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Incendios

Cantabria lucha contra un fuego que pone en peligro su patrimonio natural

El fuego ha consumido ya más de 2.000 hectáreas de terreno. Es cosa de "delincuentes", según el presidente cántabro.

Efe. Santander Actualizada 28/12/2015 a las 17:33
Las comunidades de Asturias, Cantabria y Vizcaya se encuentran en alerta máxima por los incendios activos en ellas.

Cantabria lucha desde hace días con todos los medios de los que dispone contra el casi centenar de incendios forestales, supuestamente provocados, que afectan a la mayor parte de la región y que están arrasando zonas de alto valor ecológico y poniendo en peligro su rico patrimonio natural.

El 'combustible' para estos incendios lo aportan los bosques, secos después de meses sin lluvias, pero la 'chispa', en el 99 por ciento de los casos, ha sido cosa de "delincuentes", según el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, que atribuye la autoría de estos fuegos a "pirómanos" y a "gente equivocada que cree que así se regenera el monte".

Contra todos ellos ha clamado Revilla en un encuentro con periodistas en el centro del Parque Natural Saja-Besaya, una de las 'joyas' forestales de Cantabria que registra uno de los más importantes incendios de la comunidad.

Desde aquí, y con una visión de conjunto, el jefe del Ejecutivo regional ha hecho una radiografía de la situación 'excepcional' de incendios forestales que vive Cantabria este año, con una prolongada sequía, altas temperaturas y viento sur, que ha hecho que el fuego haya consumido ya más de 2.000 hectáreas de terreno.

"O sea, se combinan el delincuente, con una situación propicia", resume Revilla, que, aunque reconoce que "siempre" ha habido incendios forestales en Cantabria, las circunstancias actuales "no se habían visto nunca".

Y, sobre todo, ha subrayado el "altísimo valor ecológico" de algunas de las zonas quemadas, con fuegos que han afectado a los parques naturales del Saja-Besaya y los Collados del Asón. "Todo lo que se está quemando va a traer consecuencias graves para el ecosistema", alerta.

El presidente cántabro ha advertido de que cuando lleguen las primeras lluvias la materia vegetal quemada en estos incendios acabará, junto a las rocas, arrastrada a los ríos en forma de cenizas, lo que afectará "directamente" a la fauna.

"Se están cargando, no solamente el presente, sino el futuro. No hay mejor valor de esta tierra que esta naturaleza privilegiada", reivindica Revilla, que apela a los ciudadanos para que denuncien a los autores de estos incendios y "caiga sobre ellos todo el peso de la ley".

En las últimas horas, el fuego ha puesto en peligro en Cantabria, además del patrimonio natural, el cultural y ha amenazado a uno de sus pueblos mejor conservados, Bárcena Mayor, cuyas casas de piedra, en las que se concentra la esencia ganadera de esta región, vieron anoche muy cerca las llamas.

Hasta bien entrada la noche se pensó incluso en desalojar el pueblo, cercado por el fuego que se descolgaba por algunas de las escolleras cercanas a los tejados de las casas, situadas en las zonas más elevadas.

Sin embargo, la actuación de los bomberos de la región y de las cuadrillas de montes del Gobierno de Cantabria permitió ya de madrugada a los vecinos "respirar y relajarse", aunque el peligro todavía no ha pasado del todo, reconoce su alcaldesa, Belén Ceballos.

Esta mañana, la carretera que une este pueblo con Ruente, donde está situado el centro de mando avanzado, era un ir y venir de efectivos y vehículos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que se han incorporado esta madrugada a la lucha contra incendios que todavía afectan a los montes que rodean Bárcena Mayor y que está dejando a su paso un paisaje arrasado.

La fotografía cuando ha salido el sol era de unos montes en los que ya no se veía el fuego, pero que todavía permanecían ocultos por el humo que se elevaba entre los árboles, desde la tierra arrasada por el fuego.

En el pueblo, sin embargo, todo parecía en calma, con todos los bares abiertos y las calles casi desiertas. El silencio solo lo rompían los ladridos de los perros y las conversaciones que salían de esos bares, donde los vecinos se habían reunido para charlar sobre los sucesos de la noche. 







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