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Crimen de Isabel Carrasco

Montserrat González pretendía "hacerse pasar por loca", según un policía

Reconoció que había confesado el asesinato para exculpar a su hija

Europa Press. León Actualizada 25/01/2016 a las 19:05
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Montserrat González, durante el juicio.Efe

Montserrat González se confesó autora de los disparos que acabaron con la vida de Isabel Carrasco con el objetivo de exculpar totalmente a su hija Triana Martínez, así se lo manifestó ésta a dos agentes de Policía Nacional de Burgos que llegaron a León para investigar el crimen de la política leonesa. Montserrat, además, les dijo que pretendía "hacerse pasar por loca". Estas declaraciones se produjeron a mediodía del 13 de mayo, un día después del crimen.

"Dijo que iba declarar que había sido autora para exculpar a su hija, además dijo me voy a fingir loca. Lo único que recuerdo es que dijimos que eso lo tendría que determinar un médico forense".

Así lo ha declarado este lunes ante el tribunal del jurado uno de los agentes, un inspector de la Policía Nacional de Burgos, perteneciente a la unidad de Policía Judicial, durante la vista celebrada en la Audiencia Provincial de León con motivo del juicio por el crimen de Isabel Carrasco. Un compañero, también perteneciente al cuerpo policial de Burgos, ha ratificado todas sus declaraciones.

El inspector ha indicado, a preguntas del Ministerio Fiscal, que es "manifiestamente falso" que él y su compañero coaccionaran a Montserrat González para que confesara los hechos y que ella accedió a declarar porque quería exculpar a su hija, Triana Martínez, y que ésta quedara en libertad. "En absoluto la coaccionamos para declarar. Decía si declaro, Triana se va a la calle".

Montserrat, en su declaración, se mostraba muy preocupada por su hija y decía que había matado a Isabel Carrasco porque estaba "harta del trato que daba a Triana". "Ella cuando contaba este relato (presuntas vejaciones de Carrasco a su hija) estaba desencajada, tenía que claro que era Isabel Carrasco o su hija".

Montserrat incluso llegó a decir, según los agentes, que había oído que "había que contratar a un sicario para matar a esta persona" (Isabel Carrasco) y que ella había dicho "que va, eso ya lo hago yo". No obstante, en esa primera declaración en "ningún momento" Montserrat se refirió a los supuestos abusos sexuales de la víctima a su hija Triana.

Entregó el arma a Triana


En esa misma declaración, la primera tras el crimen, la autora confesa reconoció que había entregado el revólver, oculto en un bolso, a su hija Triana en el pasadizo existente entre la plaza del Mercado Colón y Gran Vía San Marcos. Algo que Montserrat negó en su declaración ante el juez, en la que afirmó que había tirado el bolso en un chaflán de la calle Lucas de Tuy cuando emprendió la huida tras el crimen.

Cuando Triana fue interrogada por el fiscal en la Audiencia Provincial de León ratificó la versión dada por su madre en sede judicial y afirmó que Montserrat había arrojado el revólver en la calle y que ella lo había recogido porque pensó que podría tratarse de una pistola de su padre, el comisario de Astorga.

Los agentes de la Policía Nacional de Burgos han explicado que, posteriormente, decidieron juntar en el mismo despacho a Montserrat y su hija Triana con el objetivo de que ambas se tranquilizaran. En ese momento, Montserrat le dijo a Triana "tranquila que voy a declarar que he sido yo, tú vas a quedar en la calle porque voy a declarar que tú no tienes nada ver".

Montserrat, además, les dijo a los agentes que no se molestaran en buscar el arma homicida porque "no está en el río porque la tiene una tercera persona". Ahí se produjo una pequeña discusión entre madre e hija y Triana espetó "mamá ni se te ocurra decir quién tiene el arma, que es policía", algo que dijo entre dientes y escucharon los agentes, han explicado ellos mismos.

El inspector de Burgos también ha precisado que en ningún momento ofreció ningún trato a las dos detenidas para que confesaran y que es "una barbaridad absoluta" que les dijera que iba a hacer aparecer el arma en una alcantarilla para exculpar a Raquel Gago, como han manifestado en otras jornadas del juicio las defensas de las tres acusadas del crimen.

En cuanto a la entrega del revólver por parte de Raquel Gago. Los testigos han explicado que otro agente recibió una llamada de Raquel Gago para contarle que había encontrado en su coche un bolso que contenía el arma y que se desplazaron a su domicilio, junto a otros agentes, para recoger el arma y tomar declaración a Gago, que se encontraba "nerviosa". El revólver apareció 30 horas después del crimen.

Uno de los policías de Burgos ha dicho que no entiende la participación de Gago en los hechos. "No entendía la participación de Raquel en ese momento y sigo sin entenderla", ha sentenciado y ha reconocido que hubiera tenido "tiempo de sobra" para deshacerse del arma.

Otros testigos


Durante la mañana de este lunes, además, han declarado otros testigos, entre ellos, la agente de Policía Nacional encargada de realizar a la autora confesa la prueba de residuos de bala, que ha afirmado que Montserrat se mostró dubitativa previamente y que no se decidía si realizarse la prueba o no. "Simplemente decía ¿por qué tengo que hacer eso?, decía, no, no, no sé". A esto, la agente ha indicado que dijo a Montserrat que ella no podía obligarla y que "era muy fácil, tenía que decir sí o no".

Montserrat, finalmente, decidió acceder a hacerse la prueba. No obstante, previamente se frotaba mucho las manos, algo que la agente de policía ha achacado a la intención de la acusada de eliminar los posibles rastros del arma en sus manos.

Otros de los agentes de Policía Nacional que han prestado declaración este lunes han ofrecido detalles de los reportajes fotográficos realizados en la escena del crimen, así como en el coche de Raquel Gago, lugar donde se encontró el arma revólver, y en el domicilio de Triana Martínez.

Varios agentes han explicado que en casa de Triana Martínez había multitud de recortes, fotografías y demás elementos sobre Isabel Carrasco. Además, en el domicilio también se encontró una pistola Royal, dentro de un bolso bandolera, distinta al arma que acabó con la vida de la política leonesa, numerosa munición de diferentes calibres y marihuana en bolsitas.







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