cual sea la fórmula".

Podemos lo ha intentado todo para intentar convencer a En Marea de la conveniencia de la coalición. Pablo Echenique interrumpió sus vacaciones y junto a Carolina Bescansa negoció hasta última hora de la pasada medianoche para sacar adelante la coalición. Para convencer a sus socios el partido de Iglesias admitió incluso tragarse el sapo de que En Marea haya decidido ya el candidato a presidir la Xunta -el magistrado Luis Villares- sin consensuarlo siquiera con Podemos. Pero ni por esas. Nada ha hecho reconsiderar su posición a los socios gallegos que se han sacado rédito del momento de debilidad por el que atraviesa Podemos desde su fracaso en las elecciones del 26 de junio. Y al final el partido morado ha tenido que rendirse.

Aunque la razón que subyace de esta crisis interna es la fórmula electoral, las diferencias van mucho más allá de los aspectos técnicos. En juego está el rechazo frontal de los socios gallegos a dejarse dirigir desde Madrid o actuar según los intereses nacionales de Podemos. Según defienden "el partido instrumental garantiza la igualdad de condiciones y tener un grupo parlamentario sólido y no dividido". "El problema es de concepto, no solo es cómo nos presentamos a las elecciones, si no ver cómo funcionamos el día después", sostiene el alcalde de La Coruña, Xulio Ferreiro.

El abismo que separa a una y otra parte es tan profundo que les ha llevado al borde de desperdiciar una oportunidad histórica para arrebatar al PP uno de sus feudos históricos. Si el partido morado hubiese optado finalmente por presentarse en solitario, la izquierda habría concurrido a las elecciones dividida entre PSOE, En Marea, Bloque Nacionalista Galego y Podemos. El gran beneficiado de esta situación hubiera sido el popular Alberto Núñez Feijóo, que aspira a reeditar su mayoría absoluta en la cámara regional. También los socialistas gallegos se hubiesen visto favorecidos al contar con mayores posibilidades de mantenerse como segunda fuerza y, si los números diesen, encabezar una eventual coalición progresista.

Cataluña y Valencia


La crisis gallega no es una situación nueva en las confluencias. A las primeras de cambio Compromís ya anunció que sus diputados se integrarían en el grupo mixto en el Congreso. Lo hicieron, explicaron, porque es la mejor manera de defender los intereses valencianos y dar más visibilidad a sus problemas. Esta maniobra ya la realizaron tras las elecciones de diciembre, lo que no impidió que Compromís y Podemos repitiesen alianza en la Comunidad valenciana en junio. No obstante, con su paso al grupo mixto la formación valenciana deja claro que no está dispuesta a someterse a los intereses de Podemos.


Las relaciones con En Comú Podem no han atravesado hasta ahora por ningún momento delicado. Iglesias es consciente que su fuerza en Cataluña, en la que la confluencia fue la fuerza más votada en las generales, proviene de Ada Colau y, por esto, Podemos se cuida mucho de no dar ningún paso que pueda desagradar a la alcaldesa de Barcelona. En cualquier caso, la formación morada deberá deshojar en breve su posición respecto al partido que Colau pretende formar en el ámbito catalán. Sus opciones son integrarse en él o mantener su independencial. La segunda opción supone, a la postre, el mismo problema que ha hecho estallar la alianza gallega.

Las confluencias sumaron en junio 1,8 de los 5 millones de votos totales de Unidos Podemos, lo que supone un porcentaje del 36%. Perder una parte de esos apoyos es un lujo que la formación de Iglesias no se puede permitir.







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