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Recepción de los Reyes

Felipe VI y la Reina se presentan al cuerpo diplomático acreditado en España en el Palacio Real

La ceremonia ha supuesto la puesta de largo de los Reyes ante los embajadores de más de cien países.

Efe. Madrid Actualizada 21/01/2015 a las 17:22
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Felipe VI y la Reina se presentan al cuerpo diplomático acreditado en España en el Palacio RealAgencias

Don Felipe y doña Letizia han vivido este miércoles, por vez primera como protagonistas, la recepción que el jefe del Estado ofrece cada año al cuerpo diplomático acreditado en España, una vistosa ceremonia que se celebra en el Palacio Real y que ha supuesto la "puesta de largo" de los Reyes ante los embajadores.

El escenario es muy representativo, el Salón del Trono, el reservado para los actos más importantes presididos por el Monarca, y el mismo donde hace un año el Rey Juan Carlos, convaleciente de su última operación, tuvo que afrontar la gran expectación ante el discurso que iba a pronunciar tras las dificultades patentes en su alocución precedente, con motivo de la Pascua Militar.

Los entonces Príncipes de Asturias, al lado de la Reina Sofía, asistieron a una ceremonia abreviada debido a los problemas de movilidad de don Juan Carlos, quien dedicó diez minutos a exponer a los embajadores las líneas maestras de la política exterior española; hoy su hijo se ha extendido casi el doble de tiempo.

Zarzuela atribuyó los problemas de lectura del Rey en la Pascua Militar a una luz inadecuada en el atril, y trató de corregirlo en la recepción al cuerpo diplomático.

De cualquier modo, el Monarca resolvió bien la situación y, pese a que todavía usaba una muleta para caminar, en el cóctel posterior departió, de pie, durante 45 minutos, con los invitados.

Un año mas tarde, don Felipe ha recuperado el formato original del acto, iniciado con un larguísimo saludo previo de los Reyes a las dos centenares de personas invitadas, en la Saleta Gasparini, comenzando por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acompañado de su esposa, Elvira Fernández, y del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, junto a la suya.

Por esta sala han ido pasando uno por uno los embajadores de más de cien países, muchos junto a sus parejas, así como autoridades del Gobierno implicadas en la política exterior y representantes de organismos y entidades internacionales, todos anunciados de viva voz por el jefe de Protocolo de la Casa del Rey, Alfredo Martínez.

Este desfile, que el año pasado se sustituyó por un saludo del Rey Juan Carlos al presidente y el ministro, ha recuperado uno de los trámites protocolarios más vistosos que pueden verse en el Palacio Real, ya que muchos embajadores, o sus acompañantes, acuden con sus trajes nacionales.

Los atuendos de África, Asia y el lejano Oriente aportan siempre el mayor colorido, algo muy agradecido por los cámaras y fotógrafos que se afanan en captar los detalles más significativos de la línea de saludos.

El Rey, con frac y la insignia del Toisón de Oro en la solapa, y la Reina con vestido negro largo, han saludado durante más de un cuarto de hora a todos los invitados, casi todos muy sonrientes tras estrechar las manos de don Felipe y doña Letizia.

Uno de ellos, el embajador de la Misión Diplomática de Palestina, Musa Amer Odeh, ha destacado por su entusiasmo, que le ha llevado a saludar también, aunque no correspondía por protocolo, a Rajoy, Margallo, y sus respectivas esposas, colocados unos pasos más atrás, a la derecha de los Reyes.

Tampoco han pasado desapercibidas las palabras que don Felipe y doña Letzia han intercambiado con el embajador de los EEUU, James Costos, y su esposo, Michael Smith, con quienes mantienen una excelente relación.

Ya en el Salón del Trono, el Rey no ha precisado de la luz auxiliar dispuesta sobre el atril que tantos quebraderos de cabeza dio hace un año a los responsables de Zarzuela, y que hoy han logrado ocultar por completo el micrófono que permitía amplificar las palabras pronunciadas por el Monarca.

La Reina ha escuchado de pie su extenso discurso, tras él, de pie en el primer escalón del Trono, flanqueado por los dos emblemáticos leones dorados que en su día reutilizó Velázquez para esta estancia.

Con la alocución previa del nuncio del Vaticano, Renzo Fratini, el acto en el salón se ha prolongado durante media hora, con todos los embajadores de pie, circunstancia que ha provocado un ligero mareo a una representante diplomática asiática, a la que se ha facilitado una banqueta para que pudiera sentarse.

Como es habitual, la recepción concluyó con un cóctel servido en los salones del Palacio Real.







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