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Terrorismo

Fawaz Nahhas: “Yo soy yihadista, pero no soy un asesino”

La comunidad musulmana en Aragón condena los actos terroristas y defiende una mejor comunicación para acabar con la intolerancia.

Fawaz Nahhas, presidente de la Comunidad Islámica de ZaragozaGuillermo Mestre

‘Terrorismo islámico’ o ‘yihadismo’ son algunos de los términos que copan los diarios de todo el mundo para contar la realidad que golpea cada vez más a los países europeos y asfixia a muchos otros de África, Asia y Oriente Medio, hasta el extremo de hacer huir a sus poblaciones de una guerra que los está matando.

Sin embargo, estas palabras tienen diversas lecturas según quién las haga. En este punto coinciden un gran número de musulmanes, indignados cuando en ocasiones se les culpa de una problemática que les oprime. Tras la masacre en Niza el pasado 14 de julio, François Hollande afirmó durante una rueda de prensa que "debemos hacer todo lo posible para combatir el flagelo del terrorismo. Toda Francia está amenazada por el terrorismo islamista".

El presidente de la Comunidad Islámica de Zaragoza, -donde residen 35.725 musulmanes de los más de un millón y medio que lo hace en España-, Fawaz Nahhas señala que para sus hermanos en la fe “es muy doloroso cuando ocurren atentados y además se atribuyen a nuestra religión. Los musulmanes ya formamos parte del tejido social español y europeo, queremos participar y construir en la sociedad de la que formamos parte”.

Uno de los puntos más criticados por la comunidad islámica es la terminología utilizada para nombrar a los criminales del Daesh, normalmente denominados como ‘yihadistas’. “Es importante marcar la diferencia entre yihadismo y terrorismo. Yo soy yihadista, pero yo no soy un asesino; 'yihad' significa esfuerzo para ser mejor persona, para que mis actos sean siempre cívicos, no mandar a matar a la gente ni poner camiones con bombas”. En esta misma idea coincide la periodista independiente española convertida al islam, Amanda Figueras, quien expresa: “Parece que dé igual que nosotros insistamos. Para mí lo de pedir que se deje de usar el término “terrorismo yihadista” es ya casi una batalla perdida. Las barbaridades que está cometiendo Daesh nos afectan a todos”.

El 87% de los atentados perpetrados por grupos terroristas entre 2000 y 2014 han ocurrido en países de mayoría musulmana, más de 72.000 personas murieron en estos ataques, según datos de ‘Global Terrorism Database’. Son cifras dramáticas entre las que a veces se diluye el dolor de las víctimas.

En rechazo a esta lacra, musulmanes en todo el mundo se han sumado a diversas iniciativas como la del pasado domingo en Francia, donde seguidores del islam y del cristianismo se unieron en varias ceremonias dominicales en memoria del cura francés Jacques Hamel, asesinado a manos de dos adeptos del autodenominado Estado Islámico.
“Nosotros no tenemos que pedir perdón a nadie porque no somos culpables de lo que está ocurriendo. Nuestra creencia no nos incita a ser violentos ni a matar, aunque la mirada siempre se dirija hacia nosotros. Nos duele y condenamos cualquier acto de violencia aquí y en cualquier parte del mundo”, dice el presidente de la comunidad islámica en Aragón.

Jóvenes, de origen árabe y poco practicantes

Los responsables de los últimos ataques mantenían muchos rasgos en común, todos eran menores de 35 años, procedían o tenían orígenes en países árabes y además se declararon seguidores acérrimos del islam. No obstante, datos de las investigaciones policiales revelaron que en su mayoría no visitaban mezquitas o bien tenían actitudes prohibidas en la religión como beber alcohol.

Sobre esto, Nahhas cuenta que muchos jóvenes sienten una enorme decepción al comprobar que los Derechos Humanos acaban con las fronteras, y sostiene que precisamente de esta sensación de abandono y marginación se alimentan las organizaciones terroristas para reclutar a sus combatientes. “Son jóvenes que vienen de la marginación y la ignorancia, no de las mezquitas”, recalca.

Amanda Figueras añade: “Es patente cómo se informa de manera diferente cuando los actos terroristas son cometidos por una persona que dice ser musulmana y cuando no es así. En el segundo caso –véase Anders Behring Breivik y los ataques en Oslo y Utoya (77 muertos), Andreas Lubitz y el avión de Germanwings (150 muertos) o el reciente tiroteo en Múnich, por ejemplo– se da por sentado que los autores sufren un trastorno mental y las noticias desaparecen de las portada enseguida”.

Nahhas apunta que hace falta una mayor divulgación sobre la cultura islámica, a parte del clásico reportaje sobre el fin del Ramadán o la Celebración del Sacrificio (Eid al-Adha ) ya que, considera, “esto ayudaría a crear una sociedad más unida, sensibilizada y tolerante”.

“Hay que estudiar a fondo qué hace a un terrorista, acabar con las dictaduras, no mirar para otro lado con lo que pasa en países árabes y no bombardear. Destruir un hospital o un campamento de refugiados no es luchar contra el terrorismo”, argumenta.







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