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Debate de investidura

Maratón de mítines

Sánchez sigue tendiendo la mano a izquierda y derecha, pero el resto de líderes políticos están ya en "modo campaña".

Pablo Iglesias y Xavier Domènech se funden en un efusivo abrazo tras concluir su intervención


Lo de esta semana en el Congreso se supone que es un debate de investidura, pero desprende un tufo a mitin electoral en sesión continua que se percibe a manzanas de la Carrera de San Jerónimo.

Salvo el candidato socialista, Pedro Sánchez, que sigue tendiendo la mano a izquierda y derecha para salvar su investidura de aquí al viernes, el resto de líderes políticos están ya en "modo campaña" calentando en la banda a la espera de que el cronómetro eche a andar para el segundo tiempo del partido.

Un segundo tiempo que, todo indica, comenzará el viernes cuando, si nadie lo remedia, fracase la investidura de Sánchez y haya que abrir otra vez el melón para buscar un candidato a presidente del Gobierno.

Ninguno admite que lo que de verdad está deseando es que haya nuevas elecciones, aunque por sus gestos airados, sus críticas furibundas y sus permanentes líneas rojas, da la impresión de que la mayoría no busca ningún acuerdo, ni por asomo.

Todos se miran de reojo y guardan sus cartas.

Sánchez, convencido de que su trampolín a la Moncloa sólo puede pasar por un acuerdo transversal y mestizo con Ciudadanos y Podemos, ahora imposible, confía en que el destino le guarde una segunda oportunidad.

Mariano Rajoy, que ha salido a la tribuna condescendiente con los socialistas y hasta un poco "faltón" según sus oponentes, se ha limitado a desacreditar por inútil el pacto de Sánchez con Ciudadanos.

Un "engaño" a los ciudadanos, un "bluf", una "mentira" y un supuesto "bálsamo de Fierabrás" que acabará en nada.

El presidente del Gobierno en funciones, que ha seguido el debate desde el banco azul reservado al Ejecutivo y se ha permitido ausentarse largo rato del hemiciclo, no ha ahorrado en calificativos.

Ante tal oleada de reproches más propio de un mitin que de un debate de investidura, a Pablo Iglesias no le ha quedado otra que salir en tromba, repartiendo golpes a diestro y siniestro. Y no ha dejado títere con cabeza porque tenía para todos.

Los ataques más lacerantes han sido para los socialistas que, se supone, deberían ser sus socios en el gobierno "del cambio" en el que él mismo aspira a ser su vicepresidente.

En su estreno en la centenaria tribuna del Congreso, ocupada tiempo atrás por floridos oradores como Cánovas o Sagasta, el líder de Podemos ha puesto todo su empeño en lanzar un rosario de recriminaciones a los socialistas.

Se ha remontado incluso a la guerra sucia contra ETA, a los GAL, para recomendar a Sánchez que no se deje aconsejar por quienes tienen un pasado manchado con "cal viva".

Después de amagar sin decir nombres, al final se ha decidido y ha señalado directamente a Felipe González.

"El problema es que le han prohibido pactar con nosotros. Lo dijo Felipe González, el que tiene el pasado manchado de cal viva".

Un golpe bajo del que no ha querido retractarse y que ha provocado las airadas protestas de la bancada socialista, escocida por el ataque a su más importante dirigente de la democracia.

"Me siento muy orgulloso de Felipe González", se ha limitado a responderle Sánchez, que no ha querido enfangarse en esa polémica y volvía una y otra vez a tender la mano a las fuerzas del cambio.

Iglesias, jaleado por sus compañeros de filas, y una vez que se ha despachado a gusto con el PSOE, ha arremetido también contra Mariano Rajoy y Albert Rivera.

"Algunos de ustedes son hijos políticos del totalitarismo", le ha espetado al líder del PP, mientras que a Rivera le ha comparado con un "jefe de Escuadra" del franquismo o con un líder de las juventudes del partido comunista soviético por su apego al poder sin importar ideologías.

El más comedido en su "mitin de campaña" ha sido precisamente el presidente de Ciudadanos, al que incluso se le ha llegado a escapar algún tímido aplauso al líder del PSOE.

Rivera se ha dirigido sobre todo a Rajoy al que ha reclamado "valentía" y "coraje" para facilitar el gobierno de Sánchez.

Sin decirlo claramente, ha sugerido que quizás el presidente del PP debería dar un paso a un lado porque, en su opinión, no está capacitado para liderar la nueva etapa política ni para liderar la necesaria lucha contra la corrupción.

También le ha reclamado que abandone la "extraña pinza" que está haciendo con Podemos porque, de lo contrario, podría acabar votando también con los independentistas.

Lo dicho. Un mitin de campaña de principio a fin y durante ocho larguísimas horas, con la sensación generalizada de que esta sesión de investidura estaba ya amortizada.

Acabado el debate, frustrada la investidura de Sánchez en primera votación, la frase más repetida esta noche en el Congreso ha sido: "Nos vemos el viernes". "Y total, para nada", responde el otro. 
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